66 meses después, todavía no se sabe en realidad qué ocasionó el hueco por donde se colaron 1.200 millones de metros cúbicos de agua.
Por Rafael Sarmiento Coley/foto Slider/Jairo Buitrago
Es comprensible que el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano De la Rosa, esté afanado por asegurarse que no se repita el drama vivido en el sur del departamento a partir del 30 de noviembre de 2010. Todavía hay gente que no se ha recuperado de la ruina que significó aquel trágico boquete que, 66 meses después, está “impune”. No se sabe en realidad qué pasó. El propio Eduardo Verano, en cuyo primer periodo le tocó semejante ‘chicharrón’, todavía está grogui por semejante trancazo.

Como un ‘capitán del aire’, el gobernador del Atlántico sobrevoló este domingo la zona del Canal del Dique para vigilar las obras que se adelantan. Fotocortesía Gobernación/Atlántico
Unos dicen que fueron “manos criminales” que taponaron caños del lado de Bolívar, para impedir que se les anegaran pastos y cultivos. En esos momentos la cota del Río Magdalena estaba en 9.25 metros, el nivel más alto en toda su historia. Si fue cierto que taponaron caños en la margen izquierda del Canal (en el departamento de Bolívar), el curso normal de las aguas desvió con fuerza hacia la margen derecha (el lado del Atlántico) y produjo el boquete. La naturaleza golpea al hombre cuando menos lo espera. Pero lo del taponamiento de caños en la parte de Bolívar es apenas una hipótesis. No es una certeza.
Otros sostienen que, por aquellos meses anteriores a noviembre de 2010, hubo intenso tráfico de maquinaria pesada por la carretera-terraplén que empieza al pie del puente de Calamar y termina en Santa Lucía. Lo cual habría debilitado las estructuras de la vía-dique. Lo cierto es que en zonas rurales de municipios del centro y sur atlanticense hay muchas canteras de caliza para las cementeras, arena y el más variado material para el sector de la construcción, no es de descartar que por esa época muchos transportadores de esos materiales usaran la vía-terraplén para salir directo a la carretera Oriental y entrar a Barranquilla por el sur y tomar la Vía Circunvalar. Es otra hipótesis.
Todo se perdió
En todo caso, lo cierto fue que el boquete se abrió ese 30 de noviembre de 2010 a las 4.25 de la tarde. A partir de ese momento empezó la tragedia para 102.125 seres humanos afectados por inundaciones en Santa Lucía (que quedó totalmente bajo las aguas y solo se veía la torre de la iglesia), Campo de la Cruz, Suán, Candelaria, Manatí, Repelón y una densa zona rural de Sabanalarga.

Vista aérea desde el puente de Calamar, a pocos metros de la orilla del Río Magdalena, que alimenta el Canal del Dique. Si el Río aumenta el caudal, el Canal afronta graves riesgos. Fotocortesía Gobernaci+on/Atlántico
Eduardo Verano no quiere que lo sorprenda esa triste arremetida de las aguas del Río Magdalena sobre el Canal del Dique. Por eso vigila a toda hora que los trabajos de protección de la carretera Calamar – Santa Lucía avancen con la rapidez y calidad requeridas. Porque no es tanto que se haga, sino que se realice con suficiente fortaleza que resista la arremetida de las aguas.
Hasta ahora, según el Gobernador Verano, las obras en la vía-terraplén que bordea el Canal del Dique desde el puente de Calamar hasta Santa Lucía, avanzan de acuerdo con lo concertado entre la Gobernación del Atlántico y el Fondo Adaptación, este último organismo responsable de la contratación de esta labor.
Como ‘con candela no hay perro flojo’, en esta ocasión las propias comunidades de las poblaciones propensas a ser afectadas por las inundaciones han creado comités de vigilancia y control para prender las alarmas, en caso de que las aguas sigan subiendo de nivel. El caso es que, si las lluvias continúan en el interior del país, el Río Magdalena se crece y busca salidas para descargar sus aguas. Vienen los desbordamientos. Las ciénagas rebosan e inundan millones de hectáreas de cultivos y pastos en la Costa Caribe. Las pérdidas son millonarias. Miles de familias lo pierden todo. Quedan en completa ruina.
Lo grave es que esas mismas aguas rebosantes del Magdalena son las que caen sobre el Canal del Dique, una vía acuática que la colonia española abrió en el siglo XVI para conectar el Río con el mar en la bahía de Cartagena.
Que siga sobrevolando

