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Detenciones masivas tras fallido golpe de Estado en Turquía

Fuerzas leales a Erdogan arrestan a más de 2.800 militares por su presunta relación con el alzamiento. Además, han destituido a 2.700 jueces en todo el país. 

Por Chachareros/Apoyo El País/AFP

Más de 2.800 militares, entre ellos varios oficiales de alto rango, han sido detenidos por su relación con el intento de golpe de Estado en Turquía, en el que han muerto 265 personas, entre ellas 104 presuntos golpistas y 47 civiles, según ha informado el entorno del presidente Recep Tayyip Erdogan.

2 Tukia el pueblo a la calle

El pueblo salió a las calles a defender la democracia, enfrentando con admirable valor a los militares, quienes se vieron derrotados y desistieron de la intentona de golpe de Estado.

El Gobierno ha dado por sofocado el alzamiento, fracasado fundamentalmente por la resistencia de la población en las calles. Aún no está claro quién está detrás de la intentona de golpe, que ha dejado también 1.440 heridos. Pero la inestabilidad permanece en las principales ciudades del país, la capital, Ankara, y Estambul. El Gobierno ha llamado a sus seguidores a que continúen en la calle para evitar nuevas intentonas golpistas.

Seguidores de Erdogan celebran el fracaso del golpe de Estado tras tomar un tanque, en Estambul.

3 Erdogan en su comparecencia en Estambul durante el golpe afp

Recep Tayyip Erdogan, presidente democrático de Turquía, salió victorioso del intento de golpe de Estado.

Además, 2.745 jueces han sido destituidos este sábado en todo el país por la Junta Superior de Jueces y Fiscales, según informa la agencia de noticias progubernamental Anadolu y el canal de televisión NTV News. Además, se ha emitido una orden de detención contra nueve jueces del Tribunal Supremo, una decisión que se ha tomado después de la reunión celebrada para discutir las medidas disciplinarias contra los sospechosos de tener vínculos con el intento de golpe. Un alzamiento que todavía no se ha atribuido ningún grupo, pero del que el presidente Erdogan responsabiliza a su antiguo aliado y ahora enemigo Fethullah Gülen (autoexiliado en Estados Unidos) y a su cofradía islámica, a los que el mandatario lleva años acusando de haber creado una «estructura paralela» dentro del Estado con el objetivo de derribarle.

Entre los más de 2.800 militares detenidos hay varios oficiales de alto rango, por su relación con el intento de golpe de Estado, en el que han muerto 265 personas —entre ellas 104 presuntos golpistas y 47 civiles— y han resultado heridas casi 1.500 personas, según ha informado el entorno del presidente Recep Tayyip Erdogan. El Gobierno ha dado por sofocado el alzamiento, fracasado fundamentalmente por la resistencia de la población en las calles.

Mientras se seguían produciendo detenciones de militares supuestamente relacionados con el alzamiento, un helicóptero turco con ocho personas a bordo —ocho militares, presumiblemente golpistas— ha aterrizado a mediodía de este sábado en el aeropuerto de la ciudad griega de Alexandroupolis, donde han solicitado asilo político. Las autoridades militares griegas planean devolver inmediatamente el aparato a Turquía mientras se procede a estudiar las solicitudes de asilo político de los huidos, según la agencia oficial de noticias griega.

Este sábado, cuando numerosos ciudadanos todavía están en las calles, Erdogan ha enviado un mensaje de texto a todos los móviles turcos —»Levántate por la democracia», rezaba—, animando a la población a seguir movilizándose contra el alzamiento.

El presidente compareció esta madrugada ante los medios y, después, ante los miles de ciudadanos congregados en el aeropuerto de Estambul, donde había aterrizado procedente de la costa, donde estaba pasando sus vacaciones. Allí, ante la multitud que le jaleaba, acusó a una “estructura paralela” de perpetrar el alzamiento, en una clara referencia a los gülenistas. Gülen, en un comunicado, ha rechazado cualquier sugerencia a sus vínculos con los hechos y ha condenado «en los términos más enérgicos, el intento de golpe de Estado militar en Turquía».

