Había una vez en una casa cualquiera, con una familia cualquiera, un monstruo extraño llegó a cambiarlo todo.
Por Alejandra De las Salas
Gráficas por Melissa Vargas
Un monstruo tan común, pero tan complejo e indescriptible, que para contar esta historia lo más sencillo es buscar algo con qué compararlo. Yo creo que con un fantasma sería ideal porque este monstruo, tal como una especie de fantasma aterrador, no se puede ver y solo algunos pueden sentir su gélida presencia llenando cada espacio a su alrededor.

Para este fantasma no hay edades, géneros, belleza o fealdad. Él no tiene que ver con nada. Comprenderlo es muy difícil, y si eres de los que lo siente, deberás enfrentarlo cada día sabiendo que habrá momentos en los cuales saldrás victorioso, y otros en los que, por el contrario, no podrás hacer otra cosa más que llorar. Después de todo, vencerlo es muy difícil y no siempre es posible.
Lo más difícil es explicarle a aquellos que no pueden verlo el porqué te lanzas a una lucha de espadas con el aire, ya que donde ellos no ven nada tú ves al fantasma creciendo a tu alrededor y robándote el aliento.
Arturo
Amanda notó desde el nacimiento de su hijo, Arturo, que algo no iba bien, y nada tenía que ver con que el niño hubiese nacido con un solo riñón. El problema estaba allí, pero ella era incapaz de verlo. Pese a que Amanda no podía sentir directamente el aliento frío del fantasma, sí podía ver los efectos de la guerra que éste libraba en su bebé: “Él se engarrotaba, se ponía duro y rojo”. Para ninguna madre es fácil ver que algo con su bebé no está bien.
Miguel
Miguel tenía alrededor de 18 años cuando sintió el primer golpe del fantasma. Estaba en la calle haciendo compras para el regreso a clases cuando se le cortó la respiración repentinamente, el vértigo lo abrumó y lo obligó a sentarse en medio de la calle. Tenía muchas ganas de llorar, aunque no sabía por qué, puesto que no había razones aparentes para ello. Y llorar sin un motivo no es fácil.

Ana
Para Ana no está tan claro cuándo inició su batalla con el fantasma. Solo recuerda el momento exacto que transformó su visión del mundo para siempre: en clase de sexualidad a sus 12 años, cuando entendió que había sido abusada.
El fantasma en esta historia toma diferentes nombres, y ataca de distintas formas. Algunas veces llama a sus amigos y se vuelve más agresivo hasta incapacitar a su oponente, y otras es vencido. Hay ocasiones donde puede llegar a permanecer eternamente.
Ana recuerda estar luchando contra el fantasma desde aquella clase en la que los ojos volvieron sobre su recuerdo. Algunas veces gana, otras pierde. Sin embargo, es cuando se enfrenta a la derrota que siente que su vida cambia: “llega un momento del día en que no quiero nada. A veces dura semanas o meses, me tiro a la muerte”.
Marcela
Marcela también tiene esta lucha constante. Un momento que recuerda con susto fue cuando se desmayó en los baños de la universidad: el sentimiento la agobiaba demasiado, la presión en el pecho, las manos sudorosas, los espasmos, el dolor de cabeza y la falta de aire fueron mucho para ella.

La ausencia de lo tangible hace muy difícil encontrarle explicación a lo que ocurre. Por eso, tanto para quienes sienten la gélida presencia del fantasma como para quienes están alrededor es muy importante encontrar una explicación y siempre es más fácil empezar por lo conocido… ¿o no?
El primo de María tenía alrededor de 17 años cuando su comportamiento cambió. La transformación fue tan radical que su familia llegó a creer que incluso se había unido a una secta satánica. Lo veían hacer cosas tan extrañas como llenar un pliego de cartulina con pequeños cuadros y números sin explicación alguna, o salir a caminar descalzo sin rumbo. Cuando su conducta se tornó violenta, su familia decidió llevarlo a la iglesia para que el pastor reprendiera a los espíritus que lo atormentaban, encontrando una explicación a nivel espiritual.

