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El Rincón del Búho: El disco que se disputan Sergio Moya y Silvestre Dangond

Moya no creía en el temple de Silvestre para su tema. Calixto durmió encadenado en un calabozo. Memo murió en tarima cantanto su mejor canción. Benny Moré y su homenaje a Generoso Jiménez.

Por El Propio Búho

 

 

 

En medio de tantos temas horrendos que se manejan en las redes sociales y en los portales noticiosos, siempre es bueno, aunque sea de vez en cuando y de cuando en vez, salirse de a rutina para alegrar un poco el alma.

Un primer tema es la grata discordia que hubo entre el prestigioso compositor y cantante Sergio Moya Molina y el afamado intérprete vallenato de moda, Silvestre Dangond. En una parranda Sergio Moya estrenó su composición ‘El tiempo’, en la cual dice que ‘el tiempo es su peor enemigo’ porque lo ha dejado sin sus mejores amigos, y sin muchas cosas que fueron siempre sus motivos de profunda alegría.

Cuando terminó de interpretarla, Silvestre le brincó encima, ‘como el Tigre de las María’, a Sergio Moya: “compadre, ese tema es para mí. Será el éxito de mi próximo trabajo musical”.

Sergio Moya, que vive siempre sonriente, esta vez puso cara de serio: “Oiga, Silvestre, usted está muy joven para que sienta en lo profundo el mensaje de esa canción. Es un tema para una voz madura, que la sienta en lo profundo de sus entrañas. Usted está muy biche para ese tema”.

Silvestre, a pesar de esa posición poco agradable de Sergio, le dio un abrazo y le dijo sonriente, “hagamos una cosa: apostemos dos novillas a que yo le grabo ese tema como si fue un cantante ya veterano, setentón. Y si quiere aquí mismo firmamos el contrato”.

Silvestre llamó a su mánager, Carlos Bloom, para que redactara a mano el contrato. Bloom, que es más desconfiado que árabe recién llegado a San Bernardo del Viento, le dijo: “¡Tú estás loco! Esa canción no es para tu voz. Ese tema es para un viejo. A esa vaina hay que ponerle mucho sentimiento, yo diría que hasta lágrimas”.

Contra viento y marea, Carlos Bloom, que a veces asume la pose de ser el dueño del cabaré y no le pasa a nadie al teléfono (se da más ínfulas que Bill Gates), firmo el bendito contrato. Y Sergio Moya Molina, en contra de su voluntad, accedió a cederle los derechos a Silvestre para que grabara ‘el tiempo es mi peor enemigo, ¡carajo!’.

Y aquí están las dos versiones. Primero la de Sergio Moya, el autor del tema, y luego, también en vivo, la versión de Silvestre.

Por estar de bragueta rápida

Calixto Ochoa, uno de los más versátiles compositores e intérpretes de música de acordeón, rey vallenato y personaje principal en el resonante y extenso éxito de los Corraleros de Majagual, se inspiraba en el mínimo detalle para componer un tema romántico, jocoso, bailable y hasta de su propia vida personal. Fue el creador de ese nuevo ritmo llamado ‘paseaito’, mientras que Alfredo Gutiérrez le salió con el ‘pasebol’, aires en donde mezcló compases del vallenato sabanero con el bolero (‘Un amor viejo no se olvida’, por ejemplo).

Con la agrupación tenía tanto éxito viajaban por pueblos y ciudades, tanto de la Costa y el interior del país, como giras por el exterior, en especial a Venezuela, Panamá y Estados Unidos.

En una ocasión fueron a animar la fiesta de uno de esos pueblos costeños perdidos en el recodo de un río. Y desde cuando llegó una joven hermosa, de unos 18 años se le pegó a Calixto, para que le tocara ‘La ombligona’. De tanto insistirle, Calixto le dijo: “bueno, ¿y qué es lo que pasa, que tú tienes el ombligo muy grande?”. La joven le explicó que era para hacerle una broma a una amiga que sí tenía ese apéndice abdominal como el morrillo de un toro. Calixto, medio en broma y medio en serio, le dijo, “bueno, yo te lo toco, pero si tú después te dejas ver el ombligo para ver si es verdad que no lo tienes muy abultado”. Tremenda sorpresa se llevó Calixto cuando la joven le respondió: “Está bien, don Calixto. Cuando termine la tanda, lo espero allá en aquella casita azul, que está sola porque mi mamá, mi papá y mi hermano están aquí emparrandados y borrachos y yo tengo la llave”.

