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Gabito y los 50 años de la explosión de su obra cumbre

“Cien años de soledad salió de imprenta finalmente el 30 de mayo de 1967 con una extensión de 352 páginas”, Gerald Martín. 

 

Por Rafael Sarmiento Coley

 

 

Aquella primera impresión de Cien años de soledad del 30 de mayo de 1967 salió a la calle a un costo de 650 pesos el ejemplar (el equivalente a dos dólares de aquella época), y con un tiraje de tres mil ejemplares a cargo de la Editorial Suramericana de Buenos Aires, que se llevó los laureles de un libro que cambiaría la historia de la literatura mundial.

3 Gabo y Mercedes

Mercedes Barcha, su esposa de toda la vida y su polo a tierra, acaricia amorosamente el rostro de Gabito.

Hay que comenzar por el memorioso inmortal Alfonso Fuenmayor, quien describe con precisión la historia del Grupo Barranquilla, apelativo impuesto por literatos cachacos que presumían que ‘La Cueva’ era una cantina en donde se reunían un poco de vagos pseudoliterarios a hablar de las últimas ‘operas primas’ de los escritores del otro lado del mar. Y de este lado, también.

4 Gbo y Vargas Llosa

El fabuloso libro del catalán Xavi Ayén que relata de manera minuciosa el triunfo de Gabito y el famoso puñetazo que le dio Vargas Llosa por celos infundados.

Narra Fuenmayor al explicar el por qué de ‘Crónica sobre las crónicas del Grupo Barranquilla: “Por las preguntas que me han hecho y que aún siguen haciéndome, tanto gentes conocidas como desconocidas, y no solamente en ésta Barranquilla, Barcelona o en otros lugares, tengo la impresión de que un cierto número de personas, cuya cuantía no voy a exagerar, está en alguna medida interesado en saber cómo fue que di en la flor de escribir sobre el Grupo de Barranquilla”. Y en solo 177 páginas desenreda la madeja de un mito, más que una fábula, un laboratorio en donde se ‘cocinó la que habría de ser, 30 años después la novela más famosa de la literatura universal contemporánea.

2 García MárquezGabito, como lo llamaron siempre en casa de sus abuelos en Aracataca, y como lo han llamado siempre los niños que estudiaron con él en el colegio San José de Barranquilla, sus contertulios de ‘La Cueva’, sus compañeros de El Heraldo y la extensa tribu que lo acompañó a su  matrimonio con Mercedes Barcha en la iglesia del Perpetuo Socorro de Barranquilla, coqueteó con los ‘locos’ del Grupo de Barranquilla desde finales de los año 40. Ya en 1947, estando en el Universal de Cartagena, se pegaba sus escapadas a Barranquilla para reunirse con Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas, Rafael Escalona, Juan B. Fernández Renowitzky (quien había sido compañero de estudios de Gabito y vecino de pupitres en el colegio San José), Alejandro Obregón, Juancho Jinete, Quique Scopell, Orlando Rivera (‘Figurita’), Roberto Prieto (homónimo del que en la actualidad está empapelado por los sobornos de Odebrecht a las campañas presidenciales en Colombia), Alfonso Melo y el maestro de todos ellos, don José Féliz Fuenmayor (padre de Alfonso), autor de la primera novela urbana que se escribió en Colombia, ‘Cosme’, que trascurre en Barranquilla y Bogotá.

Sin duda, la figura más influyente de ese grupo que se bebía la literatura en torbellinos, así como consumía licor a cántaros, era Ramón Vinyes, el Sabio Catalán de Cien años de soledad.

La influencia del Grupo Barranquilla

Como lo habría de reconocer en su autobiografía ‘Vivir para contarla’ y en la biografía del connotado biógrafo inglés Gerard Martin, su paso por Barranquilla fue de trascendental importancia para su vida literaria. Tanto así que, en principio, el título que tenía para la que habría de ser su ópera prima era ‘Barranquilla’.

