Desafió la monotonía laboral con la facilitación gráfica. Se volvió su negocio. El Pensamiento visual que hoy millones aplican para el trabajo y la vida.
Por: Jairo Alonso Castañeda
En Colombia a nadie se le ocurriría que es posible ganarse la vida “haciendo garabatos”. Un país en donde no parece haber comunión entre el trabajo y el entretenimiento.
Es cierto que todo ilustrador en sus inicios es acusado de “soñador”: ¿Para qué haces eso que nunca trascenderá?, pregunta la familia.
A través de un artículo del Clarín (diario argentino) conocí a Ana Dorado, una emprendedora que desafió las leyes de la tradición laboral con la facilitación gráfica. La contacté por su instagram (ver al final del artículo) y compartimos impresiones sobre este ingenioso y atípico emprendimiento.
El Visual Thinking ha ido ganando terreno en los países que se atreven a inyectarle lúdica a la rutina laboral. Ana Dorado es una intrusa en las reuniones corporativas de importantes marcas en Argentina, armada con sus marcadores de colores y su pliego de papel periódico para demostrar a los asistentes la importancia de plasmar en dibujos sus ideas de negocio: “Me inspiro más al aterrizarlas así”, dicen al finalizar cada sesión.
Desde niña graficaba todo lo que veía. Cuando alguna amiga le contaba sus temas personales con ese típico: ¿lo hago o no lo hago?, Ana simplemente llevaba esos dilemas a una forma más fresca para poder digerirlos, activando una chispa que más tarde iba a crecer.
Después de haber estudiado diseño gráfico y ejecutar funciones habituales en esa área, alguien la capacitó en Pensamiento Visual y le fue dando un formato de trabajo que cada día tomaba más en serio, hasta que se atrevió a preguntar en oficinas: “¿Te puedo mostrar lo que hago en tu reunión a ver que pasa?». Cerciorándose al final de qué tan atractivo fue: “¿Te sirvió o no te sirvió?” . Otorgando muestras gratis de su poder gráfico fue, como ella misma dice, “puliéndose en lancha”.
¿Dos años sin recibir dinero?
Cuando apostó todo a esta herramienta, duró dos años sin facturar, pero el apoyo de la familia fue incuestionable.
¿La familia promedio tiene recursos para esperar que un hijo empiece a producir con una actividad que le hace feliz? Ana se abrió a otros escenarios: eventos, esboce de proyectos, conferencias en donde fue destronando a las convencionales diapositivas de power point, incorporando ese sello que la hace auténtica. Al final de cada evento queda algo genuino, artesanal, garabatesco, que recopila el adn de todos. Y eso le ha permitido viajar a otros países y ciudades del interior argentino.
La capacitación mínima es de 4 horas y la máxima llega a ser de 3 días. No coloca muchas reglas para realizar la dinámica: sólo que dejen los egos afuera, estar todo el tiempo con un marcador: “copien mis gráficos o también cópiense del compañero de al lado, porque este lenguaje es universal”, mientras coloca música al gusto de los presentes. Insiste en que no se burlen los unos de los otros, porque en la escuela mucho talento se paralizó cuando les dijeron: “no sabes dibujar”, parecida a esa sentencia de: “no sabes bailar”.
Arrancando con ejercicios fáciles se va alejando la vergüenza de no dibujar tan bien, de menos a más, y con la firme convicción de adaptar un método que aumenta la conexión entre tú y el objetivo trazado.
Ana te invita a que dibujes cómo quieres que sea tu día, tu semana, tu emprendimiento a futuro ¿te animas?
@loquellevas
@_anadorado_













