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Junior y la ilusión de dos finales

El equipo barranquillero disputará la final de la Liga colombiana enfrentando al Medellín, y, por primera vez en su historia, la final de la Copa sudamericana ante el Paranaense brasileño.

Por: Javier Castell

Javier Castell López

Meritoria, sobresaliente campaña construida en lo futbolístico, la más de las veces, desde un estilo coral, auspiciador del toque, de conexiones lubricadas en espacio reducido, y de una estética colectiva vistosa y efectiva.

Con una buena cantidad de goles, muchos de gran factura (recuerdo tres de enorme belleza: picadita de Jarlan a las Águilas, cabezazo de Díaz a la Equidad, y el unipersonal contraataque del mismo Díaz al Huila en el Romelio). Y además, con fines futuristas, la presencia regular y con respuestas alentadoras de cinco o seis jóvenes proyectos de la alacena rojiblanca.

Todo no ha sido positivo, claro que no. Hay vaivenes que hacen dirigir la mirada hacia el desgaste físico generado por la competencia en tres torneos. Personalmente, creo que, si bien es innegable que debe existir un gasto propio de la exigencia que impone la competencia, el juicioso manejo que le dio el cuerpo técnico a la nómina, rotándola en varias oportunidades, no elimina su injerencia pero sí reduce su fuerza como el gran factor.

Luis Díaz, valor importante de Junior

En cambio, sí creo que ha tenido, especialmente en las últimas series, una inestabilidad emocional: La autocomplacencia en Rionegro, la falta de convicción en el segundo tiempo en Bogotá ante Equidad (traumas innecesarios que provocaron contratiempos y alcanzaron a desteñir futbolísticamente las inobjetables clasificaciones), y las inexcusables e infantiles expulsiones de Teófilo y Fuentes ante Santa fe que los dejará por fuera, al menos en uno de los partidos finales, contra Paranaense. Dos jugadores muy influyentes en el andamiaje del Junior con los que no contará el cuerpo técnico.

Para mí, la mayor fuerza del Junior es su fútbol, su valor para querer el balón, su coraje para jugar creando, que no riñe con el otro coraje que le piden ahora en las finales: luchar, correr, meter. No deberían dejarse confundir. Ningún equipo accede a dos finales, y simultáneamente, siendo displicente, sin esfuerzo, sin orden ni sentido de la colaboración. Dudar de su estilo, modificar lo que mejor saben hacer, de lo que los catapultó a esta instancia, de lo que los hizo un equipo ganador y vistoso, no creo que sea una buena idea.

¿Ganarán, perderán? Esa pregunta sin respuesta hace parte de la estresante, y al tiempo, emocionante  incertidumbre de este juego.

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