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Educadores en paro

María Montessori: “La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle”.

El comentario de Elías

Por Jorge Guebely

Una educación amordazada por la política electoral está condenada a la mediocridad. Poco ilumina un ministro cuyos méritos son los votos. Dedicado a ganar elecciones, descuida la naturaleza íntima de la educación.

Igualmente la degrada nuestra política llana. El pregón: “Colombia, la más educada…” no es más que un slogan político. Fuego artificial que ilumina, encandila, pero no enciende nada. Tan pomposo como la aspiración de pertenecer a la Ocde. Arribismo de la política criolla.

Si esa intención fuese cierta, la educación estaría en la cima de las prioridades sociales. Su presupuesto estaría por encima del 7% del PIB como otros países del grupo. No el 3.8% como en Colombia.

Las instalaciones de colegios y escuelas, urbanas y rurales, serían las más adecuadas para practicar una pedagogía de la era posmoderna. Locaciones para superar la educación del siglo XIX y XX. El salario de los docentes semejaría al de un médico correctamente pagado. Imitaríamos a Finlandia donde el médico se ocupa del cuerpo físico de la población y el maestro, del alma. Dos profesiones respetables y exigentes.

Si “Colombia, la más educada…” no fuese un slogan político, la atención al maestro sería prioritaria. Su salud física no tendría que padecer los horrores de EPS comerciales e irresponsables. Su salud mental tendría especial atención ante los altos niveles de stress. La inseguridad, la pobreza y los excesos del mercado en narcóticos, han convertido la educación en profesión de alto riesgo. Abundan los maestros bordeando cualquier grado de locura. También los amenazados, los apuñalados y hasta los asesinados por ejercer correctamente la educación.

Si no fuese un slogan político, existirían diferentes proyectos de capacitación para docentes con el fin de implementar un modelo pedagógico en favor del ser humano. Superaríamos la educación comercial institucionalizada por el liberalismo desde del siglo XIX, y las universidades politizadas donde se agita el clientelismo y la corrupción, y las instituciones dedicadas a titular estudiantes para proveer un escaso y competido mercado nacional. Rebasaríamos los discurso pedagógicos decimonónicos, repetitivos, ‘adoctrinantes’, anticientíficos y antiestéticos. Borraríamos para siempre las clases abarrotadas de estudiantes aburridos.

Si en verdad no fuese un slogan político, la educación recobraría su sentido original: reconstruir el ser humano que hemos perdido. La educación sería la mayéutica socrática de nuestro tiempo. O como lo expresó María Montessori: “La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle”.

Por esas razones, vale la pena apoyar la lucha permanente de los maestros colombianos.

jguebelyo@gmail.com

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