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De exitomaníacos y fracasomaniáticos

 

El éxito de la política consiste en farfullar un lenguaje coherente y ficticio a la vez.

El comentario de Elías

Por Jorge Guebely

Los políticos exitosos aplican la premisa de Confucio cuando afirmaba que para dominar un pueblo bastaba nombrarle una realidad. Diría yo: fabricarle una realidad a través del lenguaje. Seducirlo y aprisionarlo con una semántica artificiosa y verosímil. Depositarlo en un desierto y alucinarlo hasta cuando crea que vive un paraíso. Es muy fácil dominar un pueblo drogado con cualquier discurso político.

El verbo de un político oscila entre dos extremos falsos, entre el exceso de optimismo y el exceso de pesimismo: exitomanía y fracasomanía. Algunas veces, “exitómanos” o, otras veces, “fracasomaniáticos” dependiendo de la posición que ocupe en el entramado político.

Exitómanos cuando usufructúan el poder, y fracasomaniáticos cuando aspiran al poder, desde la oposición. Sin embargo, desde afuera, casi todo es alucinación. “¡Qué irónico que, por medio del lenguaje, un hombre se degrade por debajo de lo que no tiene lenguaje!”, afirmaba Kierkegaard.

Exitomaniáticas son las palabras del presidente al proceso de paz: “El sol brilla, por fin, en el cielo de Colombia”. Y “La guerra que causó tanta angustia y tanto sufrimiento a nuestra población, ha terminado” Y mejor aún, “Desde Alaska hasta la Patagonia sólo hay un territorio de paz”. Jerga seductora de semántica pomposa.

Y fracasomaniáticos son los discursos de la oposición: “Seremos conquistados por el castrochavismo”.  “Con los votos del santismo, del liberalismo y la izquierda unida, las Farc se tomarán el poder en las elecciones del 2018”. “Con el apoyo de Ecuador y Bolivia, nos convertiremos en la nueva Venezuela”. “El gobierno y la ONU están amangualados para favorecer a las Farc”. “Los 120 billones comprometidos para el posconflicto se destinarán a los zánganos de las Farc». Fiebre por construir lingüísticamente fracasos, por destruir gobierno, por orquestar campañas electorales sembrando miedo y construyendo terror. Razón tenía Adam Smith cuando afirmaba que el lenguaje era el gran instrumento de la ambición humana.

Con tanto exceso de exitomanía y de fracasomanía, estamos sometidos a la constante confrontación de ideas huecas, a la permanente alucinación electoral, al interminable surtidor de ignorancia humana. Monserga política que empaña la conciencia de sus creyentes, empobrece la realidad con peroratas maquilladas y escandalosas. Su verdadero poder no reside en ganar elecciones sino en drogar a la gente con una verbosidad alucinante y emotiva. Construir ignorancia (Agnotología) humana y lucidez política es la clave de su perpetuación, el éxito de los gobernantes, el dolor de los pueblos.

jguebelyo@gmail.com

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