Algo similar le pasó a Marcela y a su hermana cuando fueron llevadas donde el pastor para que les sacaran el demonio que tenían dentro. Para su padrastro la explicación de sus comportamientos no podía atribuirse a otra cosa que a la posesión de un ente maligno. Al no encontrar una cura a lo que les ocurría, lo más sencillo fue el rechazo, frases como “hija del demonio” fueron comunes en la vida de Marcela durante sus años de escuela, una manera de perder la lucha.

Miguel fue diferente. Él buscó una explicación biológica, un medicamento que tuviera un efecto adverso, alguna hormona que se hubiera desestabilizado… algo. Como estudiante de Psicología no tardó en pensar que el fantasma que estudiaba en sus clases era el que lo estaba atormentando.
Son historias que se pueden encontrar en cualquier lugar y, sin que los demás lo sepan, hacen parte de ese grupo que a diario libra una lucha cargada de tristeza relacionada con la evaluación que hacen de sí mismos al percibir algo diferente en ellos.
Marcela prefirió callar cómo se sentía hasta que pudo hablar con el consejero estudiantil: “Nunca me había desmayado, me asusté demasiado, sabía que no podía decirle a mi mamá… así que lo dejé pasar”. También es posible que aparezca la angustia ante la incertidumbre por la falta de claridad de lo que ocurre o cómo manejarlo, muchas veces no saben qué hacer ante ciertas sensaciones.
Miguel dice que sus reacciones no tienen explicación aparente: “Se da porque sí, es un miedo que no tiene explicación, te llena de frustración… incertidumbre”. Además, puede aparecer la rabia por encontrarse ante un trato injusto o falto de comprensión, como le pasaba a Ana cuando su hermana decía que solo estaba exagerando todo.
Algunos de ellos hacen parte de los registros de personas atendidas por problemas de salud mental en Colombia. Sin embargo, “solo algunos”, recuerda la psicóloga Angélica Peña, ya que por razones de estigmatización o desconocimiento no todos acuden a la consulta médica y psicológica.
En el año 2018, el Ministerio de Salud publicó un Boletín de salud mental en el que sistematizó información relacionada con el tema a fin de promover el diseño de políticas y programas que tuvieran como meta la intervención en salud mental. Al revisar estos datos, es importante anotar que la proporción de personas atendidas con trastornos mentales y del comportamiento va en crecimiento año tras año desde 2009. Según análisis de los datos publicados en la revista Semana, el 40,1% de la población colombiana sufre o sufrirá alguna vez en la vida un trastorno mental.
Las personas que llegan a la consulta lo hacen por diversas causas: un informe de los docentes, un familiar preocupado, un médico familiar que detecta síntomas, entre otras.
A Amanda la mandaron a llamar los profesores de Arturo. Tenía a la directora del colegio agarrada del cabello y no la quería soltar por ninguna razón. Al recordarlo, ella solo puede reír, su hijo de 5 años había sentido rabia y esa había sido su reacción; la directora le recomendó llevarlo a terapia.
Sin embargo, en la EPS, Arturo no avanzaba, tenía una cita mensual: “le pedían un cuaderno, él estaba muy pequeño, yo no quería que lo enseñaran a escribir”. Amanda quería que lo ayudarán a afrontar el mundo. Ella no quería que le dieran clases, sino que lo trataran adecuadamente: “iban por un lado diferente al tratamiento que era”. A Amanda le tocó acudir a terapia particular, donde el tratamiento empezó a dar frutos, allí le realizaron una evaluación diagnóstica al niño, le explicaron que a él le molestaba el ruido y las texturas; lo atendían una o dos veces por semana, “lo bañaban en piscinas de espagueti y lo ponían a jugar con espuma en el vidrio”, esto como parte de la terapia para hacer a Arturo más resistente al mundo.

