Por: Fausto Pérez Villarreal
Es una esperanza. Un talento en ciernes que, con dedicación, templanza y disciplina —y bajo la orientación firme de sus padres— puede llegar lejos. Muy lejos. A sus ocho años, Isaac Alexander Villarreal Freite ya no es solo un niño que juega: es un competidor que entiende el valor del esfuerzo y la constancia.
Nació deportista antes que espectador. En 2022, cuando apenas tenía cinco años, ingresó a la escuela de Taekwondo ITF GE BAEK, bajo la dirección del entrenador Yasir Díaz. Desde entonces, el dojang se convirtió en su segunda casa. Hoy ostenta cinturón verde punta azul, una graduación que no es simple color en la cintura sino símbolo de perseverancia, horas de práctica y carácter en formación.

Su estreno competitivo no tardó en llegar. En noviembre de 2022 participó en el Primer Campeonato Internacional ITF, realizado en Chiquinquirá. Allí dejó claro que no había viajado solo a aprender: fue subcampeón en combate, campeón en rompimiento y obtuvo tercer lugar en figura. Tres podios en un mismo evento, una carta de presentación que anunciaba disciplina y temple.
En agosto de 2023 y 2024 compitió en el Campeonato Nacional Championship Chan Hun ITF —Competidores— en Cartagena. Repitió actuaciones sólidas: subcampeón en figura, subcampeón en combate y campeón en rompimiento. Resultados que no obedecen al azar, sino a la repetición paciente de cada técnica, a la respiración controlada antes del golpe, al respeto por el adversario.

También en noviembre de 2023 y 2024, en el Campeonato Internacional ITF de Bogotá, volvió a subir al podio: subcampeón en combate y campeón en rompimiento. En cada escenario confirmó que la constancia es la verdadera medalla invisible.
Pero Isaac no se limita a un solo frente. En 2024, con siete años, amplió su horizonte deportivo e ingresó a la escuela de baloncesto Leones del Norte. Allí aprende otra disciplina: el juego colectivo, la visión de equipo, el pase oportuno, la solidaridad en la cancha. Si el taekwondo forja su carácter individual, el baloncesto fortalece su sentido de grupo.
A los ocho años, Isaac Alexander Villarreal Freite encarna esa mezcla luminosa de inocencia y determinación. No se trata solo de medallas, sino de hábitos; no se trata únicamente de títulos, sino de formación. Con el acompañamiento adecuado, la guía de sus entrenadores y la orientación serena de sus padres, este niño que hoy golpea el aire con precisión y encesta balones con ilusión puede construir un camino deportivo ejemplar.
Porque los campeones no se improvisan: se forman. Y en Isaac ya se advierte la semilla.











