Los habitantes que viven fuera de este corregimiento, en el municipio de Ovejas, Sucre, por primera vez no regresarán a conmemorar el suceso que cambió sus vidas.
Por Francisco Figueroa Turcios

Jairo Barreto
Las 13 familias que retornaron, luego de la masacre del 17 de Enero de 2001, a mano de los paramilitares que asesinaron a 27 campesinos, no podrán recibir a sus familiares, amigos o vecinos, porque como hace 14 años la situación está tensa, ante las amenazas a líderes de los Montes de María, por parte de un sospechoso grupo criminal que se autodenomina «Aguilas Negras».
Algunos miembros de la Fuerza Pública que custodian zonas estratégicas de los Montes de María dudan que dicha banda criminal (Bacrim) haya tenido la capacidad de retoñar o rearmarse -como cualquier ‘Terminator’-, cuando fueron duramente aniquilados por otros grupos que les quitaron espacio y se quedaron con el microtráfico, además de los fuertes golpes que todas esas bandas asesinas han recibido por parte del Estado colombiano.
Según un oficial del Ejército, «se podría asegurar que más de la mitad de esas tales ‘Águilas Negras’ fueron diezmadas por los ‘Rastrojos’ y otros grupos, y otro porcentaje fueron capturados por la Fuerza Pública y están tras las rejas».
En todo caso lo cierto es que en un panfleto, que circula en todo el país y en esta región de la Costa Caribe, hay una larga lista de supuestos ‘objetivos militares’, y en allí se incluye a Jairo Barreto, principal referente de esa población y sin duda uno de los defensores de los Derechos Humanos de los Montes de María.
Ya se había hecho costumbre por parte de hombres y mujeres líderes realizar actos de conmemoración con el apoyo de las diferentes organizaciones, para recordar a las personas que fueron asesinadas. Jairo Barreto no era partidario de continuar con esta tradición porque prefería no volver a revivir las heridas que están en el corazón. Él considera que había buscar otra fecha para el reencuentro y visibilizar otro evento. «No soy partidario de continuar conmemorando una masacre, prefiero que miremos nuestro futuro desde otra perceptiva, porque no pierdo la esperanza de verlo florecer». Ese análisis lo hizo Jairo Barreto hace ocho días al portal web Lachachara.co. Fue como una premonición contraria, porque las amenazas obligaron a no realizar ningún tipo de actos conmemorativos a los 14 años de la masacre de Chengue, su pueblo natal. Lo triste es que es la población y sus líderes son quienes deberían decidir si se conmemora o no su historia, y no las amenazas de criminales. El gobierno de Juan Manuel Santos, y todo aquel que se considere colombiano, deberá estar atenta a este problema porque la década pasada fue ya una de las más tristes de la historia de Colombia por la desidia con la que el gobierno y la sociedad, es decir el Estado, dejó que golpearan con violencia a la comunidad de los Montes de María, y de otras regiones.
En la madrugada del 17 de enero de 2001 un grupo de por lo menos 80 paramilitares comandados por Rodrigo Pelufo Méndez, alias ‘Cadena’ (para desgracia suya y de los habitantes de estas poblaciones en las estribaciones de los Montes de María, nacido aquí entre la gente que él mismo mató u ordenó torturar y dar el tiro de gracia), llegaron a Chengue y, armados con motosierras y monas (martillos), masacraron a 28 campesinos por ser supuestos aliados de las Farc. «Era una disputa de territorios entre los paramilitares y guerrilleros, nuestro pueblo fue una víctima de ese enfrentamiento», explica Barreto. Lo que no hila más hacia arriba el líder campesino es que detrás de los paracos y guerrilleros rasos había manos criminales mucho más poderosas, que son las que están detrás de la riqueza infinita de esas tierras fértiles de los Montes de María, en las que además hay recursos minerales apetecidos en los mercados internacionales. Barreto lo sabe, pero no entiende cómo puede haber prioridad en esas riquezas por encima de los derechos humanos.
Y sobre la amenaza de muerte, Jairo Barreto saca una conclusión: «no le tengo miedo a la muerte, porque viví en carne propia la masacre de la que fue víctima mi pueblo, si me toca dar la vida por mi gente, no dudaré en continuar la lucha por sus derechos».
La historia se repite: hoy como hace 14 años Jairo debe permanecer con ojo avizor, porque fue declarado objetivo militar por las supuestas Aguilas Negras y tiene en riesgo su vida, más cuando hizo parte del último grupo de victimas que fue a La Habana, Cuba, a los Diálogos de Paz, por lo que la ONU le recomendó prudencia en esta instancia.
Rechazan amenazas

Edwin Mussy, alcalde de Ovejas
Los alcaldes de Ovejas (Sucre) y El Carmen de Bolívar, Edwin Mussy Molinelli y Francisco Vega, respectivamente, rechazaron las amenazas de que fueron víctimas los lideres de los Montes de María. «Rechazamos desde todo punto de vista las amenazas contra los líderes de los Montes de María. Ellos tienen todo nuestro apoyo para brindarles la seguridad que se requiere en estos casos», sostuvo Edwin Mussy, alcalde de Ovejas.
Por su parte Daniel Campo, secretario de Gobierno del municipio de Ovejas, resaltó que «Ellos (los líderes) han sido unos luchadores por los derechos humanos tanto en materia de reparación, como exigiendo las garantías para que no vuelva a repetirse la historia de la masacre de Chengue y demás localidades de los Montes de María. Convocamos al comité de prevención y garantía para tomar todas las medidas necesarias ante estas amenazas».

Francisco Vega, alcalde del Carmen de Bolívar.
Entre tanto, Francisco Vega, alcalde de El Carmen de Bolívar, enfatizó en que «la situación de las amenazas es preocupante, aunque no es nueva para los líderes de esta región y del país. Tenemos que estar alertas a través de nuestros consejos de seguridad y apoyarnos en la UNP de Bolívar. La Unidad de víctimas y la Fiscalía siempre nos han apoyado, pero desafortunadamente no hay resultados en las investigaciones para saber en concreto de dónde provienen las amenazas».
Y ahí es donde está el detalle, como solía decir Cantinflas. Preocupa que los organismos del Estado no desenreden la pita del origen de unas amenazas dizque provenientes de un grupo criminal.