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“Barranquilla y Atlántico han descuidado la salud mental”

Un terapeuta ocupacional y un médico psiquiatra analizan el grave problema que vino de la mano de la Covid-19.

Por Rafael Sarmiento Coley

Giovanni Gabriel Sánchez De la Ossa, terapeuta ocupacional con especialización y maestría en orientaciones psicosociales y conflictos familiares.

Las autoridades sanitarias del Atlántico ni de Barranquilla reaccionaron con la inmediatez y la suficiencia requeridas ante el grave problema que sobrevino de manera paralela con la presencia de la pandemia de la Covid-19.

En esa tesis coinciden el terapeuta ocupacional con maestrías en asesoría a familia y gestión de programas para proyectos en común, egresado de la Unimetro, Giovanni Gabriel Sánchez De la Ossa, y el médico psiquiatra Juan Isaac Llanos, quien durante casi tres décadas fue director de Medicina Legal primero en la Costa Caribe y luego a nivel Nacional.

“La situación es grave porque en Barranquilla ni en el Atlántico hay suficientes centros con el personal especializado para atender a la alta población que afronta las consecuencias en la salud mental de un encierro tan prolongado (ya más de un año), en donde la vida familiar cambió de un momento a otro. Y el padre tuvo que trasladar su trabajo a casa, junto con los estudios de sus hijos también en casa, e intercambiar los oficios domésticos con la mamá también bajo el mismo techo”, sostiene Sánchez De la Ossa.

Claro que el deterioro de la salud mental es, al mismo tiempo, una pandemia, que afecta en forma paralela a la comunidad en todo el mundo. Sin embargo, en los países de mayores recursos y mejor estructura en los servicios de salud, el problema ha sido enfrentado con un poco de menos trauma que en esta sección del país, según el médico Juan Isaac Llanos.

Juan Isaac Llanos, médico psiquiatra, exdirector nacional de Medicina Legal y director del Centro Terapéutico Reencontrarse

“El caso más grave es que la familia llega el momento en que, cuando se le presenta un caso con un pariente con depresión, irascibilidad, insomnio, intenso llanto repentino, tristeza, ansiedad. Angustia o tendencias suicidas (según Medicina Legal en 2020 hubo 43 suicidios, superior a las cifras de años anteriores), se encuentra con las manos atadas, aturdido porque no se ha habilitado, una línea urgente de atención especializada”, sostiene Sánchez De la Ossa.

Agrega que las tensiones son múltiples. En especial por la amenaza inminente del contagio. Por la pérdida del empleo. O la disminución de ingresos y más trabajo en casa. Deterioro de la vida en pareja, lo que ha conducido a numerosas separaciones

Sobreprotección

Otro grave problema que ha sopesado Sánchez De la Ossa en su trabajo diario con núcleos familiares es, en muchos casos, la sobreprotección, que no es conveniente. Porque el padre tiende a que el hijo sea como él, y no lo deja desarrollar su propia personalidad. Lo que va creando un complejo en el hijo de autodependencia. O, en el peor de los casos, a adicciones de todo tipo: a medicamentos comunes y corriente, como a opiáceos “que es un asunto que también se dispara en esta sección del país”.

En la disciplina profesional de Sánchez De la Ossa hay una población de 70 profesional, aproximadamente, “y no es suficiente para atender a tanto núcleo familiar que necesita una asistencia colectiva, no individual”.

Considera que, en ese aspecto, es lamentable que las autoridades de la salud tanto del departamento como del distrito se hayan hecho los de la vista gorda frente a una situación tan grave y delicada.

Giovanni Sánchez De la Ossa, dialoga con el director de este portal, Rafael Sarmiento Coley.

