Por: Fausto Pérez Villarreal
Ser parte del disfraz colectivo La Nobleza ha sido, para mí, una de esas experiencias que se entronizan en la memoria con alegría inagotable, como un tambor que sigue sonando aun cuando el desfile ha terminado. Integrar este grupo, liderado con entrega y visión por el profesor Wilber Fábregas y su esposa Dubis María Moreno, ha significado asumir el Carnaval no solo como fiesta, sino como un acto de identidad, de pertenencia y de celebración compartida.
La Nobleza es más que un disfraz: es una hermandad que camina al ritmo de la tradición, del respeto por la historia carnavalera y del gozo compartido. En cada salida, en cada desfile, en cada saludo al público, se siente la organización, el afecto y el compromiso de quienes lo conformamos. Bajo ese liderazgo cercano y generoso, la experiencia se vuelve profundamente humana y, por supuesto, maravillosa.

En los años previos a la pandemia, tuvimos el privilegio de desfilar en escenarios emblemáticos del Carnaval de Barranquilla: la majestuosa Batalla de Flores, el no menos concurrido y frenético desfile de la Calle 17 del Rey Momo; la siempre festiva Guacherna y el inolvidable martes de carnaval en la 84. Cada uno de estos recorridos fue una confirmación de que el Carnaval de Barranquilla (proclamado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco) se goza mejor cuando se vive en comunidad.
A la Nobleza, el reconocimiento no tardó en llegar. El preciado Congo de Oro, obtenido el año pasado y ya alcanzado en ocasiones anteriores, no es solo un premio: es un símbolo del trabajo bien hecho, de la constancia y del amor con que se asume esta tradición. Recibirlo fue una emoción inenarrable, una alegría que nos abrazó a todos y reafirmó que el esfuerzo valió la pena.

Esta vivencia ha sido aún más especial por las personas que me acompañan en ella. Caminar el Carnaval junto a mi esposa Yenis Cárdenas le da a cada desfile un sentido más íntimo y profundo. A su lado, y junto a mi compadre Alma Urquijo y nuestra gran amiga Heidi Arcó, la experiencia se vuelve complicidad, risa, apoyo mutuo y celebración sincera. Mi reconocimiento especial para la integrante del equipo Karen Pauline Fábregas Moreno, hija de los líderes Wilber y Dubis, así como para los demás miembros que fortalecen y engrandecen a La Nobleza, entre ellos Yaneth Charris, Ramón Baró y Mirian Solano.La lista de personas que han conformado la Nobleza es larga. No puedo dejar de mencionar a la doctora María José Garrido y su pequeña hija Violeta Roncallo; mis hijos Fausto Enrique y Carlos Alberto, y Javanis Estrada-

Cada salida con La Nobleza ha sido una reafirmación del valor de lo colectivo, de la fuerza del trabajo en equipo y del poder simbólico del disfraz como lenguaje cultural. No se trata solo de desfilar, sino de representar con dignidad una tradición que nos define y nos enorgullece.
La Nobleza es un disfraz colectivo que encarna a los personajes de abolengo de la época colonial, reinterpretando su presencia histórica mediante una puesta en escena elegante y simbólica. El vestuario, los ademanes y la actitud escénica evocan a la antigua aristocracia, no como una reproducción rígida del pasado, sino como una recreación creativa que dialoga con el espíritu festivo. Al desfilar en el Carnaval de Barranquilla, este disfraz convierte la memoria histórica en expresión artística popular, donde la tradición, la sátira sutil y la imaginación colectiva se integran para ofrecer una lectura lúdica y crítica de la historia dentro de la celebración.
Nuestra participación más reciente, en la Guacherna 2026, cerró —o mejor, prolongó— este ciclo de emociones con la misma intensidad y el mismo entusiasmo de siempre. Una vez más, puedo decirlo sin reservas y con el corazón lleno: ser parte de La Nobleza ha sido, es y seguirá siendo una experiencia verdaderamente maravillosa.











