Militares de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, la más poderosa organización politico- militar del mundo, conocen a fondo la «alta corrupción del Estado profundo» en EU. Por eso intentaron darle golpe de estado a Obama. Se salvó porque surgió la candidatura de Trump.
Rafael Sarmiento Coley/Michael Salla*
Revelaciones periodísticas conocidas ahora por el grueso público en abril de 2018, ponen los pelos de punta sobre cuán frágil está la democracia en Estados Unidos, en donde todo lo manejan, tras bambalinas, altos militares y directores de las principales agencias de inteligencia.
Los escabrosos pasos de la cúpula de la inteligencia y agencias de seguridad de Estados Unidos ponen los pelos de punta al mundo, según el canal divulgacióntotal.com, que acoge los textos del periodista e investigador Michael Salla y consulta a varios viejos conocedores de lo que ocurre en las profundidades del vientre del monstruo llamado Estados Unidos.
Revelan que la poderoso Agencia Nacional de Inteligencia (NSA por sus siglas en inglés), la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) y la Dirección Nacional de Inteligencia lograron reunir una federación de 16 agencias de espionaje estadounidense.
Según el informe, dicha poderosa agremiación de inteligencia militar desde hace años descubrió la alta corrupción que “existe en el Estado profundo, y que es como un cáncer que ha contaminado a altos funcionarios que conviven eternamente con esa inmoralidad, mientras la economía del país se hunde cada día más”.
Las dudas de los atentados

Hilary Clinton y Donald Trump enfrentados de manera agresiva durante un debate televisivo en la carrera por la presidencia de Estados Unidos. Que finalmente ganó Trump.
Ya desde los tiempos de la presidencia de George Bush hijo, las agencias de inteligencias estaban muy preocupadas por la corrupción que el propio presidente del momento había incrementado, pues en sus tiempos de director de la CIA “hizo muchas acciones ilegales, negocios sucios de cambiar cocaína por armas y otras cosas”.
Dentro de esas muchas cosas más, la inteligencia militar cree que los ataques del once de septiembre contra las torres gemelas y el pentágono con aviones repletos de explosivos y con decenas de inocentes pasajeros a bordo, que se estrellaron contra dichas edificaciones, causando centenares de muertos y heridos, y la destrucción total de las Torres Gemelas, fueron “un falso positivo” orquestado por los corruptos que están enquistados en el “Estado profundo y en altos cargos intocables”.
Por ello, cuando ganó Obama, del partido Demócrata, no confiaron en él y lo estuvieron vigilando muy de cerca. A los dos años del mandato de Obama la inteligencia militar se reunió para analizar la situación y la conclusión fue que el presidente de turno era un incapaz, que se había convertido, sin quererlo, en un títere de la corrupción del “Estado profundo”.

El presidente sempiterno (cuasi dictador) de Rusia, Wladimir Putin, también metió mano en la elección de Trump.
La salida que planearon de inmediato fue un golpe de estado. Pero reaccionaron “como buenos patriotas”. No podían darle esa puñalada trapera a la considerada más sólida y poderosa democracia del mundo. No podían sacar a la fuerza a un presidente elegido en forma legítima por el pueblo, para poner un dictador. Eso jamás “puede suceder en la historia de la larga democracia norteamericana”.
Salta el nombre de Trump
De manera audaz uno de los altos miembros de los servicios de inteligencia, por su cuenta, fue a la Torre Trump. Después de una larga cena y un buen tabaco habano acompañado de fino escocés, el visitante preguntó al multimillonario anfitrión que, si estaría dispuesto a lanzar su candidatura por el Partido Republicano para derrotar a la candidata de los Demócratas, Hillary Clinton, esposa del expresidente Bill Clinton, quien estuvo durante 8 años en la Casa Blanca.
La sorpresa del visitante fue enorme, cuando Donald Trump, el rey del negocio de las grandes construcciones en finca y raíz, admitió que sí estaba dispuesto a postularse. “¡Lo autorizo para que les diga a sus compañeros de las agencias de seguridad del Estado, que desde ya soy el candidato del Partido Republicano, para ello quiero contar con el apoyo incondicional de todos ustedes!”.
Los servicios de inteligencia desconfiaban de los
Durante los encuentros cara a cara en espacios de televisión, Trump se mofaba de Hillary Clinton con toda clase de muecas y frases burlonas. La ‘perrateaba’ como cualquier muchacho grosero.
Clinton por sus supuestos nexos con los carteles de la droga mexicana cuando fue Gobernador de un Estado cercano a la frontera azteca. Aseguraron que el propio Clinton probaba la mercancía que pasaba por sus manos.
Del mismo modo aseguraban que los Clinton algo tenían que ver con el accidente aéreo en el que murió John F. Kennedy Jr. con su novia. La avioneta, piloteada por el propio John, se perdió en las profundidades del mar cuando volaban hacia una isla para asistir a un matrimonio. Los servicios de inteligencia investigaron bien el accidente y concluyeron que fue provocado por manos criminales que colocaron un potente explosivo en la aeronave en la cual murieron John y su novia.
De acuerdo con las divulgaciones de la CIA, la muerte del último bastión político de los Kennedy se produjo cuando se supo que lanzaría su candidatura al Senado por el partido Demócrata con el firme propósito “de luchar contra la corrupción que carcome las finanzas públicas de Estados Unidos”. Esas fuertes y sinceras declaraciones se convirtieron en su epitafio.
Por todos esos antecedentes la cúpula de la inteligencia militar estadounidense concluyó que había que cerrarle el paso a Hillary Clinton a como diera lugar.
Así fue como, según las investigaciones del periodista y escritor Michael Salla, presentadas en dos capítulos por Divulgacióntotal.com, llegó a la Casa Blanca, como un toro salvaje, Donald Trump, con una lista debajo del brazo de los principales artífices de la corrupción, a quienes había que descabezar de inmediato.