Dicho y hecho. Terminó la tanda, y la muchacha fue agarrando a Calixto por el brazo y se lo llevó. Con tan mala suerte que el hermano de la muchacha los vio, le avisó a su papá, que era el  inspector de Policía, este se fue a buscar a los dos únicos uniformados que había en el pueblo, y sorprendieron a Calixto en el dulce himeneo. Se lo llevaron preso. Lo encadenaron en un calabozo. Él pedía a gritos que le llamaran a un abogado, pues “lo único que hice fue cumplir el deber de hombre”. Como en toda la noche no apareció un abogado –Y de dónde flores si en ese pueblo no había jardín–. De tal suerte que al ‘Negro Cali’ le tocó dormir esa noche encadenado.

Benny Moré, tan talentoso como generoso

En Cuba Benny Moré sigue siendo un ícono para viejos y jóvenes. Ha sido uno de los músicos que más han trascendido a través de los años. Algunos historiadores musicales no le dan al Benny el verdadero valor que tiene su aporte a lo que hoy se conoce como música salsa. Uno de esos historiadores, venezolano, por cierto, asegura que, hasta cuando no surgieron grupos como la Fania All Star, la Dimensión Latina, Joe Cuba, la música cubana no dejó de ser una música rural, sin mayores adornos. Que esa música se vistió de gala cuando en Nueva York le dieron el sonido musical de gran ciudad agregándole un instrumento clave como el trombón de vara, que asociaba el sonido de la orquesta a los ruidos propios de la Gran Manzanas, el metro subterráneo, los megabuses, el tren urbano con su pito ensordecedor.

Pobre historiador veneco. Nunca se enteró que antes de que existiera la Fania, Benny Moré organizó una de las orquestas más numerosas y completas de América. Y para callarle la boca al pseudohistoriador musical, en esa histórica Big Band del gran Benny había una línea de trombones liderada por uno de los mejores trombonistas del mundo, Generoso Jiménez. Tan bueno era, que casi en todas las presentaciones de la Orquesta en Panamá, Puerto Rico, México y varios escenarios cubanos, el tema de homenaje a Generoso era de obligada inclusión en el repertorio.

 

El Gitano Maracucho

Guillermo Enrique Morales Portillo, mejor conocido como ‘Memo Morales’, fue uno de los cantantes de mayor éxito en Venezuela durante más de medio siglo. Además, de contar con una excelente voz, era de una personalidad maravillosa, por lo que le era fácil hacer parte de cuanta agrupación lo invitara a grabar un tema, a tocar un concierto, a formar una nueva orquesta. Sin embargo, siempre acampaba en dos de las más grandes orquestas venezolanas: La Billos Caracas Boy´s y Los Melódicos.

Con Billos, acompañado de Cheo García (‘el guarachero de América), José Luis Rodríguez (‘El Puma’) y Felipe Pirela alcanzó a participar en 21 de los 39 mosaicos Billos. Y con la misma orquesta, grabó un ‘duelo’ inolvidable de rotundo éxito con Cheo García ‘La rubia y la morena’.

Pero, sin duda, era un extraordinario intérprete de pasodobles, boleros y temas guapachosos. Por esas cosas de la vida, murió en pleno concierto, cantando ‘Somos’ en la fiesta de despedida del Año Viejo y esperar el Año Nuevo de 2017 en el Club Hermandad Gallega de Caracas. Había nacido en Macaraibo en abril de 1937. Murió como el pájaro espino, que deja oír su mejor melodía cuando está a punto de morir, clavado en una espina que él mismo se ha clavado en el vientre.

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