EU pide pruebas de la implicación de Gülen

Este sábado, el primer ministro turco, Binali Yildirim, ha criticado a Estados Unidos por albergar a Gülen, que desde 1999 vive en Pennsylvania,. Un país que acoge al «líder del Estado paralelo» no puede ser un amigo de Turquía, ha dicho en una rueda de prensa, donde ha asegurado que Turquía ha pedido «hace tiempo» la extradición del predicador turco. El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, ha pedido a Turquía las pruebas «válidas y sólidas» de la participación de Gülen en el intento de golpe y ha precisado desde Luxemburgo, donde se encuentra de viaje, que Washington no ha recibido ninguna petición de extradición para él.

4 Interior de parlamento Turquía en Ankara bombardeado por golpistas

Interior del parlamento de Turquía, en Ankara, bombardeado por los golpistas militares. A pesar de todo el daño, fallaron en sus propósitos de tomarse el poder por las armas.

Las fuerzas leales al Gobierno han peleado para aplastar los últimos restos del alzamiento que se derrumbó después de que decenas de miles de personas salieran a la calle, respondiendo a la llamada de Erdogan, que trataba así de sofocar el intento de golpe iniciado el viernes por la tarde cuando una facción del Ejército intentó tomar el poder mediante tanques y helicópteros militares.

Esta madrugada, a través de la televisión se pudo ver cómo los golpistas comenzaban a ser detenidos y los militares eran expulsados del canal de televisión estatal desde el que estaban controlando la información.

La llamada de Erdogan a la población a defender el poder «democrático» derivó en enfrentamientos a tiros en Ankara y Estambul. La agencia progubernamental Anadolu informó de que 17 policías de las fuerzas especiales fueron asesinados en una academia de policía en la capital. En esa misma ciudad varios tanques dispararon en las inmediaciones del Parlamento turco y un avión de combate utilizado por los golpistas fue derribado. También se escucharon bombas lanzadas desde los aviones de combate que sobrevolaron Ankara.

En el centro de Estambul seguía el descontrol mientras los tanques recorrían las calles y los simpatizantes del presidente se echaban a las calles y tomaban las principales plazas agitando banderas nacionales.

La canciller alemana, Angela Merkel, ha condenado este sábado «con la mayor severidad» el intento por «derribar a un presidente y a un Gobierno electos» en Turquía, al tiempo que ha apremiado a todas las partes implicadas a respetar las reglas democráticas y la Constitución de ese país. «Cualquier cambio político debe producirse por la vía democrática, no con tanques en la calle», ha afirmado Merkel en una intervención desde la Cancillería, de regreso del Foro Asia-Europa, celebrado en Mongolia.

Cuando la población civil guapea

Un golpe de Estado sumió en la noche de este viernes en una situación caótica a Turquía, un aliado estratégico para Europa y miembro de la Otan. Sectores de las fuerzas armadas turcas se sublevaron para tratar de hacerse con el poder en el país y decretaron la ley marcial. Casi siete horas después el presidente Recep Tayyip Erdogan apareció ante los medios de comunicación para dar por sofocado el golpe y advirtió de que «los involucrados pagarán un alto precio». Sin embargo, la inestabilidad permanece en las principales ciudades del país, la capital, Ankara, y Estambul. Y el Ejecutivo ha llamado a sus seguidores a que continúen en la calle para evitar nuevas intentonas golpistas. Hay 265 muertos, entre ellos 104 golpistas y 47 civiles, según ha informado el entorno de Erdogan.

A través de la televisión se pudo ver cómo los golpistas comenzaban a ser detenidos y los militares eran expulsados del canal de televisión estatal desde el que estaban controlando la información. El Gobierno cifra en 2.800 detenidos por su participación en el golpe.

