En una carta a Sigmund Freud, Carl Jung escribió que: «El requisito de un buen matrimonio es la licencia para ser infiel». ¿Está usted de acuerdo?
Por: Mariangela Mercado Salas

Mariangela Mercado Salas
Hay solo dos posiciones sobre la fidelidad: los que la defienden y los que la descartan. Cada una de estas posiciones se fundamentan en miles de teorías, desde Freud hasta las sexólogas de moda, desde la Iglesia Católica hasta las religiones que admiten la poligamia.
En una carta a Sigmund Freud, Carl Jung escribió que: «El requisito de un buen matrimonio es la licencia para ser infiel».
Supongo que en medio de una sociedad en la que hasta la identidad sexual se ha convertido en un tema de elección, la fidelidad, la lealtad y el respeto por la pareja que se ama han de ir en decadencia también.
Técnicamente, la fidelidad se define como “un valor moral que capacita al ser humano para cumplir con las promesas y compromisos asumidos. Es el cumplimiento de la palabra empeñada”. Su significado original está vinculado a la lealtad (de una persona para con un señor o un rey) y la atención al deber. La palabra «fidelidad» deriva de la palabra fidelitas, y su significado es servir a un dios. Por ello se indica siempre en la Biblia la fidelidad a nuestro señor, pero ésta no es la fidelidad a la que deseo referirme, aunque sin duda mi opinión está determinada por mis creencias y mi fe en Dios. Respetando los contrarios, pienso que la fidelidad de la pareja es una decisión, un acto de voluntad determinado por el amor y el respeto.
La fidelidad es el resultado de amar con lealtad, de procurar no lastimar con nuestros actos a la persona que amamos, pues no existe un ser humano a quien, amando a su pareja, no le afecte negativamente verla o saberla romántica o sexualmente (o ambas) con otra persona. Que se acostumbren es una cosa, que bajo teorías de libertad sexual y otras se convenzan de que la monogamia es un invento y que lo normal es seguir los instintos para lanzarse encima del primero que les guste, también es otra cosa, y obviamente al aceptar en su subconsciente estas teorías se disminuye internamente el peso y valor que tiene el concepto, pero esto no excluye lo que realmente es y vale, lo que representa traicionar la confianza de quien se ama y más aún si hay hijos de por medio, que van a ser las primeras victimas de la tragedia en caso de que la «ligereza» trascienda.
Hasta algunos animales disfrutan y valoran, por naturaleza, la fidelidad a su pareja, hay una larga lista de especies que se unen hasta que la muerte los separa: los cisnes, los pericos, el castor, los pingüinos (penacho amarillo), el lobo gris, entre otros. Qué insólito y triste sería que los seres humanos seamos capaces de llegar a la Luna y no tengamos la profundidad en nuestros sentimientos y el control de los instintos suficientes para quedarnos en la Tierra con una sola pareja cuando así lo decidimos. Qué paradójico que nos matemos por defender un empleo, un título, una propiedad y no seamos capaces de esforzarnos y luchar por una relación nítida y un hogar duradero.
La fidelidad no es un limitante a libertad, ni una disminución de la esencia del ser humano. Todo lo contrario, libremente se decide ser fiel, es más auténtico y sinónimo de evolución y superioridad controlar los impulsos que dejarse llevar por los instintos y el mal rumbo de la sociedad, restándole fuerza con ello a los vínculos íntimos con la persona que amamos. La insatisfacción es la prima hermana de la infidelidad y siempre los será, para el que la practica y para el que la sufre, aun cuando este último no se dé por enterado.
Genesis 2:24 “por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser”.











