La cita de hoy en la Casa Blanca fue de esas que uno no se imagina fácilmente: dos presidentes que pasaron meses lanzándose pullas y acusaciones por Twitter y ruedas de prensa, se sentaron cara a cara en el Despacho Oval para intentar limar asperezas en la relación entre Estados Unidos y Colombia.

Trump, que había llegado a acusar a Petro de alimentar el narcotráfico y le había impuestos sanciones personales, como quitarle la visa e incluirlo en la Lista Clinton, abrió el encuentro con gestos diplomáticos más mesurados y destacó la importancia de cooperar en seguridad, lucha contra las drogas y estabilidad regional.
Petro, por su parte, llegó con argumentos para defender la política antidrogas de Colombia y tratar de mostrar que su país sigue siendo un aliado clave para Washington.
Aunque la reunión fue a puerta cerrada, los líderes conversaron más de dos horas en un ambiente que luego se reflejó amable con fotografías cordiales y detalles que no pasan desapercibidos. Al final, Trump dejó un mensaje para Petro calificando el encuentro como un “gran honor” y expresando afecto por Colombia, mientras analistas señalan que este cara a cara puede ser un punto de inflexión si se canaliza la cooperación en temas como narcotráfico, comercio y seguridad fronteriza. Pero ojo, la química entre ambos es volátil y queda por verse si estas buenas palabras se traducen en decisiones concretas.