En Barranquilla hubo una época en que funcionó con éxito la famosa Clínica Mental del Atlántico -en la vía al Aeropuerto- de una sociedad psiquiátrica de Martínez-Aparicio y Carbonell Asociados. Con el surgimiento del Hospital Universitario de Alta Complejidad, que a su vez creó como un apéndice el Centro de Atención y Rehabilitación de pacientes psiquiátricos (Cari), y de clínicas privadas como Villa 76 y de los cambios legislativos en el servicio de salud que permitió el surgimiento de entidades corruptas como Saludcoop (cuyo presidente Carlos Gustavo Palacino fue acusado de fraude por más de $700 mil millones, pagó un año de cárcel y desapareció del mapa bajo la protección de figuras del gobierno de los últimos 20 años), la llamada ‘Clínica de los locos’ quebró. Villa 76 quedó ahora para atender a pacientes de cierta peligrosidad. Y el Cari está en un absurdo litigio jurídico, luego de que el anterior gerente, Uhlay Beltrán adjudicara un contrato a un consorcio privado para su administración, a lo cual se opuso de manera frontal la actual Secretaria de Salud del Atlántico, Alma Solano, con el respaldo de la gobernadora Elsa Noguera, con el propósito de borrón y cuenta nueva, para abrir licitación y adjudicar el contrato a un nuevo concesionario.

En medio de ese limbo jurídico, fue tan lastimero el asunto en el otrora Hospital de Alta Complejidad, que ahora lo que funciona a medias es el Cari, y al comienzo, por falta de adecuación, hubo de ser habilitado para atender a pacientes Covid-19 en Unidades de Cuidados intensivos (UCI) con camas ubicadas en carpas a la intemperie.

No es un problema de Barranquilla

Desde luego que el tema del deterioro colectivo de la salud mental no es exclusivo de Barranquilla, el Atlántico, la Costa Caribe y Colombia. Es un tema universal, tal como lo reconoce el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, al advertir que los traumas ocasionados por la Covid-19 estarán presentes por muchos años. Según el biólogo etíope, “todos y cada uno de los individuos en la superficie del mundo se han visto afectados” por las circunstancias de la pandemia. Según María Van Kerkhove, responsable de la unidad de enfermedades emergentes, el efecto que está teniendo la pandemia en la salud mental es devastador. Un estudio realizado en Estados Unidos por la Harvard Medical School apunta que el 42% de las personas han manifestado síntomas de ansiedad o depresión en algún momento de la pandemia. La OMS ha informado que en promedio los países han visto saturado en un 93% los servicios de salud mental.

«Se requiere una reacción más dinámica para hacerle frente a esa pandemia paralela a la de Covid-19», dice el terapeuta Giovanni Gabriel Sánchez De la Ossa (derecha), en di¿alogo con el periodista Sarmiento Coley.

En agosto, la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa Etienne, advirtió sobre la interrupción de servicios esenciales de salud por causa de la pandemia. Cabe recordar que, según este mismo organismo, una de cada cuatro personas registra algún tipo de enfermedad mental. “La covid-19 ha interrumpido nuestras rutinas diarias, ha forzado a millones de personas a un aislamiento de meses, ha devastado nuestras economías y ha causado una pérdida inimaginable de vidas. Esto nos ha sacudido a todos”,

La OPS también evidencia que en los países de ingresos bajos el gasto en salud mental es de menos de un dólar 1 per cápita, frente a 80 dólares en países desarrollados. ¡Qué tal la pequeña diferencia! ¿Atribuida a qué? A la desmadrada corrupción en todos los niveles del Estado en estos países como Colombia, en donde los que deben ir a la cárcel por inmorales cuentan con fiscales de bolsillo que con el mayor cinismo los absuelven de toda culpa.

Entre tanto, como dice un ‘amo de hogar’, Rubén Valdés, “ya tengo las manos encallecidas como lavadora de ropa ajena a orillas del río a punta de manduco y jabón de monte, y fuera de eso, quemaduras en los brazos por la falta de pericia en el control de la llama de la estufa, raspones en las rodillas al golpearme contra la lavadora para sacar la ropa y ponerla al sol, pero no me quejo, porque ya aprendí a hacer un arroz con pollo, cuando antes mi esposa, Miriam Borja, se burlaba de mi porque no sabía ni calendar una jarrita de agua para cortarme las uñas”.

About author

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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