Marcela fue llevada a terapia por recomendación del médico de la EPS, pero al no encontrar resultados prefirió dejarlo porque no le daban citas fácilmente y no sentía que los especialistas estuvieran realmente involucrados con ayudarla a mejorar: “Fui unas 3 veces y nunca le dije o le hablé abiertamente porque no le tenía confianza”. Luego su consejero universitario le recomendó ir con los psicólogos de la universidad, donde Marcela se sentía escuchada, pero por falta de tiempo no podía ir seguido.
Ana fue llevada a rastras al psicólogo por recomendación de su novio. Para ella está claro: no le gusta ir. Ella dice que la psicóloga que tenía la traumaba más, tenía poco tacto y la hacía sentir mal. En psiquiatría le fue mejor, le mandaron medicamentos naturales pensando en que su cuerpo enfermizo los soportara. Poco a poco se empezó a sentir mejor; sin embargo, dejó de ir.
Miguel lo probó todo: cigarrillos, alcohol, medicamentos, psicoterapia y finalmente psiquiatría. Experimento con varios medicamentos para probar los efectos que causaban en su cuerpo, pastillas recetadas y otras que fue buscando por su cuenta. Al compararse con su mamá y hermana, quienes luchan con sus propios fantasmas, él dice que los medicamentos no funcionan igual. Para Miguel, a ellas el medicamento les hace efecto, en cambio “yo no siento el efecto, me sigo sintiendo mal”. Dice que se puede tomar más de la dosis adecuada y aún no sentir nada. Ahora tampoco puede dejar los medicamentos, solo le queda aprender a vivir con eso.
Algunas veces la niebla que genera el fantasma es tan densa que no te permite ver a través de ella, te encierra en un mundo aparte, otras veces esa niebla permite hablar el mismo idioma con otros que tienen la misma lucha.
Cuando Amanda visita a sus suegros, las cosas suelen ser difíciles para ella, al contrario que en casa de sus padres, donde su hijo Arturo es comprendido, donde sus familiares actúan con cuidado para no afectar al niño y las decisiones que ella toma para su hijo son apoyadas. Esto no ocurre cuando va a la casa de sus suegros. Amanda tiene que escuchar críticas a la forma en que cría a su hijo, la acusan de ser sobreprotectora y constantemente le recriminan por el comportamiento de Arturo. Es difícil explicarles lo que pasa.
Para Andrea fue muy difícil comprender a su mejor amiga, Isabel, cuando estaban en el colegio. “Ella siempre fue loca, pero yo pensaba que eran cosas de niñas”. Andrea, junto con sus otras amigas, Patricia y Gabriela, intentaban aconsejar a Isabel para que tomara buenas decisiones, la ayudaban en las materias en las que tenía dificultades y hasta le alcahueteaban los novios. “Isabel era muy despierta, empezó mucho antes que nosotras”, dice haciendo referencia a la temprana edad con que su amiga empezó a tener novios. A ella no le gustaba ver cómo Isabel no quería progresar en su vida, intentaba ayudarla pero Isabel no se dejaba, buscaba, según Andrea, malas amigas y malos consejos. “En noveno empezó a cortarse las muñecas, se rapaba el cabello y se auto perforaba todo el cuerpo”, cuenta Andrea, con la voz afectada. Al estar en un colegio de monjas, esto le traía muchos problemas a Isabel, sin embargo nunca hubo intención aparente de cambiar y le tocó cambiarse de colegio.
Valentina intenta comprender a su mamá en sus cambios de ánimo, hace de mediadora entre ella y su hermano cuando hay discusiones en casa, y procura mantenerse positiva cuando tiene que sacrificar salidas o algunas cosas por cuidar de su mamá. Es especialmente difícil para ella ayudarla cuando su mamá se niega a recibir ayuda profesional.
Miguel encuentra apoyo en su mamá, y su mamá encuentra apoyo en él, comparten la lucha y de alguna forma hablan el mismo idioma. “Ella es la única que me entiende y yo también la entiendo a ella”.
Para Marcela es lo opuesto, comparte la lucha con su mamá y su hermana, sin embargo, cuando se encuentra mal, su mamá suele decir que está exagerando, que se ahoga en un vaso de agua y que sus problemas no son tan grandes. “Ella espera que nosotras la entendamos a ella, nosotras esperamos que ella nos entienda, entonces eso crea un choque, es difícil convivir con personas que tienen problemas todo el tiempo”.
