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La paz: el tortuoso camino que comenzó en el siglo XIX

Colombia firma hoy un acuerdo de paz “corregido, ampliado, enriquecido” tras recorrer un camino que comenzó mucho antes de las Farc y que implicó una dura lección para los habitantes de este país.

Lexander Loaiza Figueroa @Lexloaiza

Los colombianos asisten hoy a la firma formal del acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, después de más de cinco décadas de lucha armada. Pero eliminar las causas que derivaron en este sangriento conflicto, que dejó 260 mil muertos y desplazó a más de 7 millones de personas de sus hogares, tomará mucho más tiempo, y lograrlo es la única garantía real de que el cese del conflicto será duradero.

Aunque la mayoría de los historiadores sitúan el inicio del conflicto armado en 1948, con el asesinato del carismático y popular Jorge Eliécer Gaitán; este momento no fue sino un punto de quiebre entre la violencia fatricida que se venía gestando entre liberales y conservadores desde el siglo XIX y lo que vendría después, con el surgimiento de grupos campesinos armados de tendencia liberal, que después adoptaron la ideología comunista como bandera.

La génesis del movimiento guerrillero se gestó en la propia Bogotá, tras el asesinato de Gaitán en 1.948.

La génesis del movimiento guerrillero se gestó en la propia Bogotá, tras el asesinato de Gaitán en 1.948.

De la llamada época de ‘La Violencia’, escenificada en la década de los años 50, y que marcó duros enfrentamientos que primero tuvieron su epicentro en Bogotá para luego trasladarse paulatinamente hacia las zonas rurales; surgió lo que se conoció entonces como grupos de campesinos armados liberales que se declararon en rebelión contra el Estado y la desigualdad social que este propugnaba.

«Tumbaron monte para abrir un claro en la selva o se establecieron en la parte alta de las cordilleras», explica en su libro el escritor Stephen Ferry. «Eran colonos que aprendieron a sobrevivir en la frontera, sin ningún tipo de lealtad hacia el Estado».

Eran grupos dispersos inmersos en las zonas rurales. En las montañas. A partir de 1964, se concentraron en una zona del Tolima que se volvería legendaria: Marquetalia. El lugar sería atacado poco después por las fuerzas del Estado, lo que obligaría al desplazamiento de estos grupos.

Con la influencia de los movimientos pro comunistas que se generaron en Latinoamérica en esa década, en el marco de la Guerra Fría entre EE.UU. y la Unión Soviética, surgieron en 1966 las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Farc-, un movimiento que Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas habían llamado en un principio Bloque Sur. Ellos tuvieron como principal estandarte de su lucha el combate de la desigualdad social, según lo relatan los historiadores.

«En esa época había mucha desigualdad social y ahí empezaron los conflictos», recuerda Juan Esteban Vélez Cañaveral, un campesino de Antioquia entrevistado por el portal BBC Mundo.

Casi en simultáneo se constituye el Ejército de Liberación Nacional (ELN), inspirado en la Revolución Cubana, que entrenó a sus líderes, y que hoy continúa en lucha con el gobierno. Más tarde surgen el Ejército Popular de Liberación (EPL, maoista), el M-19 (más urbana) y otras guerrillas. Todos los movimientos tenían un denominador común y que se había convertido en la constante en la sociedad colombiana desde el siglo XIX: la falta de equidad social.

Las Farc fueron diezmadas en la ofensiva del Estado denominada Plan Colombia, quedando sólo con 7 mil combatientes.

Las Farc fueron diezmadas en la ofensiva del Estado denominada Plan Colombia, quedando sólo con 7 mil combatientes.

Lo que vino después fue una cruenta guerra que desde la década de los 80 se vio reforzada y según muchos desvirtuada por el narcotráfico, un elemento que fungió como combustible al enfrentamiento armado, al utilizar su poder económico para atizar los ánimos y equipar a muchos de los grupos insurrectos.

En 1984, hubo un primer intento en el que parte de las Farc se sumaron a un partido político, la Unión Patriótica, cuyos miembros fueron blanco de escuadrones de extrema derecha o grupos paramilitares y miles fueron asesinados. La situación no hizo sino radicalizar aún más las posiciones.

En la década de los 90 y en la primera del siglo XXI, hubo intentos de negociaciones de paz que fracasaron por diversos motivos. El gobierno de Álvaro Uribe Vélez, quien ha sido relacionado con esos grupos paramilitares, encabezó una de las ofensivas más fuertes contra las Farc, con la ayuda del Gobierno norteamericano, que desde el año 2000 ya había invertido en esa guerra unos 10 mil millones de dólares a través del Plan Colombia.

Ya terminada la primera década del nuevo siglo, de los 20 mil hombres que tenían las Farc en sus filas, muchos habían muerto, desaparecido o desertado. Según no pocos analistas, con ya sólo 7 mil combatientes lo más pragmático entonces, era sentarse con el Gobierno a negociar. Esto comenzó en el año 2012, en La Habana.

Los temas de justicia transicional y desigualdad social serían nuevamente el mayor escollo a vencer en esas negociaciones. Y fue parte del argumento que utilizaron los críticos al acuerdo para cuestionar el papel del Estado en esta nueva etapa posconflicto.

En septiembre se firmó el primer acuerdo, que no tendría el visto bueno de la población en el referéndum celebrado posteriormente para refrendarlo. Se volvió a la mesa de negociaciones y de las 294 páginas iniciales, se sumaron otras 16 para incluir las observaciones de los promotores del ‘No’.

Aun con la nueva firma no todos son optimistas. El acuerdo con las Farc es algo esencial para la tranquilidad de los ciudadanos, pero no es suficiente para una paz verdadera y mucho menos duradera. El primer escollo es el ELN, cuyo proceso de negociación está en la práctica congelado.

También está el surgimiento de colectivos derivados de los paramilitares y de los guerrilleros que no entregaron las armas en su totalidad, y que hoy se han convertido en grupos armados organizados, con capacidad de control de ciertas partes del territorio y que viven del narcotráfico, la extorsión, el secuestro y la minería ilegal.

Para conseguir la paz será necesaria una mayor equidad en oportunidades reales de progreso social para la gente.

Para conseguir la paz duradera será necesaria una mayor equidad en oportunidades reales de progreso social para la gente.

Pero el reto más importante que tiene el Estado colombiano y la sociedad en general para evitar el deterioro de la paz incipiente, es el combate del principal fenómeno que dio origen al enfrentamiento inicial que protagonizaron militantes conservadores y liberales desde finales del siglo XIX y que marcó la historia colombiana para siempre: la desigualdad social.

En el fondo, todos los colombianos lo saben, fue la lección aprendida. En mayo de 2016, la cantante pop barranquillera Shakira lo dijo en una rueda de prensa que celebró en su ciudad natal.  “Si hay niños que van a la escuela y otros que no van, no viviremos en un país en paz. Si ofrecemos igualdad de oportunidades a cada uno de esos niños, quizás la generación de mis hijos podrá ver un país que viva en armonía y próspero”.

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Es comunicador social con especialización en el área audiovisual egresado de la Universidad del Zulia (Venezuela). De amplia trayectoria, ha tutelado equipos de periodismo en medios impresos, radiales y televisivos. También ha trabajado para instituciones públicas y privadas ejerciendo periodismo institucional facilitando los flujos de comunicación a nivel interno y con el entorno. A nivel de Periodismo Digital ha ganado valiosa experiencia como generador de contenidos para diversos portales y como Copy Producer para promociones televisivas y usuarios de redes sociales en calidad de Community Manager.
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