«La cruda verdad parece dar la razón al grupo de escépticos que no ven sentido a reunir a todos los mandatarios de América».
Por Héctor Galeano David (Analista Internacional)
En la memoria de los americanos se encuentra latente la Cumbre de las Américas en la cual Clinton fungió como anfitrión en 1994. Se desarrolló en Miami, la ciudad más querida por los latinoamericanos del “sunshine state”. Además, generó la propuesta de un área de libre comercio (Alca) que se discutiría por todos los países del continente, con excepción de Cuba. La propuesta de Clinton recibió el “requiescat in pace” en la Cumbre de Mar del Plata de 2005, debido al rechazo que los presidentes Chávez, Lula, Kirchner, Vázquez y Duarte dieron desde el inicio de sus mandatos, por considerar que la opción del libre comercio solo arruinaría más a nuestra empobrecida región.
Para los colombianos, la Cumbre realizada en Cartagena fue de profunda trascendencia. El país recibió el anuncio del Presidente Obama sobre la confirmación del TLC entre los dos países. Cartagena ratificó que, con excepción de los anfitriones, para el resto del continente las cumbres pasan inadvertidas.
La reciente Cumbre de Lima no fue la excepción. Los medios dieron una amplia cobertura, en la coyuntura en que el hoy expresidente Kuczynski anunciaba su tajante rechazo a la asistencia del mandatario venezolano. Por supuesto, la respuesta de Maduro, al mejor estilo “cantinflesco”, generó la esperanza en los medios de ser testigos de un espectáculo deplorable en toda una cumbre de presidentes.
A lo anterior se sumaban las conjeturas sobre la actuación de Trump: ¿con quién hablaría?, ¿estrechará la mano de Maduro? La realidad fue: Maduro no asistió y Trump canceló su viaje a última hora. Qué desazón para los medios, ¡No habría show!
Luego de ocho Cumbres, continúa la discusión sobre la pertinencia de este tipo de reuniones. La cruda verdad parece dar la razón al grupo de escépticos que no ven sentido a reunir a todos los mandatarios de América. El continente requiere la urgente discusión de temas prioritarios como son: la lucha contra el narcotráfico, medio ambiente, el colapso venezolano y el proceso de paz colombiano, entre otros. No obstante, los asistentes a Lima reflejaron un absurdo desinterés por asumir los problemas primordiales y con excepción de insípidos pronunciamientos unilaterales, no se obtuvo un resultado de la altura que requiere toda una cumbre presidencial.
Ante un escenario como el reflejado en Perú, reforzado por la despectiva mirada de Trump hacia todo lo que está debajo del Río Grande, no tiene ningún sentido convocar a una XIX reunión. Al mandatario norteamericano le quedan tres años en la Casa Blanca y en su obtusa visión de Latinoamérica todos sin excepción somos mexicanos, por ello la solución siempre será la misma: construir un muro.
Sin duda, llegó el momento de retomar nuestra senda como región. Es el tiempo de revivir Unasur y Celac, dejando al lado las invisibles Cumbres de las Américas.