Ana es solitaria, habla poco de cómo se siente con su familia, se define a sí misma como cerrada y con problemas de apego emocional. Para ella la vida solo pasa.
La universidad es un ambiente desafiante pero agradable para muchos, pero cuando tu mente no está bien pueden ser complicadas situaciones que para el resto apenas si cuestan trabajo.
A Ana le va bien en la universidad, para ella es algo positivo porque intenta abrirse más con las personas. “Intento buscar un amigo, a veces no lo veo tan necesario, a veces quiero estar con amigos, a veces no”.
A Marcela le va bien en la universidad, es una estudiante dedicada y se la ve luchando constantemente por conseguir las cosas que necesita para la universidad, ya que ella se hace cargo de sus estudios con ayuda de un crédito estudiantil. Tiene muchos amigos con los que se la puede ver por la universidad hablando en los ratos libres y participa siempre que puede en los talleres artísticos de bienestar, le gusta bailar. Al hablar con ella se nota rápidamente su fuerza y ganas de salir adelante.
La mayoría de las relaciones sociales que tiene Miguel son por conveniencia, es de pocos amigos verdaderos, pero tiene los importantes. Se reconoce a sí mismo como ególatra y un poco narcisista, lo que lo ha llevado a perder amistades. En la universidad suele liderar los grupos de trabajo y es muy inteligente, sin embargo no se siente a gusto con la mayoría de las personas. “Tengo personas que me consideran amigo, pero me estresan y me voy, soy muy solo”.
Para él es importante que todo se mantenga bajo control, “si las cosas se me salen de las manos entró en ansiedad, yo quiero tener todo siempre bajo control, lo calculo todo, estoy todo el tiempo pensando, si algo sale mal tengo que pensar cómo arreglarlo todo”.
Amar mientras batallas con el fantasma tampoco es fácil, pero rendirse no es una opción para ellos. No saben cómo rendirse porque tampoco saben cómo es el camino.
Miguel es un romántico, no importa cuantas veces le rompan el corazón, él suspira: “yo me he enamorado ya tantas veces…”. Con sus parejas es acelerado, ansioso, celoso, romántico y apasionado. “Es raro, un día me molesta la música que escucha mi pareja; y al otro día, no”.
Arturo ya está en séptimo grado y le empiezan a gustar algunas de sus compañeras, Amanda dice que él es muy intenso, las acosa. Cuando le gustó la primera llegó a su casa diciendo que haría una carta en una hoja de corazones por recomendación de un profesor, a Amanda le tocó salir a buscar en varias papelerías la hoja con corazones para que Arturo le hiciera la carta a la niña que le gustaba. “Él estaba pendiente de la niña, de lo bueno y de lo malo; y si la veía haciendo algo, la acusaba” “Ella no puede estar haciendo desorden porque ella es muy bonita”. En una ocasión, Arturo discutió en el colegio porque en el descanso le había regalado las papitas a una niña y llegó Sofía, la niña que le gustaba, a pedirlas. Arturo fue a donde la otra niña a quitarle las papitas para dárselas a Sofía y un compañero la defendió.

Cuando Sofía se aburrió de tener a Arturo pendiente de ella todo el tiempo, le dijo a los papás que él la estaba acosando. El director del colegio llamó a Arturo. “Llegó a la casa diciendo: ‘nunca más voy a saber de Sofía’. Aún no se le puede mencionar ni su nombre”.
Ana conoció a Andrés en un festival de gaitas. Su hermana había invitado a sus amigos y ella estaba apartada porque no se sentía bien, Andrés la vio y se le ocurrió invitarla a comer para animarla. Andrés convenció a Ana de cambiarse de colegio y contarle a su mamá sobre el bullying que le hacían, la escuchaba e intentaba ser un apoyo para ella.
