Fue secretario de Planeación y Obras Públicas de Arenal, municipio del sur de Bolívar. Muchas veces fue alcalde encargado sobretodo cuando la situación se tornaba crítica por la presencia de grupos armados.
Por Francisco Figueroa Turcios
Jamás pasó por la mente de Juan Carlos Molina Arteta que tendría que vivir en carne propia la experiencia de estar entre dos fuegos: la guerrilla y los paramilitares. Estudió la primaria en la Escuela No.1 de Varones y el bachillerato en el colegio Juan Victoriano, ambas instituciones educativas de su natal Juan de Acosta, Atlántico.
Es economista de la Universidad del Atlántico. Especialista en Finanzas Territoriales de la Universidad del Atlántico. Actualmente trabaja como Profesional Especializado adscrito a la Dirección Financiera de la Contraloría Distrital de Barranquilla, luego de permanecer durante 10 años laborando en la Alcaldía Distrital de la capital del Atlántico.
Juan Carlos se casó con Milena Londoño, de cuya unión hay tres hijos: Giovana Milena, 23 años, estudiante de Ingeniería Mecánica e Ingeniería Industrial en la Universidad del Atlántico; Juan Manuel, 17 años, estudiante de 11 grado, y Juan Carlos, estudiante de 10 grado, ambos estudian en la Normal La Hacienda.
La aventura en el sur de Bolívar
La llegada de Juan Carlos Molina al municipio de Arenal parece la historia extraída de los guiones de las novelas venezolanas, donde el destino le pone un ángel en el camino para que cambie la vida.
«Muy pocas personas conocen mi historia antes del año 2003 cuando retorné a Barranquilla, proveniente de una de las zonas más conflictivas del país, donde serví al Estado como funcionario público en la alcaldía de Arenal, en el Sur de Bolívar. Estaba en plena Serranía de San Lucas, zona minera por excelencia y de gran producción de cocaína por lo cual era un lugar de completo dominio de la guerrilla, que más tarde se disputó el territorio con los nacientes grupos paramilitares.
«Fue para el año 1996, en las elecciones de representante de egresados al Consejo Directivo de la Universidad del Atlántico, cuando Tulia Rosa Mercado, una compañera de estudios, me pidió el favor de acompañar con el voto a un candidato. Allí nos encontramos con Héctor Rodelo Zayas quien estaba encargado de la Alcaldía Municipal de Arenal. Héctor en voz alta nos dijo: ‘Necesito un economista para ejercer como Secretario de Planeación Municipal’. No lo pensé dos veces y le respondí: ‘Yo acepto’. A partir de ahí y por los próximos 7 años viví las experiencias que muchos otros no pudieron soportar», relata Juan Carlos Molina.
Entre dos fuegos
Juan Carlos Molina, al igual que los habitantes de Arenal, aprendieron a convivir con la guerrilla, lo que jamás pasó por su mente era que sería testigo de la lucha por el territorio de tres grupos al margen de la Ley.
“El 8 de noviembre del año 1998 me tocó vivir en carne propia una de las más cruentas batallas entre las Autodefensas Unidas de Colombia Bloque Central Bolívar y miembros de la Guerrilla del Frente 37 de las Farc y el Eln. El enfrentamiento tuvo como consecuencia que la geografía política del Sur de Bolívar cambiara, antes del dominio de la guerrilla y a partir de esa fecha territorio de los paramilitares.
«Recuerdo que ese día un grupo pequeño de guerrilleros que patrullaban la zona rural del municipio de Arenal a orillas del río Magdalena hostigaron una chalupa llena de paramilitares que pasaba por el lugar. Como por arte de magia, en unas cuantas horas un nutrido grupo de paramilitares se tomaron el Corregimiento con la firme intención de erradicar a sangre y fuego a la guerrilla de esa zona”, recuerda Juan Carlos Molina, quien tuvo el temple de permanecer durante siete años en una zona de conflicto armado.
«Esta lucha entre la guerrilla y los paramilitares por la disputa de territorio para extraer oro y fortalecer la siembra de la cocaína, produjo el desplazamiento forzado de muchos habitantes del municipio de Arenal. El rumor de los combates entre la guerrilla y los paramilitares corrió como pólvora por todos los rincones del municipio lo que provocó el éxodo masivo de personas, especialmente funcionarios públicos de la alcaldía, personería, docentes y personal médico que buscaban la forma de salir del pueblo.
Yo, como pude, en una vieja moto Yamaha V80 prestada, no fui ajeno al éxodo. Evadí retenes guerrilleros. Me fui con lo que tenía puesto buscando la salida hacia la orilla del río, única salida hacia la civilización, pero con el agravante de que irremediablemente me encontraría con retenes de paracos”, reseña Juan Carlos la odisea que vivió al quedar atrapado por la guerra cruel entre los grupos al margen de la ley, y que ellos imponían a la fuerza la ley», señala Juan Carlos Molina.
Las huellas de los combates se evidenciaba en el camino que miles de personas despavorida buscaban salvarse de la muerte, y entre ellos estaba Juan Carlos Molina.
«Caminamos sobre alfombra de cartuchos de fusil, como era de esperarse, los combatientes estaban a un par de kilómetros, tenían tomada la vía y detuvieron a las personas que íbamos huyendo en caravana. «¿De dónde vienen?, ¿dónde está la guerrilla?», eran los interrogantes de los paracos para con nosotros. Hice un recorrido por los paramilitares y pude observar que estaban descalzos, mojados, con los pantalones remangados; se notaba el fragor del combate, pero las cosas por ese día quedaron ahí.
Nos dejaron pasar cuando alguien proveniente del Corregimiento a donde nos dirigíamos llegó y dijo que nosotros éramos a los que estaban esperando… los civiles váyanse… fue la voz de mando. Qué alivio, allí se quedaron ellos por cuanto los rumores advertían que la batalla no había terminado que su intención era tomarse la cabecera de Arenal.
La guerrilla se estaba reorganizando… pasé la noche más negra de mi vida, le dije a un amigo que si veía que alguna chalupa pasaba por el río me avisara que yo me iba en lo que sea, ya por la noche dormidos en una sola habitación y con la ropa puesta, los ronquidos de cada uno eran una pesadilla, se sentían como motosierra descuartizando a alguien, susto y silencio.
Hasta que por fin escuché la voz que esperada. «Juanca, una chalupa va para La Gloria, Cesar». No dudé un segundo. Me pare y corrí a embarcarme en la chalupa. Cuando llegué Barranquilla fue cuando escuché por Caracol que los paramilitares, en dos helicópteros artillados, barrieron con los guerrilleros. Destruyeron todas las casas del corregimiento donde un día antes estábamos refugiados. Quemaron la alcaldía de Arenal y asesinaron a todos los que ellos consideraban colaboradores de la guerrilla», confiesa Juan Carlos Molina, que recuerda como si fuera hoy la barbarie de la violencia.
¿Quién les dio a los paramilitares el poder para tener dos helicópteros artillados? ¿Quién le dio a la guerrilla tanto poder durante años para esclavizar a su antojo grandes zonas de la región? Estas preguntas quedan en el aire, mientras Juan Carlos Molina pisa firme en su incansable voluntad de seguir sirviendo a la gente en paz.
















Excelente relato esto lo hace una persona q vivió en carne propia todas esas visicitudes felicitaciones mi amigo compadre y mi hermano juntos vivimos una odisea q dejaron secuelas para nunca olvidar abrazo grande manito se le quiere montones