Se entregó de lleno a la misión de ser padre y madre de sus hermanos.
Por Francisco Figueroa Turcios
María del Socorro Chimás Acevedo, renunció a vivir la experiencia de ser madre, de tener un esposo y de salir vestida de blanco de la iglesia. Sí, renunció a todas esas experiencias de vida por amor incondicional a sus hermanos.
Nació en Sincelejo, Sucre. Ella es la antepenúltima de los diez hijos que tuvieron Carlos Chimás con Sixta Tulia Acevedo : Yolanda, Carlos, Alvaro, Libardo, Manuel, v Humberto, Candelaria, María del Socorro, Viviana y Leonardo.
Carlos Chimás se ganaba el sustento de la familia vendiendo jugos en las fiestas patronales de los diferentes pueblos de la Costa Atlántica. Pivijay, fue donde tuvo un éxito en las ventas. En la población magdalenense logró conocer a los ganaderos Vicente Caballero, Alfonso Severini, Pura Campo, Roberto Lafaurie y Alvaro Caballero, que gracias a su carisma logró ganarse la confianza y el apoyo por lo que decidió radicarse en esa próspera población.
Cuando María del Socorro, cumplió siete años de edad, quedó huérfana de madre. Doña Sixta Tulia Acevedo, sufrió un infarto fulminante: ocurrió en 1970. «A raíz de la muerte de mi madre, me tocó vivir en Pivijay, al lado de mi padre y mi madrastra Ilsa Torrenegra. Con ella mi papá tuvo también diez hijos: Guillermo, Virgelina, Aldo, Óscar, Geovanny, Iván, Ismael, Enrique, Néstor y Rafael.
Mi infancia y la de mi hermana Candelaria, que éramos las más pequeñas fue una pesadilla. Mi madrastra, como era obvio, tenia preferencia por sus hijos», recuerda María del Socorro Chimás.
Estudió primaria y el bachillerato en el colegio María Inmaculada (Institución dirigida por monjas), donde aprendió valores para afrontar la vida. Cuando culminó el bachillerato la meta era convertirse en una profesional del Derecho.
«El maltrato y las injusticias de que fui victima en mi infancia me marcó para estudiar Derecho, por lo que me tocó trabajar para financiar mi viaje a Puerto Colombia, donde vivía mi tío Miguel Acevedo». Carlos Chimás, pese a que no sabía ni leer, ni escribir, poseía una inteligencia innata, con una visión futurista por lo que pasó de ser un simple vendedor de jugos en la plaza de Pivijay, a tener su propia planta de fabricar hielo, y ser distribuidor mayorista de cerveza y frutas en la población magdalenense.
«Mi papá dentro de su visión como negociante logró tener tres camiones, gracias al respaldo económico de los amigos en Pivijay. Hizo contacto en Barranquilla con varias empresas para transportar mercancía de la Capital del Atlántico a Pivijay y viceversa.
Cuando yo llegué a Barranquilla, hablé con él para que me diera trabajo en su empresa. Yo estudiaba en la mañana en la Universidad Simón Bolívar y en la tarde me tocaba visitar a pié las empresas para ofrecerle el servicio de transporte. Recuerdo que visitaba a Aceite Fagrave, Cementos del Caribe, Arroz Los Comuneros y Cacharreria Mundial.Yo ganaba 10 pesos por viaje que lograba contactar. Lograba ganar por día un promedio de 500 pesos. Ahorraba para pagar el semestre en la Universidad, apoyar a mi tío y decidí traerme a mis hermanos Candelaria, Viviana y Leonardo, para fungir como padre y madre de ellos», recuerda María del Socorro Chimas.
Sin duda, que María del Socorro Chimás, sembró en tierra fertil en sus tres hermanos: Candelaria es concejal de Puerto Colombia por dos periodos consecutivos;Viviana es publicista y diseñadora y Leonardo es comerciante
¡50 años después!
En el ajetreo del día a día, María del Socorro no tuvo tiempo para ella, ni para su corazón. Había llegado al mundo con la misión de servir a su familia. En la única oportunidad que encontró el hombre de su vida, Raúl Thisirad, la fatalidad se confabuló para evitar que se casaran.
«Faltando cinco días para casarnos un accidente de tránsito arruinó la ilusión de conformar un hogar. Raúl, era mi hombre ideal. respetuoso, casero y trabajador. Él tenía el negocio de dar toros para las fiestas en los diferentes poblaciones de la Costa, especialmente en los departamentos de Córdoba y Sucre. Raúl, venía de Chinú, y cuando faltaban pocos kilómetros para llegar a Sampués, se produjo el accidente que acabó con su vida. La noticia de su muerte me marcó para siempre» revela María del Socorro Chimás, quien tuvo que hacer un esfuerzo para que no dejar escapar una lagrima, pese a que su voz de torció al evocar el triste recuerdo.
Con el paso del tiempo le llegaron varios pretendientes, pero lo llenaban las expectativa de María del Socorro, debido a que hombre casados y de acuerdo con los valores inculcados por las monjas cuando estudió en el colegio María Inmaculada, no estaba en su filosofía de vida.
«Yo soy señorita, y moriré señorita, porque a mis 57 años si no tuve relaciones con hombre ahora menos. Dios me puso la misión de servir a mi familia y acepté el reto con mucho amor. Reconozco que muchas veces siento nostalgia por no haber tenido mis hijos», confiesa María del Socorro Chimás, una mujer abnegada al servicio de su familia.
Maria del Socorro Chimás lleva 27 años laborando en la Contraloría Distrital de Barranquilla: toda una vida. » La Contraloria he encontrado el calor humano. Cuando siento nostalgia por no cimentar un hogar con un esposo y mis hijos, los compañeros de la Contraloria suplen esa falencia , porque los sientos como parte de mi familia» resalta María del Socorro Chimás, quien es un ejemplo de amor incondicional tanto con su familia y la Contraloria Distrital de Barranquilla.
















