Nos enseñaron que el amor verdadero debería ser fácil, espontáneo y suficiente. Pero cuando aparecen el conflicto, la rutina, las diferencias o el aburrimiento, muchos concluyen que el amor se terminó. ¿Y si el problema no fuera el amor, sino la manera en que hemos aprendido a vivirlo?
En este libro, Flavia Dos Santos reflexiona sobre cómo la cultura de la inmediatez, el miedo a la frustración y la ilusión de que siempre existe una opción mejor han transformado nuestras relaciones. Con una mirada cercana, profunda y provocadora, cuestiona las ideas que hoy debilitan los vínculos y reivindica el valor del compromiso, la conversación, la paciencia y la decisión de construir.
Porque amar no consiste en encontrar a la persona perfecta. Consiste en aprender, una y otra vez, a elegir, cuidar y fortalecer el vínculo cuando dejarlo parece la salida más fácil. En tiempos de relaciones frágiles, este libro es una invitación a recuperar el coraje de permanecer.
Flavia Dos Santos

Nació en Río de Janeiro, Brasil. Desde hace más de 20 años reside en Colombia. Es psicóloga especialista en psicodiagnóstico de la Universidad Nacional de Brasilia y psicoanalista del Instituto DEEP de São Paulo, Brasil; sexóloga clínica del Instituto Sessuologia Clinica Di Roma, Italia, y tiene más de 20 años de experiencia clínica en su consulta con pacientes. Es autora de los libros Sexo sin misterios (2010), Qué hago con el sexo (2011), Poliamor (2013), Sexo mandamiento (2016), Deseo (2020), Eva mordió la manzana (2024) y Amar en tiempos de renuncia (2026). Es, además, conferencista, presentadora, columnista, podcaster y creadora del canal de YouTube flavia2santos, así como un referente de opinión en medios nacionales e internacionales en temas de psicología y sexualidad.
Algunos fragmentos del libro
“Amar en tiempos de renuncia. Este es el título del último libro de Flavia Dos Santos, donde reconoce que «el amor es un sentimiento esquivo» y que «las relaciones sexuales están en crisis».
Aunque la doctora no ve pacientes desnudos, ni comparte sus experiencias íntimas, ni practica el poliamor que tanto parece atraerla, el libro sorprende por su audacia y su sinceridad, no exenta de pesimismo: «Me podría quedar horas contando historias de relaciones que hubieran podido ser y terminaron acabándose». Básicamente, la autora se interesa por reconocer que amar no es un aleteo de angelitos rosados, sino un ejercicio difícil y duro.
Flavia cuenta por qué. Entre los factores principales está el machismo enclaustrado en la sociedad desde hace siglos; además, el repudio al patriarcado lleva a muchas mujeres a escoger la soledad (o la solitud, que es la soledad buscada) antes que someterse a los pesos tradicionales. La situación es grave. «En mis veinticinco años como sexóloga y psicóloga no había visto una crisis emocional tan grave como la actual». Y lo peor es que no se ve la salida. «¿Cuál es la solución?», se pregunta la autora. «No sé —responde—. Siendo honesta, no tengo idea».”
Prólogo de Daniel Samper Pizano
“Algo curioso veo en los días de hoy: personas que se quejan de la dificultad para encontrar el amor o para lograr ser amados. Este libro precisamente nace de ver y sentir esa frustración de la gente a la hora de relacionarse. En 25 años de experiencia como psicóloga clínica y sexóloga veo una crisis aguda en las relaciones, y no hablo solo de relaciones de pareja. Independientemente de las motivaciones para querer estar cerca de alguien, cada vez es más complejo el tema.
La pregunta es: ¿qué está pasando?, si en teoría todos queremos disfrutar de lo mismo: buena compañía, amor, encuentros, coincidencias, placer… Pero lo que predomina es una guerra absurda entre géneros. Teóricos sobre los temas de relaciones sostienen que este fenómeno se da por un desencuentro en la comunicación; es decir, por la falta de diálogo, del uso de la palabra. El amor es el encuentro con el otro, con lo desconocido. Ahora parece imposible de alcanzar, lo que lleva a muchos a cuestionarse y, de pronto, a victimizarse, porque no logran ser amados.”
Página 19
Quién dijo que el amor era fácil. AMAR es cuestionarse, aprender a vivir con las particularidades del otro y construir, y eso requiere tiempo y esfuerzo.
“[…] Vivimos en una época en que, por el afán de comernos el mundo, nos atragantamos hasta tener que «vomitar». Nos llenamos tanto del otro que no tenemos espacio para nosotros mismos. Entonces, caímos en la anorexia, en la que nos rehusamos a comer porque hay tanta oferta que no provoca, que es lo que pasa ahora con las relaciones. Las mujeres estamos agotadas de no ser escuchadas y los hombres son incapaces de poner en palabras sus emociones.”
Página 45
Nos volvimos anoréxicos emocionales. Tenemos tantas ganas de comernos al mundo que nos atragantamos.
“Nuestra generación no ha aprendido a usar las redes sociales, siempre queremos más y más, y eso se vuelve inalcanzable. Y esto aplica también en el amor. Yo he visto muchas relaciones buenas, funcionales, que se terminan por creer que hay algo mejor afuera, porque eso es lo que muestran las fotos y los videos: un mundo ideal y perfecto.
Y muchos, en esa búsqueda de la euforia constante a la que nos llevan las redes sociales, terminan su relación porque creen que es aburrida. A esas personas hoy les digo: la vida es aburrida, las relaciones son aburridas, el trabajo es aburrido, la rutina es aburrida. ¿Quién dijo que la vida era fácil? Amar requiere trabajo, ¡ojo!, no sufrimiento, y para eso la gente hoy no tiene tiempo; lo quiere resolver todo rápido.”
Página 55
Hoy, la queja más frecuente es la falta de sexo porque la gente ya no tiene deseo. Ver tanta perfección y tanta belleza en videos y fotografías crea una anestesia emocional.
“No hay que tratar de entender a los hombres y a las mujeres; todos somos seres humanos con singularidades, tenemos distintos puntos de vista, opiniones y formas de reaccionar marcadas por la experiencia, la historia personal y los traumas.
Para tratar de entender al sexo opuesto, primero hay que conocerse uno, con sus virtudes y «defectos». Esas diferencias son las que nos hacen especiales. Las etiquetas nos encasillan y terminan por dañar las relaciones. Es un error pensar que mi pareja debería saber qué siento y qué necesito porque supuestamente me conoce; querer no significa adivinar.”
Página 69
Las relaciones son vivas y cambiantes y, si tanto el hombre como la mujer no están comprometidos con asumir esos cambios, no podrán avanzar. Lo interesante de una pareja es que los dos puedan conducir hacia una misma dirección; eso significa actualizar los proyectos de vida, los deseos, las frustraciones, los encuentros y también los desencuentros.











