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Chengue quiere florecer de nuevo. Serie «Con el corazón en los Montes de María»

Las 13 familias que retornaron a este Corregimiento de Ovejas, Sucre, luego de la masacre, se resisten a perder la esperanza de algún día verlo florecer. Como era antes, un pueblito bello y hospitalario. 

Por Francisco Figueroa Turcios

Como decía el difunto Jaime Garzón: «las putas Farc», y los remachaba Godofredo Cínico Caspa: «y los malditos paramilitares», han causado un daño, no solo con sus cobardes masacres en donde se llevan por delante a niños y ancianos, sino porque han matado el alma de pequeños pueblos que eran de gente bella y hospitalaria, y hoy son huraños y desconfían de todo el mundo. No es para menos.

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Chengue quedó destruido después de la incursión de más de cien hombres de los paramilitares que dejaron 28 muertos.

El 17 de enero de 2001, unos ochenta  paramilitares al mando de Rodrigo Mercado  Pelufo, alias «Cadena», jefe del Bloque Héroes de los Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia(AUC), incursionaron  a Chengue en  la madrugada para hacer  justicia por su propia mano (una justicia inventada a su acomodo)  en este Corregimiento, dejando un saldo de  28 campesinos  asesinados, por ser supuestos auxiliadores de las Farc.

Durante la miserable incursion violaron a  las mujeres  y maltrataron a los niños. A los hombres los sacaron de sus casas y los llevaron al centro del pueblo donde cometieron la masacre. Finalmente, el grupo paramilitar prendió fuego en todo el pueblo y acabaron  con sus casas.

«A las 2 de la madrugada, mi mamá Marlene López, escuchó cuando llamaban a mi tío, Cesar, que tenia una pequeña tienda, y vivía al lado de nosotros. Le tocaban  la puerta y le gritaban  «Somos de la Infantería de Marina». Ella despertó y  me  llamó a mi y a mis dos primos (Cristóbal y Albeiro Quintana, a ellos les mataron el papá y dos tíos). Luego de un  breve silencio, escuchamos como a los 10 minutos un ruido, comenzaron a romper la puerta de la casa de mi tío. Mi primo Cristobal se me acercó y me dijo: ‘La vaina se puso fea. Son  los paracos’. Mi tío logró volarse la pared y refugiarse en la casa de mi mamá. Mi tío Cesar, entró en pánico y decidió fugarse por la parte de atrás de la casa, pero  con la mala suerte que en ese momento pasaba un paramilitar que lo divisó y alertó al resto de compañeros para que lo persiguieran, por lo que yo y mis primos aprovechamos para escaparnos. Mi tío se salvo de puro milagro», recuerda Jairo Barreto López, sobreviviente de la masacre de Chengue.

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Soledad y tristeza era lo que se respiraba en Chengue, corregimiento de Ovejas, Sucre.

Los paramilitares fueron  a Chengue con la intención  de sacar  de las casas a los hombres. Los llevaron hasta la plaza principal luego de cortar el fluido eléctrico y obligaron a las víctimas a pasar a un lado, argumentando que iban a comprobar datos en un computador para verificar quiénes eran los aliados de la guerrilla. Cada hombre fue golpeado en la cabeza con una «mona»(martillo) hasta morir, otros ahorcados y decapitados. Sobre las 7:00 de la mañana, cuando ya habían masacrado a sus víctimas, los paramilitares se dirigieron a los sobrevivientes y los notificaron que ese día el pueblo se acababa. «Si volvemos  y todavía están aquí, el turno será para  ustedes», les notificó Rodrigo Mercado Pelufo, alias «Cadena».

«La actitud de esos hombres era como la de unos poseídos por el demonio. Tenían lo ojos saltones y rojos, tenían la respiración agitada y a cada instante se metían en dos de las tantas camionetas y camiones en los cuales llegaron. Salían de ahí mas enloquecidos, zumbándose las fosas nasales como si se hubieran untado algo fuerte. Cuando salían de las camionetas luego de oírlos que se soplaban las narices, venían más violentos, otros se tomaban hasta cinco pepas de seguido con la cantimplora del agua que llevaban en el cinco igualito que los militares. Esos tipos no estaban en sus cabales. Estaban como los basuqueros de los barrios pobres de las ciudades», dijo Silvio, uno de los sobrevivientes.

