Es el único barranquillero que ha ganado, en 1971, esa corona en el concurso profesional del Festival Vallenato. Murió en medio del mayor ostracismo y ha sido ignorado para siempre en el mundo que rodea al famoso Festival, por culpa de una canción del fonsequero ‘Geño’ Mendoza.
Por Rafael Sarmiento Coley
El consagrado músico barranquillero, antes de ganar la corona profesional en el Festival Vallenato, fue el exitoso primer acordeonero de Bovea y sus Vallenatos, que grabaron buena parte del repertorio musical de Rafael Escalona. Era un músico profesional, con estudios en academia musical en Barranquilla.
Como decía ese otro connotado compositor fonsequero Carlos Huertas, ‘se me antoja pensar que si algún día’ otro barranquillero gana la corona del Festival Vallenato, se le tapará la boca de por vida a Geño Mendoza, un fugaz compositor y explotador de los grupos musicales mediocres que no tienen fuerza vital para llegar por sí solos a la meta del reconocimiento nacional e internacional.
En aquellos primeros años del Festival Vallenato, cualquiera fuera el ganador, siempre salían los inconformes tirando piedras porque su favorito no ganó. Eran unas tremendas peloteras hasta con heridos. Porque cada sector de la Plaza Alfonso López, en donde entonces se hacían los Festivales, había un grupo de fanáticos de alguno de los acordeoneros finalistas.
Cuando ganó el barranquillero Alberto Pacheco Balmaceda no podía ser la excepción, sobre todo porque casi toda Fonseca, de donde era oriundo Luis Enrique Martínez (concretamente de uno de sus corregimientos), se trasladó en 1971 a Valledupar.
Se daba por segura la victoria del ‘Pollo’ Luis Enrique Martínez, quien, tras dos derrotas en los tres eventos anteriores, estaba seguro, azuzado por sus numerosos fans, que en esta cuarta versión del Festival él sería el rey indiscutido.
Y quien más lanzaba leña al fuego era el compositor y empresario artístico fonsequero, Luis Francisco ‘Geño’ Mendoza, quien viajaba entre Venezuela y Colombia trayendo y llevando grupos que nadie conocía, pero por un golpe de suerte les pegaba un disco y directicos para el Carnaval de Barranquilla en busca de un buen contrato para una caseta y, ¿ por qué no? De un Congo de Oro.
Parroquialismo desteñido

Luis Francisco ‘Geño’ Mendoza, el hombre que, gracias a denigrar con un golpe de suerte que le salió con el tema ‘Festival Vallenato’, se tapó de plata a costillas de Nelson Henríquez.
Si ‘Geño’ Mendoza analiza el texto de su éxito ‘Festival Vallenato’ grabado por el venezolano Nelson Henríquez, quien gracias a ese disco ganó fama y fortuna, lo mismo que su compositor, de seguro tendría retorcijones de tripas.
Es una letra fuera de contexto. Ya en los albores del nuevo Siglo, ‘Geño’ de manera obtusa seguía proclamando que el folclor tenía que seguir siendo provinciano. Sin darse cuenta, porque su miopía le permitía solamente mirarse el ombligo todavía lleno de canime, que todo avanzaba. Que en el resto del mundo se había dado la revolución de la juventud sicodélica.
De manera errática y sin fundamento le exigía a Rafael Escalona y a Consuelo Araujonoguera, los entonces pilares fundamentales del Festival junto con Alfonso López Michelsen, que cambiaran las reglas de juego para que, sin legítimo razonamiento, ganara siempre un valduparense, un fonsequero, un urumitero. ¿Por qué no podía ser un barranquillero?
En especial, tratándose de un músico de escuela. Porque su padre, Uriel Pacheco Balmaceda, cuando descubrió las dotes de su hijo mayor para la música, lo llevó personalmente a la escuela del maestro Camacho y Cano, uno de los connotados sabios que enseñó música a quienes después fueron, como Alberto Pacheco, orgullo de Barranquilla.

Alberto Pacheco era un talentoso y consagrado músico, con sobrados méritos para ganar esa corona, así como lo demostraría después al grabar con los principales cantantes de la época, con Bovea y sus Valenatos, con Esteban Montaño, y con sus exitosas giras por el mundo con los balets de Delia Zapata Olivella y Sonia Osorio.
De tal manera que Alberto Pacheco no era “un tal barranquillero”. Era un músico, fino, estudioso, consagrado. El mejor ejemplo es que dejó un legado musical insuperable, un disco que es casi un himno a Valledupar; acompañó a grandes cantantes de la época con quienes grabó en las principales disqueras de ese entonces en el país. Fue la primera acordeón que acompañó a Bovea y sus Vallenatos.
