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La calistenia, un estilo de vida saludable

La tarde que había sido la más tranquila en mis casi dos décadas de vida, por lo de ser un día santo, fue esta vez una en la que aceptas sin miedo a fallar que la disciplina es la causante de todos tus éxitos.  

Por: Jesús D. Tábara – @tabaragut 

Cuando muchos se dirigían tradicionalmente a los actos litúrgicos propios de un sábado santo los pelaos y yo nos fuimos a un lugar ambientado por la moral emanada de aquellos que se alistaban para demostrar que podían derrotar a la física, una tarde en la que quienes solo admiramos los alcances del cuerpo humano quedamos perplejos al observar el espectáculo de maromas en el aire, pero de quedarse quieto a la vez.

El ambiente que solo produce la reunión de decenas de jóvenes, todos unidos bajo un mismo propósito, competir sin muchos parapetos, pero como todos unos profesionales, nos remontó a esas típicas rondas milenarias en la que bajo consignas, alharacas, chiflidos y aplausos animaban a los que sin miedo «a darse contra el mundo» se mostraban ante tres jueces que con una hoja de papel y un lapicero apuntaban números separados con un signo más, aunque no se sabe a ciencia cierta qué se califica. Por sentido común, podría decir que quien más sumará en puntuación, clasificaba.

Fueron llamados en parejas, cada uno con 80 segundos divididos en dos secciones, contadas métricamente por el dispositivo móvil de quien a micrófono indicaba quién iba primero y cuándo se le había acabado el tiempo.

Tres colchones percudidos de polvo amortiguaban las caídas de quienes les fallaba el agarre en el listón de aluminio en donde despegaban y volaban y el magnesio que se hallaba a un costado de la zona deportiva.

Es muy curioso ver una organización casi que sistémica, pero sin duda rupestre también, una que reunió alrededor del deporte a una juventud que ama la vida, pero que asusta con sus volteretas, hace emocionar a quienes lo ven e ilustran el poderío de su fuerza física, pero también mental, aunque a nosotros no nos alcance la mental para alzar siquiera nuestras piernas.

Ellos tienen fortaleza hasta en el meñique, porque sí que pueden estos dedos soportar el peso de un cuerpo completo, aunque no lo intentaría,  hoy sé que es posible, aunque no los conocía hoy sé que el deporte une y que aunque hubiera sido solo por portar una cámara, pudimos amenizar cortas conversaciones en un espacio escaso, entre una contienda y otra, en el que pudimos darnos cuenta de que ellos estaban felices, primero por estar haciendo lo que les gustaba y segundo por el hecho de captar en cámara cada una de sus figuras, técnicamente perfectas, fruto de un trabajo arduo, uno que se efectúa sin interrupción en cuanto parque se encuentre o para ser más exactos en cuanto espacio en donde la calistenia pueda ser practicada.

Estaban los jurados, los deportistas, el árbitro, asistencia médica, visitantes, quien limpiaba la barra de vez en cuando. Llegamos casi a las 3:00 p.m. y el fondo amarillo del edificio 135 de un conjunto residencial del sur de Barranquilla vislumbró una fila de jóvenes que autorizando la legalidad de su participación nos recibieron, y es que la organización de estos jóvenes es sorprendente tanto como para que cuenten con el apoyo de la alcaldía distrital.

A eso de las 4:00 pm inició la competencia, ya los equipos habían calentado y el personal de asistencia médica se había distribuido en el área para atender cualquier impase inherente al riesgo de colgarse a más de 2 metros de altura, “los lideres” una figura que en esta organización significa el modelo a seguir estaban listos y todo estaba listo.

Antes de cada enfrentamiento unos se saludaban otros más altivos que otros, pero todos comprometidos con impactar a los jueces, a sus amigos y hasta a las chicas que por ahí estaban y es que ellas también tenían su espacio, hasta donde pudimos apreciar coordinaban minuciosamente el tiempo, a toda voz ordenaban a quien estaba en acción que cambiaran de figura o que el tiempo se le estaba acabando y hasta que lo hicieran de nuevo cuando por fracción de segundos el tubo de metal se les alejaba de su pulgar y demás dedos.

En esta tarde hubo espacio hasta para celebrar las buenas jugadas, un beso que amenizó el caluroso fin de una primera muestra clasificatoria. Los vecinos desde las terrazas dirigían sus ojos hasta este pedazo de parcela encerrado con llantas de no más de 20 metros cuadrados, un espacio en donde converge la simplicidad del peligro, la fortaleza mental, la fraternidad juvenil, el éxtasis emocional y un compañerismo prometedor en una sociedad que está descubriendo el workout de la organización más liviana de la tierra, o la de la fuerza más descomunal o para ser más certeros el de una con ganas de seguir mostrando y demostrando que la gravedad no solo nos mantiene en tierra sino que también nos reta y que puede ser vencida. 

Galería fotográfica

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Registro fotográfico: Guillermo Verbell Carillo 

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