Este viernes, día definitivo para Navelena. El foro-taller que se realiza en Barranquilla aporta muchas luces sobre la importancia de la arterial fluvial para el transporte multimodal, la pesca, el turismo y la energía.
Por Rafael Sarmiento Coley
Este viernes es el plazo definitivo para que Navelena presente la viabilidad del cierre financiero para su contrato de concesión para la recuperación de la navegabilidad del Río Magdalena, según confirmaron directivos de la Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena (Cormagdalena), reunidos en Barranquilla durante dos días en el foro taller sobre la importancia de devolver la vitalidad del principal afluente de Colombia.
En este evento, realizado martes y miércoles con la activa participación de la Fundación ValenciaPort del puerto español de Valencia, se divulgaron los procesos de planificación y gestión estratégica asociado al transporte fluvial y otros usos en el Río Magdalena, relacionados con el Plan de Acción Fluvial (PAF) y con el Plan de Expansión Portuaria Fluvial (Pepf), en desarrollo.
Durante el foro-taller los participantes –navieros, representantes de los principales puertos ribereños del Magdalena, en especial los concesionarios de los 22 kilómetros desde Bocas de Ceniza hasta Malambo- estudiaron en forma detenida los aspectos tarifarios a pagar a un concesionario, siempre y cuando garantice una navegación todo el año, 24 horas al día, con independencia de las lluvias y de las llamadas ‘mareas de la madera podrida que baja por el río’.
No es fácil el reto
Miguel M. Garín Alemany, director de Desarrollo Internacional de la Fundación Valenciaport, asegura que están dadas todas las condiciones para aplicar un plan bien estructurado que recupere la vitalidad del Río, no solo en su aspecto de navegabilidad, sino en responsabilidad social para elevar el nivel y las condiciones de vida de más de medio país que habita en sus riberas durante centurarias, viendo pasar la corriente y la vida sin que puedan disfrutar de servicios elementales del Siglo 21 como la energía eléctrica, agua potable y alcantarillado.
Gonzalo Botero, exdirector de Cormagdalena, asegura que “lo que ocurre es que hay muchos obstáculos para que se lleve a cabo un plan general de recuperación del Río”.
Dina Sierra, directora encargada de Cormagdalena, dijo que del foro-taller “se sacarán muchas conclusiones que serán muy útiles para el futuro plan que deba aplicarse para la recuperación plena del Río”.
El consultor en materia fluvial del Ministerio de Transportes, Jorge Saenz precisó que el Gobierno adelanta “un estudio general de todos sus recursos hídricos, especialmente de los numerosos ríos susceptibles de recuperarlos para el transporte mutimodal, el turismo fluvial, por ejemplo, hacia ciudades históricas como Mompox, generación de energía eléctrica, adecuación de tierras, control a inundaciones y medidas para prevenir la pesca indiscriminada y la contaminante explotación minera.
Todos los conferencistas coincidieron en la necesidad apremiante de salvar el contratro para la recuperación de la navegabilidad.
El Gobierno Nacional ya anunció que, en caso de fracasar el cierre financiero y que se venza el último plazo que tiene Navelena del 23 de noviembre, se aportarían $23 mil millones con cargo a los presupuestos nacionales de 2017 y 2018 para “medio sostener la profundidad del canal navegable en ciertos puntos críticos”.
Pero eso sería como un pañito de agua tibia para las necesidades del Río, que sufre de graves males. Tales como la inmensa sedimentación que le baja desde el lecho del Río. La contaminación por las aguas de alcantarilla de más de medio país.
Dentro de esos múltiples enemigos, además de la sedimentación y la contaminación, están los pulpos del transporte terrestre que no quieren ‘perder la teta’ de un multimillonario negocio, pues, al no tener un competidor fuerte como el transporte fluvial, imponen tarifas y otras condiciones, además de poner al país en jaque, como se vio durante el reciente paro de camioneros.
Otros enemigos ocultos de la recuperación del Río son los concesionarios portuarios con planchones y otros medios livianos, que ven con malos ojos que una empresa bien organizada haga los trabajos de recuperación a cabalidad, a cambio de unas adecuadas tarifas que compensen la inversión que se requiere para tan exigente y descomunal obra.















