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La ficción supera la realidad: hermano de Gabo no tuvo quien le escribiera

Gustavo Adolfo, el sexto hijo de Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez, falleció en Bogotá sin que le legalizaran su jubilación.

Por Camilo Monroy R.y Rafael Sarmiento C.

El Coronel no tiene quien le escriba

El Coronel no tiene quien le escriba

Es como si se tratara de un orden genético: desde cuando Gabriel García Márquez escribió la célebre novela ‘El Coronel no tiene quien le escriba’, a más de un miembro de dicha reconocida familia de intelectuales les ha ocurrido que han muerto a la espera de una pensión de jubilación que nunca les llegó. Por lo menos en vida.

Al primero que le ocurrió eso fue al «Coronel que peleó mil guerras», quien estuvo al frente de esas tantas batallas en nombre de su Partido y casi todas las perdió. Ya cansado de tantas batallas perdidas, le escribió al Gobierno -que era de su Partido por el que tanto había arriesgado la propia vida-, que por favor le arreglaran adecuadamente lo de su pensión para él poder vivir tranquilo retirado en sus cuarteles de invierno en su querida Aracataca, al lado de su entrañable familia.

En su novela, Gabo refleja la angustia de un hombre que envejece con el desasosiego de que morirá pobre, arrumado en un camastro. A diario va a la oficina del Correo Nacional en busca de la bendita notificación para llevársela al Alcalde y que empezaran a pagarle sus mesadas. Era inútil. – No ha llegado nada -, decía el cartero, a secas.

Gabriel García Márquez

De izquierda a derecha, de pie: Margarita, Eduardo Márquez Caballero (un primo), Gabito, Luis Enrique y Aida Rosa. Sentada: Ligia Ester.

Así fue pasando el tiempo, mientras aumentaba la ansiedad del viejo guerrero que, como todo consuelo, depositó todas sus esperanzas en un gallo fino que cuidó con tanto esmero, que prefería comprarle el maíz a su gallo, aunque en casa no hubiera ni para el café o para prender el fogón para hacer un caldito. El Coronel compraba, con lo poco que conseguía, una libra de maíz cariaco todas las semanas. “Es el grano más pequeño y contiene mayores nutrientes para un combatiente como lo es este hermoso gallo”, decía, hablando solo, mientras le daba los siete granos de maíz a su pollo. La dosis eran cinco veces al día 7 granos de maíz que él cargaba en una cajita de fósforos ‘El Diablo’.

Ocurrió que, por fin, cuando consideró que su campeón estaba listo para imponerse portentoso en la gallera, todo el mundo en el pueblo fue a ver la feria. Mucha gente le apostó al gallo del Coronel, con tan mala suerte que su rival venía con las espuelas calzadas y envenenadas. De tal manera que en el primer cuerpo a cuerpo el gallo del Coronel quedó tendido en la arena. Por el pico y el pescuezo salía un delgado pero firme chorro de sangre. El Coronel saltó la baranda y, en el centro del redondel, agarró su gallo con ambas manos y se lo puso en el pecho sin poder ocultar el profundo dolor y la frustración porque en aquellos espuelazos envenenados del gallo enemigo se fueron sus esperanzas de ganarse una fortuna con las espuelas de su pollo cuidado con tanto esmero y sacrificios.

Eso ocurrió en la ficción. En la pura imaginación de Gabo en su ‘El Coronel no tiene quien le escriba’. Historia que se hizo realidad años después en el propio Nicolás Ricardo Márquez Mejía,  abuelo del afamado escritor, autor de ‘Cien años de soledad’ y Premio Nobel de Literatura 1982.

Ahora acaba de repetirse la historia, este domingo murió en Bogotá Gustavo Adolfo García Márquez, de 78 años de edad y padre de siete hijos. Murió bajo el peso demoledor del mal de Alzhéimer y acosado por la miseria, esperando el pago de una pensión que nunca le llegó como el personaje de la novela “El coronel no tiene quien le escriba” de Gabriel García Márquez. Murió inválido y sin habla.

Un Nobel perdido

Gustavo Adolfo, cónsul en Barquisimeto.

Gustavo Adolfo, cónsul en Barquisimeto.

Gustavo Adolfo García Márquez fue siempre creativo y versátil, desde cuando en el Municipio de Sucre (Departamento de Sucre), a orillas del Río Mojana donde se levantó, ganaba la travesía de la corriente hundido y sin respirar, entre una veintena de muchachos, así como era el ganador de la bola de trapo en la plaza de ‘Congobeo’ y otros juegos infantiles. Así creció hasta llegar un momento de confianza familiar cuando Gabriel, ganador ya del premio universal, dijo en Barranquilla a Gustavo y al otro hermano, Eligio: “Mira, Eligio, si tu tuvieras la creatividad de Gustavo, y tú, Gustavo, tuvieras la disciplina de Eligio, allí saldría un premio Nobel”.

Presagio del hermano

Además de ‘Cien años de Soledad’, la otra gran obra de Gabriel García Márquez celebrada y traducida a multitud de idiomas, es ‘El coronel no tiene quien le escriba’, describiendo la dramática frustración de un anciano oficial que permaneció largos años esperando una pensión que jamás le llegó, muriendo en la miseria. Sin presentir que estaba describiendo la trágica existencia de su hermano Gustavo, quien después de ser Cónsul en Barquisimeto y otras ciudades de Venezuela, desempeñar otros cargos oficiales y ser propietario de una importante fábrica de resortes y otros elementos de acero, siempre la vida le hizo trampas para que no recibiera su pensión.

Gustavo Adolfo, cuyos restos serán cremados esta semana en Barranquilla, era el sexto de los García Márquez. El mayor es Gabriel José (Gabito), luego siguen: Luis Enrique, Margarita, Aída Rosa, Ligia Ester, Gustavo Adolfo, Rita del Carmen, Jaime, Hernando, Alfredo Ricardo (ya fallecido), y Eligio Gabriel (también fallecido).

Después de andar por la Seca y la Meca, Gustavo puso sus pies en la tierra y se quedó a vivir para siempre en Bogotá, con su esposa de los últimos 35 años, la samaria Lilia Travesedo, con quien tuvo 1 hijo. (Antes estuvo unido con una joven de apellido Castro, con quien tuvo 3 hijos; luego con la señora Huyke, con la que tuvo otros tres).

Paz en su tumba.

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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