Y, como si fuera poco, le dio la vuelta al mundo con el Ballet de Sonia Osorio, en una gira exitosa en donde Alberto Pacheco fue una de las estrellas con su conjunto, porque interpretó con gran maestría los cuatro aires vallenatos, la ‘Cumbia cienaguera’, porros, las cumbias sanjacinteras, incluyendo ‘La cumbia sampuesana’. Es decir, le dio sopa y seco a quienes lo veían como un acordeonista del montón, cuando en realidad era un genio musical, que el escaso olfato de ‘Geño’ Mendoza no fue capaz de reconocer.
Dándose contra el muro
Lo más absurdo de quienes tozudamente pusieron en duda la legitimidad del triunfo de Alberto Pacheco es que ese año, como casi siempre, la junta directiva del Festival escogió un jurado de lujo, incorruptible y conocedor de las reglas del evento: José Benito Barros Palomino (mucho más compositor que ‘Geño’ Mendoza); Antonio María Peñaloza (un extraordinario músico, maestro de la escuela de Bellas Artes de Barranquilla); Alejo Durán (primer rey vallenato en 1968); Alberto Méndez, (propietario de la taberna La Quemada de Cartagena), y el gran Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza (segundo rey vallenato, en la segunda versión de 1969), quien remplazó a Adolfo Pacheco Anillo, el compositor sanjacintero que no llegó a Valledupar.
Por eso todos los entendidos de este folclor consideraron que el pataleo del compositor fonsequero estaba fuera de lugar. Mejor dicho, lo estaba haciendo fuera del tiesto, y todavía es la hora que no se ha dado cuenta.
Con el tiempo el público se ha culturizado enormemente, y acude al Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujo’ en forma entusiasta, pero desprevenida, pensando en que gane el mejor. Como tiene que ser en una sociedad civilizada, como no lo ha admitido todavía ‘Geño’ Mendoza.
Es como si en estos tiempos él se opusiera a que la Fundación del Festival traiga estrellas mundiales del pop, del rap, del merengue, de la salsa y de otros ritmos que se imponen en el mundo, para que nuestras sociedades escuchen, vean y comparen. Para que el vallenato no se quede estancado en las historias del pasado. Porque todo lo que se estanca, muere, por falta de oxigeno. Es como cuando el hombre se anquilosa. Exactamente igual.
O también, si algún sector de la junta actual de la Fundación se opusiera a la presencia de las páginas de internet que cubren on line el Festival, con audacia, con creatividad, con más facilidad de movilización para entrevistar a los grandes personajes y a los personajes anónimos de carne y hueso que enriquecen el Festival.
Sin duda, ese es el periodismo de ahora y de mañana. Menos mal que la junta de la Fundación Festival Vallenato lo ha entendido – y lo defiende- a la perfección.
En todo caso, lo importante es que nadie olvida la osadía del barranquillero Alberto Pacheco Balmaceda, el único que ha ganado la corona para Barranquilla.
Una mirada desapasionada, sobre lo ocurrido en 1971, es la del colega periodista barranquillero Roberto Llanos Rodado, entre otras cosas, salsero a morir, y muy poco atraído por el fuelle de un acordeón. Señalaba Llanos Rodado en una crítica exquisita, neutral, sin sesgos:
“En esta cuasi lógica controversia no podía quedar por fuera la cuarta versión del Festival, conquistado en 1971 por Alberto Pacheco, el único barranquillero que profanó este santuario del folclor vallenato superando a figuras de la talla del legendario Luis Enrique Martínez y el símbolo, Emiliano Zuleta Baquero.
“Alberto Pacheco, proveniente de una tierra más ligada a los ritmos tropicales que soplan desde las Antillas que a los fuelles y guacharacas del Valle del Cacique Upar y la Provincia de Padilla, encarnaba para los ortodoxos de la región al intruso que usurpaba algo que les pertenecía sólo a ellos.
“Pero las protestas por el triunfo del currambero no se quedaron en meras pataletas de plaza, hasta un disco fue compuesto por el guajiro fonsequero Luis Francisco Mendoza para supuestamente recordarle hasta la posteridad que hubo mejores que él en ese festival…en donde no se mencionó el nombre de Luis Pitre…
Nelson Henriquez grabó este tema llamado ‘Festival vallenato’, que irónicamente tuvo en Barranquilla su mejor plaza, al punto que el venezolano ganó un Congo de Oro en el Carnaval interpretándolo en el coliseo cubierto Humberto Perea, acompañado de aplausos y pañuelos blancos”.
Para que vea ‘Geño’ Mendoza la madurez y la cultura del pueblo barranquillero.
La trayectoria, según el musicólogo y compositor Julio Oñate Martínez, Pacheco fue un profundo conocedor de los secretos del acordeón, al punto de no seguir el ordenamiento normal de los tonos que prefiere el común de los acordeoneros, sino que impuso un sonido más delicado sin perder la esencia autóctona.
En 1983, cuando el aprendizaje para tocar este instrumento era empírico, se encontraba redactando un método que permitiera por medios más profesionales conocer el manejo del acordeón, pero la muerte lo sorprendió el 29 de septiembre de ese año y el proyecto quedó inconcluso.
