Es uno de los mejores periodistas del país. Luto en la familia Name Cardozo, El centralismo de la banca colombiana, bomba de tiempo para la economía y mezquindad a flor de piel.
Por El Propio Búho
Tadeo Martínez Méndez, cartagenero, comunicador social y periodista de la Universidad de las Sabanas (Bogotá), con especialización en estudios políticos y económicos de la Uninorte de Barranquilla, ha sido nombrado director de comunicaciones del Senado de la República. Es todo un acierto del presidente del Senado, el barranquillero Arturo Char Chaljub, porque, sin duda, tendrá a la mano a un periodista que conoce el oficio de manera profunda.

Tadeo Martínez Méndez, periodista cartagenero-barranquillero de reconocida trayectoria nacional es el nuevo director de comunicaciones del Senado de la República.
Ha sido reportero de la revista Semana durante 14 años, 4 años en El Espectador, fue asesor de comunicaciones de la Procuraduría General, designado por Fernando Carrillo Flórez, y desde diciembre del año pasado estuvo como jefe de prensa de la alcaldía de Cartagena, designado por el polémico mandatario de la Heroica, William Dau, quien al parecer tiene serios desencuentros con sus subalternos. Porque dura más una hamburguesa en la puerta de un colegio, que un funcionario en el equipo del atípico mandatario de la capital bolivarense.
Sin duda, Martínez Méndez realizará una destacada tarea al frente de tan importante cargo. Es un excelente ejemplar del oficio. Discreto. Sereno. Un periodista puro y duro que no gusta de controversia. No comparte el fanatismo político o religioso de ciertos colegas. No traga entero. Es ecuánime y ducho en la reflexión antes de soltar una información.
Además, tiene una sangre de morrocoyo para manejar las polémicas con la mayor calma del mundo.
Así que se lució Arturo Char con ese ‘Speaker’ de lujo. Con el perfil de los jefes de prensa de los principales protagonistas de la política estadounidense, en especial los de la Casa Blanca, desde la época de Richard Nixon, quien, por su tartamudez y congénito pánico escénico, prefería que su vocero oficial fuera quien le pusiera el pecho a la jauría de reporteros que andaban detrás de ‘la buena nueva’ relacionada con el caso ‘’Watergate’’.
Luto en la familia Name Cardozo

Mónica Name Cardozo, hija ddel difunto senador y exministro José Name Terán, y de doña Yolanda Cardozo de Name. Paz en su tumba.
El matrimonio de José Name Terán con Yolanda Cardozo de Name era admirable. Tenían el mismo temperamento. Alegres. Amenos. Atentos. Y amigos de sus amigos. Por eso José logró tantos éxitos en la política, porque detrás suyo estaba esa gran mujer que recibía personalmente al visitante más humilde con la misma afabilidad que brindaba al más encopetado dirigente político nacional.
Murió el viejo Name. Ahora también se fue de este mundo su hija Mónica, 58 años, quien venía con dolencias y el Covid-19 terminó por aplastarla. Estaba casada con el exconsul de Siria y constructor y hotelero, Talel Karawi. Tuvieron tres hijos: la escritora Shadia, quien reside en España; Sahar, constructor, y Anuar, politólogo.
Era la segunda de cinco hermano: Margarita Rosa, que es la mayor; José David que es el tercero; Milena y María Fernanda. Paz en su tumba y nuestro sentido pésame para la familia Name Terán y Name Cardozo.
Cuando la Costa perdió el poder financiero