El Canal del Dique en toda su dimensión. A la derecha, la carretera que a la vez sirve de dique de contención, que es donde se realizan las obras financiadas por la Gobernación del Atlántico y el Fondo de Adaptación Nacional. Fotocortesía Gobernación/Atlántico.
Por eso hay que reconocer la incansable acción con la cual el Gobernador Verano vigila los trabajos en la vía-terraplén. Su balance es positivo. Las obras avanzan al ritmo deseado. A esta conclusión llegó, luego de un sobrevuelo que hizo este domingo por la zona del Canal del Dique para verificar el estado de los trabajos que tienen como meta proteger la vía de posibles filtraciones.
El Gobernador indicó, luego de bajar del helicóptero y reponerse del soroche (mareo natural por el poco oxígeno que recibió en el recorrido aéreo), que, durante el sobrevuelo, en el que estuvo acompañado por el secretario del Interior, Guillermo Polo Carbonell (a quien el soroche lo dejó ‘mudo’ durante una hora), se apreció que hay un avance significativo y que en tres meses las obras estarán terminadas.
¿De quién será esa empresa?
Latinoamericana de Construcciones (Latinco) es la empresa contratada por el Fondo Adaptación para el diseño técnico de la obra de reforzamiento de la vía. Ese reforzamiento se hace a través de un talud que implica la remoción de la arena que está en el margen derecho de la carretera y se rellena con médano fino, compuesto que es extraído del Canal del Dique cuando se hace el dragado de sedimentos.
(A propósito de ‘Latinco’, ¿quiénes serán los dueños de dicha empresa? O, ¿a qué grupo económico pertenece? Todo eso es bueno saberlo a tiempo, no por nada malo, sino porque al mejor cazador se le va la liebre. No olvidemos desastres como los de la BP en México, los de la Bayer -área de productos químicos- y pare de contar, sin excluir las pérdidas por vías mal construidas o caducidad de contratos en obras en las cuales el Estado colombiano pierde millones de pesos, o casos emblemáticos como el de Chambacú y Dragacol).
Sí hubo problemas, claro

Las obras para reforzar el dique de contención avanzan a todo ritmo, con maquinaria pesada y personal que labora las 24 horas del día, incluyendo domingos y feriados. Foto cortesía Gobernación/Atlántico.
“Este material, según los técnicos del Fondo Adaptación, es el que hace impermeable e impide que haya filtraciones desde el Canal del Dique por la carretera. Hoy vemos que se está trabajando a buen ritmo tras reanudarse la obra por algunos problemas prediales”, manifestó el Gobernador.
(Grave que esos ‘problemas prediales no se hubiesen resuelto a la mayor brevedad posible, y sería bueno conocer los nombres de los propietarios de esos predios que causaron el atraso).
Luego de este proceso inicia la otra fase: el terreno es cercado para evitar que sea utilizado por agricultores, luego se siembran semillas para que germine vegetación y con una malla sobre el terreno se ayuda a que el material se compacte.
El presidente de las Asociaciones de Juntas de Acciones Comunales de Suan, Iván Guerrero Gallardo, manifestó que se está generando confianza entre los habitantes del sur del Atlántico por los trabajos que se están haciendo. Señaló que ahora lo que viene es que se inicien las obras de protección en Santa Lucía.
“Ha sido un trabajo arduo, por fortuna, hoy el Fondo Adaptación está respondiendo a través de la presión que ha ejercido la Gobernación y es algo que agradecemos todos los habitantes del sur del Atlántico”, señaló el líder comunal.











