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Ambulancias de los pueblos terminan dañadas por los propios gerentes

El hospital de Pijiño hace 2 años estuvo sin este vital servicio porque en medio de una borrachera el gerente se metió por malas vías y la dañó. 

Por Polo Díaz-Granados/Especial para LaChachara.co

2 24 julio AMBULANCIA 14JUL


De segunda, pero pinta bien y está completamente equipada para cumplir cabalmente sus servicios de ambulancia de estos pueblos abandonados.

Aclaro antes de empezar: Para verle el sentido a esta crónica tienes que ponerte en los zapatos del habitante de los pueblos del Magdalena. De esos pueblos abandonados donde lo que hay son hospitales del nivel más básico y donde -casi siempre- una ambulancia que te lleve a un hospital de mayor complejidad es lo único que te puede separar la vida de la muerte. ¿Imagínate el caso de una mujer en los últimos dolores de un parto complicado en donde se muere ella o se muere la criatura que tiene en su vientre?

Ahora que estás en esos zapatos, en donde casi la mitad de la población es pobre –como es el Magdalena, que ocupa el quinto lugar de los más pobres del país– sí puedo empezar por contarte…

Esta historia comienza en Pijiño del Carmen, (ubicado a orillas de la pequeña ciénaga ‘El Palma’ en un rincón entre Santa Ana, San Zenón y San Sebastián de Buena Vista) uno de esos pueblos del sur del Magdalena, donde algunos de sus 15 mil habitantes que se enfermen se ven obligados a ir a este hospital que, hasta diciembre de 2015, estaba gerenciado por un político llamado Miguel Aguilar SequeaPolítico ahogado, pero político.

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Pijiño del Carmen tiene su historia y sus atractivos como para atraer a documentalistas y cineastas deslumbrados por la vegetación, el paisaje y las tranquilas aguas de la ciénaga del Palmar. Aquí se filmó un documental sobre el Chandé.

Cuando le faltaba poco para salir de su cargo, al hospital se le dañó la única ambulancia con que contaban los habitantes no solo de Pijiño, sino de un puñado de corregimientos de los alrededores. Una Toyota Land Cruiser capaz de ingresar por las vías destapadas y salvar vidas. Según testimonios de algunos voceros de la población el vehículo estaba en perfectas condiciones, pero una noche de farra el gerente Aguilar Sequea, que no se ‘quedó en el cargo’, se metió por terrenos de puro barro duro en donde hasta las mulas se quedan atascadas. Claro, la Land Crusier, por mucha buena marcha, se fundió. Sin embargo,  ¡su arreglo era necesario!

Y así lo hizo este gerente, que el 8 de septiembre de 2015 dio inicio a un contrato para pagarle 8 millones de pesos al mecánico beneficiado, quien debía cambiar algunas autopartes (inyectores, las suspensiones) y ponerlo a funcionar nuevamente.

Hasta ahí los 3 gatos que me leen dirían: ¡Ah pero bueno, el gerente se puso las pilas y arregló la ambulancia! Y ahí es donde yo les respondo. ¡Qué bueno fuera!, si no es porque hoy, ¡tres años después del supuesto arreglo pagado casi en su totalidad!, dicha ambulancia, de placas OJG 324, permanece abandonada, con repuestos que no aparecen, en un parqueadero de Santana, Magdalena. (Si no me crees, mira esta fotoesta otra y una más).

Mientras que esa ambulancia se pudre en su propio óxido, el dueño del parqueadero dice que no devuelve el vehículo hasta que le paguen 3 millones de pesos por el parqueo indefinido del vehículo en su predio.

¿Cómo termina una ambulancia de un año de uso, que solo tuvo un daño mecánico, abandonada a su propia suerte en un municipio vecino? ¿Dónde están los repuestos por los que supuestamente pagó el Hospital de Pijiño? ¿Y dónde está la plata si no aparecen los repuestos?

Esto está como para que la Gobernadora Rosa Cotes siente en una misma mesa al entonces gerente Miguel Aguilar Sequea, al contratista beneficiado y –de paso– que inviten a los entes de control para que pregunten qué ha pasado con esta ambulancia.

Yo les cuento que con el tiempo han pasado dos gerentes más: a una, Ivis Hernández Benavides, le tocó solucionar el problema que dejó el ‘daña-ambulancias’ alquilando otra y gastándose una fortuna con tal de prestar un servicio inmediato: ¡Más de 55 millones solo en alquiler de ambulancia!.

Y al otro gerente, el que está ahora, Jaison Eljaude, se le ocurrió otra idea más drástica pero con resultados: apretar el ajustado presupuesto del hospital unos meses –que factura unos 120 millones mensuales para asumir todos los gastos-, mientras sacaba los recursos para comprar una ambulancia de segunda y acondicionarla. Esta ya está funcionando.

Mientras tanto, en el lote de Santana, Magdalena, sigue la ambulancia propia del hospital de Pijiño del Carmen esperando volver a la vida, y de paso, salvar algunas vidas. No es justo. Pero así son las vainas de nuestros pueblos abandonados a su suerte. ¡Doña Rosa Cotes, por Dios, despréndase un día del sillón de la Gobernación y venga para que comprenda la soledad y la impotencia de los habitantes de estos pueblos abandonados a su suerte! Si lo hace, Dios y los pobladores la premien; sino lo hace que Dios designe qué hacer con usted.

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