Por: Francisco Figueroa Turcios
El 19 de febrero de 2026 en la calle Malambito que converge en la plazoleta llamada 5 esquina en el municipio de San Juan de Betulia amaneció hablando la pared de caña de la casa de techo de palma amarga de propiedad Alejandro Puentes.
No era un milagro ni una alucinación de los habitantes de San Juan de Betulia: era la memoria pintada sobre la pared de caña con revestimiento de boñiga de vaca.
Después de ese primer asombro, el color empezó a contar su verdadera historia. La Ruta del Color nació como un proyecto social para transformar las calles de San Juan de Betulia no solo con brochas y pintura, sino también con memoria, arte y pertenencia.

Cinco casas se convirtieron en lienzos abiertos donde los muros dejaron de ser simples paredes para transformarse en páginas vivas de Cien años de soledad, la obra inmortal de Gabriel García Márquez.
Cada fachada recrea un pasaje distinto del universo de Macondo, como si el realismo mágico hubiera decidido mudarse por un instante a este rincón del Caribe. Así, lo que antes era una calle común empezó a convertirse en un pequeño corredor cultural donde los vecinos, los niños y los visitantes caminan entre colores que cuentan historias y recuerdan que, a veces, el arte también puede ser una forma de reconstruir el alma de un barrio.
La primera vivienda que hace parte del realismo mágico en el proyecto social La Ruta del Color es la Casa de las Begonias, donde las flores no se marchitan porque pertenecen al territorio de la imaginación. La segunda es la Casa de los Pececitos Dorados, delicadamente inspirada en aquellas piezas infinitas que el coronel fabricaba en su soledad.
La tercera, la Casa de los Inventos de Melquíades, parece guardar secretos que sólo se revelan a quien observa con paciencia. La cuarta, la Casa de los Animalitos de Caramelo, rescata la dulzura y la resistencia femenina de Úrsula.

Y al final de la calle Malambito , como si fuera una advertencia del tiempo, surgió la última fachada de la quinta casa con palabras escritas como en los días en que Macondo tuvo que rotular el mundo para no olvidarlo. Allí, sobre la pared recién pintada, la frase parecía respirar bajo el sol: “Esta es la vaca…”. Entonces los habitantes de San de Betulia entendieron que la Ruta del Color no era solo un proyecto de pintura, sino una forma de recordarle a la gente que la memoria también puede habitar en las paredes.
La peste del insomnio, es el pasaje que pertenece a uno de los episodios más simbólicos en la novela Cien años de soledad, ocurre en el pueblo ficticio de Macondo. Ocho pintores liderados por Anselmo Gil Gil, tuvieron la tarea de pintar la pared de Alejandro Puentes la casa cuya temática era la Peste del insomnio: Sebastián Hernández, Estalin Severiche, Albeiro Mendoza, Tony Suarez, Raúl Ortega, Benjamín Barreto y Yasmín López Acosta.

» Pintar la pared de la casa de Alejandro Puentes tuvo un significado haber cumplido un compromiso muy grande que habíamos asumido con la empresa de Pintuco, a realizar esta apuesta como es la ruta macondiana, pintando cinco casas con estos bellos pasaje de la novela cien años de soledad» resalta Anselmo Gil Gil sobre la culminación de la ruta del realismo mágico.
En la historia, una extraña enfermedad llega a Macondo. Al principio parece inofensiva: nadie puede dormir. Pero pronto descubren algo más grave: quienes padecen la peste empiezan a perder la memoria. Primero olvidan recuerdos lejanos, luego los nombres de las cosas y finalmente la utilidad de los objetos.
La estrategia de José Arcadio Buendía fue la siguiente: Ante el peligro de que el pueblo olvide completamente la realidad, José Arcadio Buendía idea una solución ingeniosa: poner letreros a todas las cosas para recordar su nombre y su función. Por ejemplo: Esta es la vaca. Hay que ordeñarla todas las mañanas.

Al caer la tarde, cuando el sol de San Juan de Betulia se posa sobre las paredes recién pintadas, la calle parece convertirse en una página abierta de Cien años de soledad. Los niños pasan frente a los murales leyendo en voz alta los nombres y las frases, como si también quisieran asegurarse de que el mundo no vuelva a olvidarse de sí mismo, tal como ocurrió alguna vez en Macondo.
Y entonces se entiende que la Ruta del Color liderado por Òscar Ortega es mucho más que pintura en la casa de techo de palma amarga y de paredes de caña con revestimiento de boñiga de vaca de Alejandro Puentes : es una manera de sembrar memoria en las calles de San Juan de Betulia, de recordarle a la gente que las historias —como enseñó Gabriel García Márquez— no solo se escriben en los libros, sino también en las paredes donde un pueblo decide dejar constancia de que existe, sueña y se niega a desaparecer en el olvido.