Al mostrarle su paquete con el título al Sabio Catalán, tras leer todo el borrador, sabiamente le aconsejó que le cambiara de nombre, pues el que tenía era muy sugestivo y localista. Que buscara un título más universal, pues esa obra estaba llamada a convertirse en un suceso literario internacional histórico.

Así empezó Gabito a devanarse los sesos en compañía de todo el batallón de amigos del Grupo de Barranquilla en busca del nuevo nombre para su novela, su sueño dorado. Hasta que por fin parió Pabla. Como del fondo de un de cubilete, el mago de Aracataca sacó el nuevo nombre de su novela: Cien años de soledad.

Gabito en todas las obras que se han escrito sobre su vida evoca su paso por Barranquilla, con una entonación mayor. Porque en ‘La Cueva’, en los putiaderos de la calle del Comercio, en el ‘Rascacielo’ en donde convivía con sus putas tristes y se bañaba con el mismo jabón con el que se bañaba su vecina de cuarto la ‘Negra Tomasa’, una campesina de manos callosas que se vino de una vereda perdida en el mapa de la Costa Caribe a ganarse la vida ofreciendo su cuerpo al mejor postor.

En varias entrevistas que nos concedió en vida –una durante una cena privada en el apartamento de Alfonso Fuenmayor, otra en casa del entonces Senador Eugenio Díaz Peris, y la más larga y completa, cuando regresó tras el boom de su novela cumbre y él fue a Aracataca, su tierra natal, y nos embarcamos en el campero de Álvaro Cepeda “vamos para Macondo”, gritaba el ‘Cabellón’, mientras daba órdenes a gripo a Juancho Jinete para que reuniera a los mejores juglares de toda la Costa para hacer el Primer Festival Vallenato en Aracataca, en homenaje al escritor que acababa de lanzar al mundo toda una obra literaria de ribetes incalculables. Repito, en todas esas entrevistas siempre tuvo una fijación, su amor por Aracataca, por Barranquilla, por la Costa Caribe y por el vallenato.

De Barranquilla tenía los recuerdos más frescos y nítidos. Consideraba que aquí conoció la nueva tendencia literaria con las novedades que le recomendaban los del Grupo, en especial Cepeda, Germán Vargas, el Sabio Catalán y Fuenmayor. Su paso por El Heraldo fue también de mucha importancia, porque, como le tocaba recortar los breves cables internacionales, que eran de la extensión mezquina de un telegrama, y Gabito tenía que ‘estirarlos’ y titularlos a punta de imaginación. Esta práctica le enseñó la técnica de titular una noticia, una crónica, un editorial o una novela, de moldear los personajes de sus futuras obras, en fin, de esas minuciosas ocultas de la literatura pura y dura.

El gran estallido

El escritor barcelonés Xavi Ayén, en su extraordinaria obra literaria ‘Aquellos años del boom”, relata que “el día en que el boom llegó a mi ciudad yo todavía no había nacido. Un coche verde de alquiler conducido por un escritor colombiano de bigote fino y moreno llegó desde Madrid por la carretera. Era una tarde de otoño de 1967. Tarareaba un vallenato junto a su mujer, Mercedes, en el asiento de al lado, mientras sus dos hijos, Rodrigo y Gonzalo, armaban alboroto en la parte posterior. Traían el deseo de huir de la fama recién adquirida en Argentina y una piel de caimán como amuleto”.

Ayén afirma con certeza que, Gabito venía de hacer explotar de verdad el boom de la literatura Latinoamericana al publicar sus Cien años de soledad que salió del horno el 30 de mayo de 1967, para recompensar a su autor de todas sus luchas, momentos amargos, días de física hambre en París comiendo los sobrados que encontraba en los recipientes de basura.

Fue la obra que lo puso a figurar en el mapa mundial de la literatura y lo llevó a la más alta cumbre a la que puede llegar un escritor, al Premio Nobel de Literatura que recibió en 1982. También fue la obra que, en definitiva, hizo estallar el boom literario mundial como si le hubiera colocado una bomba de nitroglicerina.

 

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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