“Al inicio fue difícil, ha sido un proceso para manejar las emociones, es difícil confiar en las personas, permitir que alguien entre a tu vida”, explica Ana, que ya se había encontrado con personas que la habían lastimado y estaba muy cerrada. “Cuando uno se siente mal tiende a atraer personas malas”, “lo que tienes en la cabeza es lo que reflejas al mundo”.
Andrés dice que para comprender a Ana y ganarse su confianza fue importante que él le contara a ella su historia siendo abusado desde los 6 años, al igual que Ana. Con los años, Andrés ha sabido dar la vuelta a lo que le pasó y ahora busca ayudar a quienes pueda. Con paciencia, y luego de algunos años de conocerse, se dieron la oportunidad de tener una relación en donde la comunicación es lo más importante para los dos, ya que es a distancia porque estudian en diferentes ciudades.
En la convivencia con personas que luchan con el fantasma es común encontrar situaciones en las que no se sabe qué hacer, en que las decisiones no son buenas o malas. Muchas veces se trata de lo que puedes hacer en el momento, porque no hay tiempo de pensarlo una segunda vez. Otras veces solo puedes esperar que la persona que quieres se recupere y llorar porque esté bien.
Amanda llegó a recoger a sus hijos al colegio cuando la llamaron porque Arturo estaba mal. Lo tenían rodeado los profesores mientras él intentaba salir del encierro dando puños y mordiendo a los profesores para salir. Un compañero le había hecho una broma que él había tomado mal. “Es muy literal, no entiende las bromas”. “Yo le dije a mi hijo que si quería morder me mordiera… sentí que me iba a arrancar la piel”. Amanda intentó calmar a su hijo de muchas formas, sin éxito, al final lo único que encontró fue irle torciéndole el brazo hasta que el dolor lo hizo reaccionar: “Sentí que le iba a partir el brazo a mi hijo y lloraba viéndolo así”. “Lloré con los profesores”.
Otro momento que Amanda recuerda con mucho dolor fue cuando su hijo menor, Daniel, tuvo que presenciar cómo Arturo tenía una de estas crisis. “Estábamos en una terapia y Arturo se descontroló”. “Entré con mi hijo a ver lo que me decía la doctora”. A Arturo le molestó algo que dijo la doctora y se descontrolo, quería salirse de la sala pero no podían dejarlo ir así, la doctora le dijo a Daniel que saliera a buscar al guardia pero ella no lo permitió porque era muy pequeño para salir solo. “Daniel quedó nervioso”.
La doctora le explicó a Amanda que esto era escalamiento. Cuando Arturo tiene un malestar que no sabe solucionar, lo guarda, y así se van sumando uno tras otro hasta que estalla.
Algunas veces hace falta más que amor y ganas para comprender y no resultar afectado por los fantasmas de las personas que amamos. Amanda para comprender a su hijo tuvo que leer y documentarse mucho sobre lo que le ocurre, incluso siendo profesora realizó una maestría en trastornos cognitivos y del aprendizaje, para asegurarse de contar con todas las estrategias a su alcance para comprender a su hijo. Otra opción recomendada por la psicóloga Angélica Peña es ir a terapia.
Para Andrés fue muy duro escuchar a Ana sentirse mal tras ser acosada en un bus. Desde ese día, Ana vive con los nervios de punta y no quiere tomar buses para ir a la universidad. Cuando Andrés le preguntó sobre eso, Ana le confesó que se había ido caminando desde la universidad a la casa, tomando el camino más peligroso y las calles oscuras. “Me dijo que se sentía tan mal que estaba buscando que alguien la matara”. Andrés solo pudo llorar.
Para Marcela es importante cuidar a sus amigos, por eso cuando se siente mal prefiere estar sola. “No quiero hacerle daño a nadie o no quiero que se alejen de mí por miedo, porque esto le causa miedo a la gente”. “Cuando tengo ataques de ansiedad tiendo a jalarme el cabello, tirarme al piso y cosas así, entonces prefiero estar sola. A veces necesito a alguien pero me da miedo porque puedo pegarle”.