Las horas que siguieron al golpe han sido sangrientas.Además de los 104 presuntos golpistas muertos, el jefe de las Fuerzas Armadas de Turquía en funciones, Umit Dundar, ha cifrado en 161 los policías leales y los civiles fallecidos durante la rebelión militar.

Durante su intervención, Erdogan dijo que habían tratado de derribar su avión con los F-16 del ejército y que bombardearon su hotel justo cuando ya había salido. Sin embargo, el mandatario insistió en que «esto terminará bien» e hizo una llamada a los golpistas: «Sois nuestros hijos». «Es inaceptable que dirijáis vuestras armas contra padres, madres e hijos. Si apuntáis las armas al pueblo que os las dio, pagaréis las consecuencias», señaló.

El presidente turco exigió que «todos aquellos que estén conduciendo tanques en la calle que regresen a sus cuarteles». «Ya han comenzado las detenciones y llegaremos hasta lo más alto», señaló en tono sereno y vestido con corbata, acompañado de varios funcionarios y frente a una imagen de Atatürk, el padre de la Turquía moderna.

Paralelamente, la llamada de Erdogan a la población a defender el poder «democrático» derivó en enfrentamientos a tiros en Ankara y Estambul. La agencia progubernamental Anadolu  informó de que 17 policías de las fuerzas especiales fueron asesinados en una academia de policía en la capital. En esa misma ciudad varios tanques dispararon en las inmediaciones del Parlamento turco y un avión de combate utilizado por los golpistas fue derribado. También se escucharon bombas lanzadas desde los aviones de combate que sobrevolaron Ankara.

En el centro de Estambul seguía el descontrol mientras los tanques recorrían las calles y los simpatizantes del presidente se echaban a las calles y tomaban las principales plazas agitando banderas nacionales.

Los movimientos comenzaron en torno a las diez de la noche cuando camiones de transportes de tropas se estacionaron a la entrada de los puentes que cruzan el estrecho del Bósforo en Estambul y los cerraron al tráfico. Poco después, en Ankara, los blindados y los tanques tomaron posiciones en las calles y varios cazas pasaron en vuelo rasante sobre la capital. Un pelotón de soldados golpistas se dirigió al Estado Mayor de Turquía y con el apoyo del fuego aéreo de un helicóptero de guerra Sikorski penetró en el edificio y tomó como rehén al jefe del Estado Mayor, el general Hulusi Akar.

Todo se desarrollaba con gran rapidez y en medio de una gran confusión. Pero, en general, de acuerdo a lo planificado con los golpistas. Como en anteriores asonadas, rodearon varios edificios importantes en la estructura del Estado e instalaciones como el Aeropuerto de Estambul y se hicieron con el control de la raddiotelevisión pública TRT donde, tras cortar la emisión, hicieron a una presentadora leer un comunicado en el que afirmaban haber tomado el poder ante las «amenazas» a las que se enfrenta Turquía y que el Gobierno es «incapaz» de atajar, así como a la deriva «autocrática» del presidente Erdogan, al que acusaron de «traidor». Asimismo anunciaron un toque de queda en todo el país, que pasaría de forma temporal a ser dirigido por el llamado Consejo de Paz en Casa.

Tampoco contaban los militares sublevados con que el presidente Erdogan, considerado un islamista moderado, además de un fuerte rechazo, concita igualmente un enorme apoyo popular en Turquía. Solo hay que ver cómo fue recibido de madrugada en el aeropuerto. El levantamiento militar le pilló fuera de Ankara, pero «desde un lugar seguro» —según una fuente de su entorno, que no quiso revelar la localización— lanzó un llamamiento mediante una intervención telefónica en la cadena CNN-CNN-Turk: «Salid a la calle, tomad las plazas, id al aeropuerto (de Estambul). ¿Qué van a hacer? ¿Van a disparar al pueblo? Esto es un ataque contra la democracia». Como en otras ocasiones en que el mandatario turco ha apostado al todo o nada, esta vez también triunfó.

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