Jairo López acompaña a su abuela María Chamorro para que no se caiga del burro, y su madre Marlene López carga el petate de la ropa en la cabeza.

Jairo López acompaña a su abuela María Chamorro para que no se caiga del burro, y su madre Marlene López carga el petate de la ropa en la cabeza.

«A mí me tocó regresar el día siguiente a rescatar a mi abuela (María Petrona Chamorro). La subí en un burro y a mi mamá (Marlene López), que solo alcanzó a sacar la ropa en un talego de tela que llevaba en la cabeza. Antes de partir llegué a  la plaza, vi un espectáculo dantesco: cadáveres despedazados y otros mutilados. Ese día ante todos esos muertos prometí, a mis 17 años de edad, convertirme en un líder para defender sus derechos y que esta masacre no quedara impune», confiesa  Jairo Barreto.

El 15 de marzo de 2011 el delito fue declarado como de lesa humanidad, los investigadores establecieron que este grave episodio hizo parte de un ataque sistemático contra la población civil de esa región, en desarrollo de la denominada operación ‘Rastrillo’, que también contempló la masacre de Macayepo y la masacre de El Salado.

Jairo Barreto comenzó a estudiar para no ser un simple bachiller, capacitándose en los seminarios sobre los Derechos Humanos, y hoy es un referente en conocimiento de este tema no solo en Chengue y Ovejas, sino en todos los pueblos que han sido víctimas de masacres en los Montes de María.

Con él comenzaron a capacitarse treinta, pero ante el miedo a las amenazas de muerte paulatinamente se fueron retirando y tres años después Jairo es el único que se ha mantenido firme en esta lucha, arriesgando su vida.

Las 13 familias que con admirable valor regresaron a Chengue y viven ahí reconstruyendo lo que les queda de vida, aún recuerdan el sepelio colectivo. Es un recuerdo que los hace llorar porque las llagas están vivas.

Las 13 familias que con admirable valor regresaron a Chengue y viven ahí reconstruyendo lo que les queda de vida, aún recuerdan el sepelio colectivo. Es un recuerdo que los hace llorar porque las llagas están vivas.

Guarda la esperanza de estudiar Derecho para tener las herramientas jurídicas para ser la voz de los que no tiene el conocimiento para  hacer valer  derechos y exigirle al Estado resarcir las condiciones mínimas para vivir  dignamente.

Trece años después de la masacre tanto Marlene López, madre de Jairo, como  las trece familias que retornaron, se aferran a no perder la esperanza de algún día ver a Chengue como el corregimiento próspero, hospitalario  y alegre como lo fue en el pasado. «Habitamos  a Chenque  a pesar de no contar con las condiciones mínimas para mantenerse ahí pero mantenemos   la ilusión de ver florecer nuestro pueblo natal», señala Marlene, la madre de Jairo López, un digno ejemplo de vida.  Todavía están las huellas de esa masacre, que ocupó la primera plana en los diarios nacionales e internacionales. Las trece familias que retornaron aguardan por el apoyo del gobierno y la empresa privada.

«La masacre de Chengue desde entonces comenzó el trasegar de los habitantes de esta población que en otrora gozaban de estabilidad socio-económica, y prosperidad en todos los campos ya que esta era el corregimiento con más proyección en toda Oveja, por su potencial productivo y la infraestructura que iba en franco crecimiento . Los niveles de vida eran bastante alto, este pueblo era un remanso de paz y alegría, hasta que empezaron a parecer los grupos al margen de la ley (La Guerrilla de Prt, Eln y las Farc que terminó tomando el control total de la zona con presencia de los frentes 35 y  37 que operaban en esta zona  y la posterior incursión de los Paramilitares», reflexiona Jairo López. Chengue era un pueblito agradable, con una economía basada en la siembra de maíz y aguacate, sus habitantes  guardan la esperanza que volverá a florecer.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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