Ella recuerda una ocasión en la que se sintió mal frente a sus amigos, una le decía que la abrazara y ella le decía que no la tocara, necesitaba espacio. “Me sentía mal por ellos, porque se les veía la cara de preocupación”. En otra ocasión se perdió a sí misma en casa de otro amigo. “Yo pensé que después de eso Camilo me iba a dejar de hablar, pero no, él me dijo que no le importaba, que él me iba a ayudar cada vez que pudiera”.
Sobre los consejos que aparecen en las redes sociales para ayudar a amigos y conocidos cuando pases por distintas crisis, Marcela es muy clara en que no está de acuerdo. “Debes preguntarle a la persona qué necesita, puede que él no quiera estar solo o puede que sí”. Esto lo explica la psicóloga Angélica Peña al expresar que las redes sociales están cargadas de información poco o nada científica sobre orientaciones para atender diferentes síntomas relacionados con problemas de salud mental, lo cual puede tener efectos nocivos exacerbando un síntoma, reforzando una reacción, reafirmando una creencia, incluso impactando en la reacción de la sociedad ante la presencia de los síntomas.
Algunas veces el fantasma que atormenta a la persona que queremos es tan fuerte que la convivencia se hace imposible, algunas veces por el dolor que trae, otras veces porque puede ser peligroso para la vida y la salud mental de uno permanecer ahí.
“Decidí alejarme por mi tranquilidad, por mi salud mental”. “Hablar con Isabel era agotador, había que pensar cómo decirle las cosas porque es muy sensible y todo lo toma mal, había que cuidarla, estar pendientes de qué hacía o si estaba bien”. “Con Patricia y Gabriela teníamos un grupo de whatsapp donde hablábamos de cómo estaba ella y qué necesitaba, era un grupo pensado para planear cómo ayudarla”. “Hablaba mal de mis amigas y luego nos enteramos que también hablaba mal de nosotras, eso nos dolió mucho, ya no sabíamos qué más hacer y decidimos alejarnos”. “Aún me preocupo porque esté bien, a veces le pregunto a Gabriela, que es la que sigue cerca de ella. Con saber que está bien ya me quedo tranquila”. Andrea explica por qué se alejó de Isabel, aunque sigue pendiente de ella.
“Llegó un punto en que las actitudes que ella tenía consigo misma y con las personas que la querían me hicieron sentirme mal, porque ella se estaba haciendo daño con cosas que en realidad no eran así”. Camila, otra amiga de Isabel, pensaba que al tener a su bebé ella podría mejorar, pero Isabel seguía haciéndose daño a sí misma y a los demás. “Eso hizo que yo decidiera alejarme de ella porque es una persona que tiene una forma de ser que a mí me pone mal, entonces no quería seguir estando cerca de ella”. “En muchas ocasiones intente hablar con ella y no conseguía nada”.
Valentina ha tenido que sacrificar muchos momentos por cuidar de su mamá, tiene claro que sigue en su casa por no tener a donde ir. “Yo quiero a mi mamá y sé que nunca la voy a dejar sola, pero no puedo vivir con ella, no es la vida que quiero para mí”.
La hermana del primo de María tuvo que irse de casa de su padre cuando la situación con su hermano se salió de las manos. Se volvió violento con ella.
Una lucha sin fin
Al ver películas, si hay mucha tensión Miguel solo quiere irse o adelantar esa parte, sin embargo, no es la misma ansiedad. “Sé que es ansiedad natural porque cuando es la (otra) ansiedad… prefieres estar muerto, yo prefiero estar muerto. Es como que tu cerebro pensó que se iba a morir, manda señales a todos tus órganos, se te cierra el estómago, respirar es difícil”. Algunas veces lo único que Miguel puede hacer es respirar profundamente.
Cuando murió la tía de María, su primo salió de casa caminando. Ellos, que viven en Santa Marta, lo encontraron llegando a Ciénaga. Luego de eso lo internaron en un hospital psiquiátrico.
El primo de María se niega a recibir ayuda profesional, le suministran los mismos medicamentos que alguna vez fueron recetados y aún se refugia en la religiosidad.
El primo de María no pudo seguir estudiando, aunque antes era muy dedicado a sus estudios. Vive con su papá.
