¿Qué es el arte ahora en este mundo humano atravesado todo por lo virtual?
Por Jorge Sarmiento Figueroa
El arte puede que haya sido el primer gran paso humano de la consciencia de lo virtual en este mundo. La música, la pintura, el teatro, la escritura, la poesía, las artes son símbolos, representaciones de la realidad. El arte virtualiza.
Pero no es eso un camino meramente técnico, porque no basta con la representación si dentro de ella no hay una manifestación, un sentido, un deseo, una expresión de adentro, la otra realidad manifiesta que se enlaza con la realidad de otro ser que también al recibirnos se está manifestando. Llamémosla energía, la que nos conecta con lo invisible del mundo que llamamos real.
Ahora, en el confinamiento de una pandemia, el uso de las tecnologías de la comunicación se ha convertido en el gran único medio para vivir el lenguaje, para satisfacer nuestras necesidades de «estar» con los otros en ese hilo invisible que nos hace sensibles. Porque no es solo saber qué está haciendo la otra persona, sino también de comprender cómo está siendo su existencia en este caos, y así darnos el ideal de existirnos en comunión. Eso hace que incluso el ser humano más frío, avaro y desalmado haya querido siempre el arte cerca de su vida, así no entienda nada de la costosa pintura colgada en su pared.
La necesidad de comunicarnos, que ahora se hecho tan vital como beber agua o estar sanos, ha hecho estallar a todos en un frenesí de manifestación: hace transmisiones por redes sociales el que quiere cantar, el que pinta, el que actúa, el que cuenta, el que recita, el que cocina, el que baila. Y sino transmite se graba y lo envía a todos los que pueda. Está el que lo hace por hobbie, el que lo hace por consagración o el que lo hace por sustento. Y está el que lo hace por amor, por gratitud, por generosidad, el que lo hace por interés; o el que lo hace gratis pero necesita dinero, solo que no sabe qué más hacer así que se resigna a brindar de gratis su talento por donde ve que los demás lo hacen, porque no hay más por dónde, y así no tenga un buen celular, tampoco un buen Internet, o tenga todos los juguetes pero le falte un poco de espacio o silencio o comodidad en su casa.
Todos las realidades en las que aparentábamos estar juntos estallaron (adiós misas del domingo en las iglesias, bye bye centros comerciales, abajo los telones de teatros y conciertos, chao amigos de la esquina, pitazo final de los estadios), al mismo tiempo que todo se hace virtual.
¿La realidad se puede hacer virtual? Parece que es lo que los humanos líderes procuran que hagamos, en virtud del virulento mundo natural que hemos ayudado a fabricarnos.
Y si el arte era lo que nos daba símbolos y sentidos para comprender virtualmente el mundo que llamábamos físico, ¿qué es el arte ahora en este mundo humano atravesado todo por lo virtual?
«Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo», escribió Franz Kafka. Y a eso es a lo que me refiero con el problema que me parece se nos vino encima: es muy difícil que el hacha rompa el hielo, si ella misma está congelada dentro del mar.
Quisiera dejar esa pregunta en ese nivel de profundidad de la existencia, con la sinceridad de decir que no tengo la respuesta.
Pero sé que hay otra cara de esa pregunta, un poco más práctica, tal como parece que lo hicieron los primeros humanos artistas:
¿cómo logramos desde nuestras cuevas que el bisonte que pintamos en la pared se convierta en carne para comer y cuero para abrigarnos, si además todo el que puede hunde al mismo tiempo el mágico click de la cacería, ya sea cachorros en las selvas de Instagram, elefantes en las llanuras de Facebook o tigresas en las sabanas de TikTok?











