Los campesinos de los Montes de María tienen en el corregimiento de Pueblo Nuevo, jurisdicción de Maríalabaja (Bolívar), a una gran líder que lucha por el pan diario de su familia y de todos.
Por Francisco Figueroa Turcios
Cuando Carlos Salgado, representante de la Fundación Planeta Paz, hacía la presentación del evento Agenda Común para la Paz desde los territorios, fue interrumpido por el llanto fuerte de un niño. Hubo un silencio general, los lideres que participaban en este seminario buscaban con sus miradas la fuente del llanto que irrumpía en el salón de eventos del Hotel Dorado en Barranquilla. En fracciones de segundos descubrieron que una mujer morena tenía en su pecho a su hija, Kendy María Cortez Castro, de escasos meses de nacida: ella es Ana Castro, líder del municipio Maríalabaja.
Al verse «sitiada» por todas las miradas, no le quedó otra alternativa que sacar el seno y dárselo a su hija para que dejara de llorar, para que continuara el evento. Ana Castro representó en esta mesa de trabajo sobre la Agenda Común para la Paz desde los Territorios, a la cadena de Apicultores (La apicultura es la actividad dedicada a la crianza de las abejas) conformadas por seis organizaciones en Maríalabaja.
Surge un interrogante: ¿porqué no vino otro líder o su esposo? Ana Castro tiene la respuesta: «Nosotros las mujeres debemos asumir nuestro rol en este proceso histórico que vive el país, y tenemos que ser protagonistas en las mesas de trabajo para construir una agenda común, y no permitir que elementos externos nos hagan la agenda, sin conocer nuestras necesidades».
Las seis organizaciones, agrupadas en la Asociación de campesinas de Pueblo Nuevo (Asopueblonuevo), son representadas por Ana Castro. Confían en ella como un hijo se aferra a su madre. Y tener una hija de seis meses no era excusa para no asistir. «Aquí estoy para intercambiar las experiencias de nuestra comunidad y enriquecer las propuestas para elaborar una agenda coherente».
Palma de aceite, dolor de cabeza
37 mil hectáreas de palma de aceite se encuentran sembradas en el departamento de Bolívar, de acuerdo a las estadísticas del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, en el año 2014. Los cultivos se concentran básicamente en Maríalabaja, en el norte; Regidor, Río Viejo, en el centro; y San Pablo, en el Sur de Bolívar.
En Maríalabaja de acuerdo a las cifras suministradas por Amaranto Daniels, del Observatorio de la Universidad de Cartagena, hay 8.000 hectáreas sembradas, que representan el 6O% del total de cultivos que hay en este municipio bolivarense. Los monocultivos han venido creciendo de manera acelerada en los municipios de Maríalabaja, Mahates, San Onofre, San Juan Nepomuceno, San Jacinto, Ovejas, Tolúviejo, y El Carmen de Bolívar, de acuerdo a las cifras que maneja la Corporación Desarrollo Solidario, CDS y la Organización de campesinos desplazados de los Montes de María, OPDS.
La economía campesina de los Montes de María se sustentaba en una producción diversificada de alimentos (ñame, maíz, arroz, aguacate, tabaco, ajonjolí, yuca, frijoles, batata, cebollín y papaya) que resolvía en gran medida el consumo familiar, aportaba a la generación de ingresos económicos por medio de la venta; y ayudaba al abastecimiento de la cabeceras municipales y centros urbanos.

La violencia solo ha producido pobreza generalizada. El campesino ha tenido que cambiar su paz por cultivos desconocidos.
A partir de la década de los noventa la población de los Montes de María experimentó una serie de fenómenos, en su gran mayoría articulados al conflicto armado, que afectó y trasformó la vida de la población montemariana, en especial la vocación agrícola.
Por ello, los campesinos como el caso del núcleo familiar de Ana Castro, tuvieron que acudir a la apicultura, aprovechando el apoyo económico de la Corporación de Desarrollo Solidario, para no dejarse morir del hambre, ante la poca posibilidad de vivir de las labores del campo.
«El proyecto de la palma aceitera en María la Baja es altamente excluyente, pues en él solamente pueden participar aquellos campesinos que tengan acceso y seguridad jurídica para ejercer los derechos de propiedad sobre las tierras, y ocurre que la gran mayoría de los campesinos y trabajadores rurales del municipio no son dueños del suelo donde viven», resalta Ana Castro sobre este fenómeno que afecta a su pueblo.
El monocultivo de la Palma ha sido un factor para el incremento del valor de la tierra, reduciendo el área de producción agrícola campesina. Así lo expresa esta líder con una frase lapidaria que describe la situación: «Se nos invirtieron los papeles: ahora nos toca ir Cartagena a comprar los productos que nosotros producíamos. Maríalabaja fue despensa agrícola de Bolívar, hoy reina es la siembra de la palma».
Otros líderes de Marialabaja tienen sus puntos de vistas sobre el monocultivo de la palma, que desplazó el cultivo pan coger y encareció los productos y el valor de la hectárea de tierra.
Angel María Zuñiga, de la Asociación de Campesinos Desplazados de El Sena (Asosena), considera que «desde que entró el monocultivo de la palma, las cosechas han cambiado mucho, arrendar una hectárea de tierra vale 500 mil pesos».
Para Sofia Carrasquilla de la Asociación de campesinos desplazados de Paloaltico,(Asopaloaltico), «la economía campesina no está tan buena con toda esta implantación del desarrollo empresarial que se está dando en Maríalabaja, por los monocultivos».
Sin duda que las mujeres juegan un papel importante en el sostenimiento del trabajo comunitario, pues ante la amenaza a que estaban sometidos los hombres ellas continuaron el proceso y una de esas campesinas, es Ana Castro, una mujer de armas tomar.