“Eso se siente cuando estás bien y quieres estar bien pero algo te arrastra a estar mal, pánico, incertidumbre… y no sabes por qué. Te aferras a algo hasta que todo se vuelve oscuro”. Así se siente Miguel.

“Ella no se siente capaz de trabajar o estudiar, por eso siempre hemos vivido a costa de otros o de padrastros”. Marcela, sobre su mamá luchando con el fantasma.

“Intenté cortarme las muñecas, electrocutarme, tomé cloro…” Ana intentó quitarse la vida 4 veces.

Aunque el fantasma los acompaña siempre, ellos no son solo eso, son personas complejas con muchas cosas buenas para ofrecer.
Miguel es elocuente, inteligente y tiene gran sentido del humor. Es demasiado fuerte y dedicado a los suyos aunque se muestre odioso, como si no le diera gran importancia a nada. Ama los gatos, lo calman cuando se siente mal, el Anime le apasiona y puede recomendarte 40 animes diferentes en una noche hablando contigo, dejando claro que te preguntará por cada uno. Habla con la voz calmada, pensando muy bien lo que dirá para envolverte con sus palabras. Notas su inteligencia enseguida por la forma en que aporta datos interesantes de ciencia, cultura y política casi que sin darse cuenta.

“Es perseverante, es ingeniosa, graciosa, analítica, curiosa, investigativa, es amable, honesta…”. “Ella es talentosa, muy buena amiga, dulce, divertida, cariñosa, siempre busca el bienestar de los demás, es muy fuerte y luchadora.”. “También es muy artística, te puedes sentar y admirarla cantar o bailar por un largo tiempo sin aburrirte. Otra característica de ella es que es crítica y tiene un montón de conocimientos de lo mucho que le gusta leer, por esto una conversación con ella nunca será aburrida, al contrario, te hace reflexionar hasta de cosas que normalmente consideramos insignificantes. Y lo más importante, no importa cuántos obstáculos se le sigan atravesando en la vida, ella se mantiene en pie, luchando.” Estas fueron las palabras que usaron las amigas de Marcela para describirla.
Andrés describe a Ana como una mujer muy apasionada, sentimental, sensible y despreocupada. “Es una de las personas con más paciencia que conozco, tiene un don natural para cuidar y entender a los niños, tiene un don con las artes. Es una persona en la que puedes confiar.”
Aunque Andrea se alejó de Isabel, puede decir muchas cosas buenas sobre ella. “Es una chica sumamente alegre, extrovertida, inteligente, súper talentosa artísticamente, tiene un gran talento para el dibujo y la pintura. Es fuerte por intentar ocultar los sentimientos que le atormentan. Es una chica que hace lo que muchos no se atreverían en público, trae un ambiente divertido con ella a donde vaya, es espontánea y súper cariñosa con los seres que ama. Es sensible y frágil”. Isabel está llena de arte y tiene una visión única del mundo. Pasar las tardes hablando con ella de nada en particular era el plan favorito de sus amigas.
Amanda es una mujer trabajadora, madre abnegada y persistente que con mucha observación ha logrado conocer a su hijo para estimular sus potencialidades y dar manejo a sus momentos difíciles. Siempre está buscando aprender y no se da por vencida cuando hay una dificultad, ella busca alternativas a la solución. Arturo es tierno, listo y valiente, ha aprendido a conocerse y ha hecho suyas formas de control, cada día tiene menos crisis o manías. Es un niño curioso por conocer muchas cosas. Amanda lo mantiene en contacto social frecuente y juntos han aprendido estrategias para manejar esos escenarios.
Valentina es dedicada, amable, conciliadora, excelente amiga e hija, ama a su mamá, sobre ella solo puede decir cosas buenas. “Mi mamá es una mujer fuerte, valiente. Sé que ha pasado por muchas cosas que se guarda y tal vez eso la ha llevado a ser como es, pero a pesar de todo eso lucha por lo que quiere, es fiel a sí misma, y es la mujer que más admiro”.