Todavía está en pie el viejo y hermoso edificio del Banco Dugand, cuando los costeños no tenían que acudir a empleaduchos de tercera categoría en busca de un crédito, como hoy, cuando todo lo deciden los casposos ejecutivos en Bogotá, ¡ala, mi chino!
Estos 140 días de pandemia han mostrado en toda su impúdica dimensión la infame e injusta centralización en todo, más aún en un sector tan sensible como el bancario o financiero. Por el simple hecho de que todas las decisiones, hasta para un préstamos de 50 mil pesitos, se toman en Bogotá.
De nada sirve que el presidente Duque anuncie con bombos y platillos que se han “abierto líneas de crédito fácil y barato” para microempresarios, emprendedores independientes, y simples comerciantes informales que, por lo general, tienen que acudir a los vampiros ‘pagadiarios’ que terminan de arruinar al pobre vendedor de plátanos o de guineo que comete el error de acudir a esas malditas sanguijuelas.
Basta con darse una rodadita por algunas de las oficinas del BBVA (antiguo Banco Ganadero, hoy propiedad de españoles); Falabella (chileno); Banco Popular (del pobre hombre que está pensando en el desayuno de mañana, Luis Carlos Sarmiento Angulo); Sudameris, de la familia judía Gilinski; Colpatria; de una multinacional canadiense. “A todos nos hacen la vuelta del bobo. Que llene estos papeles. Que traiga certificado de la Cámara de Comercio con el Registro Mercantil de su empresa, la declaración de renta vigente, paz y salvo de impuestos distritales y departamentales; recibo de la luz, del agua, del teléfono, del celular, fotocopia de la cédula ampliada a 150; si es casado, partida de matrimonio”, narraba desconsolado un mayorista de pescado del sector de Barranquillita, que necesita dos millones de pesos con urgencia para reactivar su negocio, ahora cuando el alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo, ha empezado la apertura de la economía en forma gradual.
“Mire, señor periodista, a mí no me importa que ponga mi nombre y mi cédula, total esos putos bancos no le prestan sino a los ricos y a sus amigotes con quienes se encierran, en plena pandemia, a tomar finos whiskys en Bogotá. Todos los ejecutivos de esos bancos que señalaba aquí mi compañero son una clase tan indolente que no le hacen un favor ni a la pobre señora que los trajo al mundo. Y dígalo así. Mi nombre es José María Molina”.
Ante esa triste realidad de tan miserable insolidaridad de quienes desde Bogotá tienen el poder de maltratar a los usuarios costeños del sector bancario, fue oportuno dialogar con un brillante asesor de cabecera en estas materias, Rodolfo Zambrano Moreno, con más de 70 años de experiencia en el sector bancario y financiero.
Zambrano Moreno recuerda la próspera época en que Barranquilla llegó a tener más bancos que Bogotá, porque, como puerto marítimo fluvial y, en la práctica, capital de la región, tenía mucho musculo financiero por la presencia de industrias como los paneleros y dueños de molinos Roncallo, y La Insuperable que fabricaban pastas y harinas y tenían enormes ingenios panaleros y fábricas de licor legalizado porque pagaban sus impuestos; los Steckerll con sus exportaciones de hierro e importación de Acero; Casa Vargas; numerosos astilleros en donde se fabricaban toda clase de navíos grandes y pequeños; fábricas textiles; poderosos hacendados dedicados a la ganadería extensiva y diversos cultivos como la caña, el cacao, el tabaco. Y todos ellos fueron creando sus propios bancos y la autorización del Gobierno Nacional para emitir su propia moneda y tener sus propias reglas para prestarles a quienes les diera la gana con solo poner la huella, si no sabia firmar. Llegó un momento en que aquí estaban: El Banco Dugand (de la familia Dugand y Faillace); Banco de la Costa (de don Alfredo Steckerll y Casa Vargas); Banco Comercial de Barranquilla (de la familia Pumarejo y Julio Gerlein Güell), y el Banco Colpatria, que nació de la compra del Banco de la Costa a los Steckerll. En Cartagena estaba el Banco de Bolívar, de la familia Martínez Aicardi. En Sincelejo estaba el famoso Banco de Las Sabanas de don Arturo García. Y, detrás de toda esa actividad bancaria local y regional, en Barranquilla se establecieron sucursales de bancos extranjeros como el Royal Bank Canadá; Banco de Londres y Montreal, First City Bank, y otros tantos”.

Menos mal que, después de un largo tiempo de sequía, la Costa Caribe vuelve a contar con un banco regional, sin que los usuarios financieros tengan que esperar el milagro de un indolente ejecutivo que todo lo aprueba desde Bogotá, si le da la gana. En Barranquilla no se decide ni la compra del papel higiénico, según confiesa la señora del servicio de un banco nacional de capital extranjero.
Esa es la triste realidad del usuario costeño del sistema financiero colombiano. Lo único con lo cual ahora cuenta la región es con el Banco Serfinansa, gerenciado por Gian Piero Celia Martínez-Aparicio, hijo de un admirado patriarca, don Antonio Celia Cozzarelli, experto en la industria del calzado, y un excelso escritor a quien los barranquilleros leían con deleite en las páginas editoriales de El Heraldo. Lástima que también hasta esos columnistas de fina pluma hayan ido muriendo, y lo que sobresale son buscapleitos, sectarios, incendiarios, promotores de noticias falsas y sectarios hasta los tuétanos. Gente con el alma envenenada y el corazón lleno de odios.












Su cuento del cambio del billete y sus «casposos ejecutivos» en Bogotá es RIDÍCULO. ¿A quién se le debe el centralismo en Colombia? Por casualidad, ¿no fue un «cot-teño»? Es bien conocida la honradez, la pulcritud extrema de los administradores «cot-teño», como se ve en toda clase de indicadores sobre su región. ¿Cuál es la región donde es «nom-má» robarse la electricidad? ¿Cuál es la ciudad cuyas calles se vuelven ríos peligrosos con cualquier lluvia? ¿De dónde les llegó el alivio cuando imperaban los «comandantes» Mancuso y 40 en sus respectivas «repúblicas»?
Faltó mencionar, por obvio, el «pes-sonaje» tema del artículo, en espera de juicio.