Murió de un infarto cardíaco, pero él venía afectado de cirrosis hepática por su afición al trago en esos últimos años, recuerda su esposa Amira Callejas, con quien tuvo cinco hijos. En unas segundas nupcias con doña Ana D´Paulis, con quien tuvo otros tres hijos.
Un coloso derrotado
Con un jurado de esta categoría como jueces no hay el menor asomo de duda sobre la honorabilidad del fallo, precisa Oñate Martínez para zanjar de una vez por todas cualquier manto de desconfianza que históricamente se pretenda mantener sobre el reinado de Alberto Pacheco.
El gran derrotado en ese certamen fue Luis Enrique Martínez, El pollo vallenato, quien en la finalísima tuvo pifias en la interpretación de la puya siendo ampliamente superado por Alberto Pacheco.
Luis Enrique no estuvo en su noche, a pesar de ser un eximio acordeonero. Por eso hasta su compadre y amigo, Alejo Durán, votó en su contra, explica Julio Oñate.
Los temas que interpretó Pacheco fueron: ‘La cacería’, una puya de Sergio Moya Molina; ‘El pobre Juan’, un paseo de Rafael Escalona y ‘Francisco El Hombre’, un merengue de su autoría.
Alberto Pacheco nació en Barranquilla el 23 de junio de 1935 y residió en los barrios Olaya y Los Andes. Fueron sus padres Uriel Pacheco Balmaceda, natural de Súcre Sucre, de madre corozalera, Rosa Balmaceda. Uriel se casó con doña Eva Sánchez Macormik
En 1963 estuvo en Méjico en un encuentro musical iberoamericano, y a su regreso conformó en Bogotá, con Pedro García, el conjunto Los Universitarios. Grabó para sellos disqueros de la importancia de Sonolux y Orbe. También conformó un destacado grupo con el consagrado compositor Estaban Montaño
En su desarrollo musical contribuyó mucho el haber hecho parte del colectivo folclórico de Delia Zapata Olivella, con el que recorrió varios países del mundo.
Es autor del tema ‘Viejo Valledupar’ considerado a través de los años un himno folclórico en la capital del Cesar.
Contrajo matrimonio con Amira Callejas con quien tuvo cinco hijos: Yenny, Alberto, Amira, Néstor y Rosa María. Todos son profesionales y ninguno siguió la música.
Su esposa rememora las serenatas con que Alberto Pacheco solía expresarle su amor. Eran los valses ‘El Danubio Azul’, ‘Oropel’, entre las olas, El cafetal, temas lindos tocados en acordeón. Esas interpretaciones no las hacen los músicos de ahora, agrega orgullosa la dama.
Fue tal la devoción de Pacheco por la música vallenata que se mudó a Valledupar para vivirla allí más intensamente al lado de sus ídolos Rafael Escalona, Colacho Mendoza y otros grandes. La muerte tocó a su puerta en un hotel de esa ciudad.
La letra retrógrada
Acabo con los Buendías/ Ahora donde irá a parar/ Parece que ya el Cesar/ Le quedan poquitos días/ Rafael tiene la razón/ Cuando habla de estacionado/ Porque ahorita este folclor/ Lo tienen civilizado/ Quisiera preguntarte Rafael/ Cuál es el festival que has elegido tú/ Para el pueblo vallenato/ Si tu comportamiento contrasta con él/ Porque el folclor es del campo/ Bastante lamentable/…/Que en ese festival/ No se oiga mencionar el nombre de Luis Pitre/ Si con Francisco El Hombre…/Vinieron a formar sentir del acordeón/ La historia así lo dice.
Claro
Del rey Alejo Durán/ El pueblo quedó encantado/ Con Colacho lastimado/ Pero se puede aceptar/ De Calixto no hay que hablar/ Su talento es conocido/ Si se vuelve a presentar/ El pueblo elige lo mismo
Si le estropean sus aires vallenatos/ Y exigen que sean honrados/ Pero inconforme el pueblo ha de seguir/ Si desde el ruedo al pollo lo vieron salir/ En las garras del jurado/ Luis enrique Martínez…/El pollo vallenato que siempre lo ha sido/ Volverá a ese ruedo/ La tierra de Pedro de Castro…/ Orgullo vallenato/ Injusto ha lastimado al pueblo fonsequero/ Y no tendrás palabra exigir/ Si el nuevo rey es /un barranquillero/ Y no tendrás para exigir/ Si el nuevo rey es un barranquillero/ Geño… pa` Fonseca… vámonos/ Huepa/ Y no tendrás palabra exigir/ Si el nuevo rey es un barranquillero/Y no tendrás para exigir/ Si el nuevo rey es un barranquillero/ Pero inconforme el pueblo ha de seguir…..
………
Patrocinadores especiales de LaCháchara en el Festival de la Leyenda Vallenata
Esta cháchara cuenta con el patrocinio especial de empresas grandes de Colombia y proyectos culturales que creen en el arte y calidades de la región Caribe colombiana. Ellos son:















