Arte y Cultura

Una vuelta al «Círculo Vicioso», del escritor brasileño Machado de Assis

«A lua» (1928). Tarsila do Amaral.

por Samuel Solórzano Cisery

A la naturaleza, como a la historia, le fascina los ciclos y las repeticiones. Machado de Assis, sabedor de las inquietudes de la vida, ha conjugado en una fábula poética, “Círculo Vicioso”, la secuencia interminable de los deseos humanos, no como escenas particulares o asiladas, sino en un homúnculo homogéneo donde emanan las frustraciones como incienso.

Machado de Assis, bajo el rigor de una estatua, era visto como “o patrono da Academia Brasileira de Letras”, un conversador hábil para volver filosofía las frases del común; impersonal para oficializar la literatura dentro de salones cerrados. Bajo la lupa de Lúcia Miguel Pereira, una de las mejores biógrafas brasileñas —porque en lugar de tomar a las personas prefería hacer la biografía de sus espíritus—, el poeta nacido en el Río de Janeiro de 1839 poseía una compresión sensible hacia las cosas simples.

En su obra encontramos una cisterna que, llenándose de secretos y del peso de la existencia, rebasaba cualquier personalidad frívola o equidistante de las esfinges intelectualoides.

“Occidentais” (1901) es su penúltimo poemario. Allí los versos de Machado de Assis se revisten con las exigencias métricas y estéticas de un tardío romanticismo, parnasianismo y simbolismo que proliferaban en ese entonces en Sudamérica. Pero, aunque Machado de Assis daba por muerto al romanticismo en 1879 en sus estudios críticos, él se propuso atravesar esas estéticas con independencia para absorber lo que le es aprovechable, sin dejarse llevar de los excesos, y así asegurar un Locus amoenus para sus pensamientos y reflexiones dentro de este poemario, donde sus conceptos y teorías más audaces llegan al lector con la transparencia, el equilibrio y la sobriedad de una inocente luciérnaga.

Dentro de “Occidentais” quiero destacar “Círculo Vicioso”. Se trata de un poema que presenta la insatisfacción y los deseos bajo la representación de seres luminosos, desde la luciérnaga hasta el sol. Un soneto con versos alejandrinos y rimas interpoladas (ABBA), contiene en cada estrofa la esencia de un retorno vicioso: una luciérnaga que quiere ser la estrella, la estrella que quiere ser la luna, la luna que quiere ser el sol, y el sol que quiere ser una luciérnaga. Cada quien quiere ser algo que no es ni podrá.

La voluntad desairada y sin propósito de procurar el espejo que sepa mostrarse con un reflejo mayor a la imagen en sí, esa es la esencia de este poema y una muestra de lo que Machado de Assis consideraba lo que es un círculo, no como lo cerrado, sino como algo eternamente abierto porque ningún deseo es saciado, aunque fuese el primero del universo y aunque fuese lo último.

Lectura en portugués del poema «Círculo Vícioso» de Machado de Assis en voz de Roberto Mallet

Presento a continuación el poema traducido al español con el portugués que he podido mascar leyendo a Pessoa, Saramago, Lispector y Drummond de Andrade, como también escuchando las músicas de Legião Urbana, Barão Vermelho, Cazuza y Raul Seixas. Pido excusas si he fallado para mantenerlo en altura, porque como escribió en una carta Garcilaso de la Vega: “tan dificultosa cosa traducir bien un libro como hacerle de nuevo”.

CIRCULO VICIOSO

En el aire bailaba una inquieta luciérnaga, decía:
— “Qué daría por ser aquella estrella rubia,
que arde en el eterno azul, como eterna vela”.
Pero la estrella, llena de envidia, miraba la luna:

— “Ojalá pudiese copiar la transparente luz
que desde la griega columna hasta la gótica ventana
contempló, suspirosa, la frente amada y bella”.
Pero la luna, amargura pesada, miró el sol y dijo:

— “Mísera mía! Ojalá tuviese aquella enorme claridad
inmortal, que a toda luz resume”.
Pero el sol, bajando su capilla de destellos, dijo:

— “Me pesa esta brillante aureola de santo…
Me fatiga este azul y la desmedida eternidad…
¿Por qué no nací como una simple luciérnaga?”.

Machado de Assis (1839-1908)
Occidentais (1901)
Traducción: Samuel Solórzano Cisery

CÍRCULO VICIOSO

Bailando no ar, gemia inquieto vaga-lume:
— «Quem me dera que fosse aquela loura estrela,
Que arde no eterno azul, como uma eterna vela!»
Mas a estrela, fitando a lua, com ciúme:

— «Pudesse eu copiar o transparente lume,
Que, da grega coluna à gótica janela,
Contemplou, suspirosa, a fronte amada e bela!»
Mas a lua, fitando o sol, com azedume:

— «Mísera! tivesse eu aquela enorme, àquela
Claridade imortal, que toda a luz resume!»
Mas o sol, inclinando a rútila capela:

— «Pesa-me esta brilhante auréola de nume…
Enfara-me esta azul e desmedida umbela…
Por que não nasci eu um simples vaga-lume?»

Machado de Assis (1839-1908)
Occidentais (1901)

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