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12 de octubre

Quienes llegaron a América enseñaron a adorar a un dios más mental que vivencial.

Por Jorge Guebely

El 12 de octubre también nos enseña su leyenda negra, el advenimiento de las calamidades modernas a territorios americanos. Infortunios culturales, mentales y físicos que han construido nuestro presente.

Nos recuerda que descubridores y conquistadores, seres trastornados para la invasión, usaron y abusaron de las masacres como estrategia militar; utilizaron el genocidio para triunfar y el saqueo para ser. Nos sometieron a la condición de tercermundista, a la situación de ser permanentemente expoliados por el primer mundo.

Con los colonos españoles, gente surgida de los bajos fondos económicos de Castilla y del sur español, aprendimos: Que el indio es inferior y el europeo es superior; que los negros y los pobres sólo sirven para la servidumbre, que poseer la tierra constituye el fin fundamental de la existencia.

Colonos que, por las tierras adquiridas, se creían los nobles del Nuevo Mundo. Se sentían, en su intimidad, verdaderos duques, marqueses, hidalgos, con obediencia al rey. Hacendados partidos, vivían y viven con el cuerpo en América y el alma en Europa. Con ellos aprendimos el espíritu conservador, de corte dictatorial, bandera que llevamos adherida en el fondo de la conciencia.

El imperio de la cruz nos enseñó: Que la sumisión y la obediencia en la tierra son bonos para alcanzar el cielo, que la divinidad es una iglesia con imágenes montadas por discursos teológicos. Aprendimos a adorar a un dios más mental que vivencial.

Aprendimos el espíritu criollo, los hijos de hacendados. Ambigua generación que oscilaba entre el pasado conservador y el futuro liberal. Fueron liberales para independizarse burocráticamente del coloniaje español, pero conservadores en el gobierno. Actuaron como fichas del capital liberal europeo para fundar repúblicas con libres mercados. Bolívar, mejor ejemplo de esa ambigüedad: Nació terrateniente, se volvió héroe liberal y gobernó como conservador con aspiraciones monárquicas.

Laberíntica historia que llega hasta nuestros días como maldición de aquel viejo 12 de octubre, como castigo para pagar los errores de los abuelos. De allí surge nuestra élite violenta, indolente y despiadada; nuestro conservatismo elitista, arcaico e insensible; nuestro liberalismo burocrático, escandaloso e insubstancial; nuestras iglesias vociferantes, retardatarias y sin divinidad en sus recintos. Surge nuestro Estado fallido para la inmensa mayoría de colombianos y triunfante para una élite. Surge un pueblo que adora a sus verdugos y una ciudadanía que se acomoda al mejor postor y un barco en hundimiento donde se escuchan los gritos de “sálvense el que pueda”.

Según Juan Manuel Roca: “Estábamos mejor cuando la tierra era plana”. Y tiene razón.

jguebelyo@gmail.com

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