Es un ataque fuera de foco y rayano en el vandalismo, por parte de un gremio como los mototaxistas, que deberían ser menos intolerantes.
Por Rafael Sarmiento Coley
Si no fuera porque alguna vez buena parte del mototaxismo barranquillero se organizó como gremio y realizó varios pactos con Alex Char en su administración anterior, calificar de actos vandálicos los cometidos contra tres buses padrones de Transmetro sería lo correcto.
Lo grave es que los mototaxistas no son vándalos. No podrían serlo, si, al fin y al cabo, prestan un servicio público (aunque no esté legalizado), y, se presume, debe estar conformado por un gremio decente, ecuánime y solidario con todo tipo de pasajeros. Los del taxi, los de las busetas, los de las bicitaxis, por supuesto los de Transmetro, que es el medio masivo más utilizado por la comunidad de menores ingresos económicos.
Desde ningún punto de vista se justifica ese ataque cobarde contra los tres padrones atestados de pasajeros, lo que configura un grave riesgo y se debe calificar de un atentado homicida colectivo. ¡Grave cosa!
Pero claro, los mototaxistas atacan a Transmetro porque es el servicio colectivo de pasajeros más visible, y por lo tanto más sensible cuando se registran estos actos crueles y monstruosos contra unos pasajeros indefensos, que son los que, por desgracia, resultan afectados. Varios resultaron heridos y con golpes de mucho riesgo en la cabeza.
Lo que no entienden los alebrestados mototaxistas es que Transmetro es un patrimonio de todos los barranquilleros y, por lo tanto, quien atente contra este sistema de transporte eficiente y barato se gana el desprecio de buena parte de la comunidad en donde esos mismos atacantes vandálicos encuentran sus ocasionales pasajeros que les dan de comer.
El costo de los $8 millones – según los cálculos del actual gerente de Transmetro, uno de los funcionarios públicos más eficientes del Distrito y su Área Metropolitana- para reparar los destrozos, no es nada. El costo incalculable es el daño que ese ataque salvaje causa en la comunidad. El pánico que siembra en el universo de usuarios de Transmetro una turba, una simple piedra. Y lo más grave de todo es que, con estos ataques a un medio de locomoción, los mototaxistas atacantes están violando uno de los derechos sagrados que consagra la Constitución de 1991. El derecho a la libre movilidad. Los mototaxistas alegarán – si es que tienen algo en la mollera- que ellos también tienen derecho al trabajo. Es cierto. Es un Derecho Constitucional. Pero poner en riesgo el buen funcionamiento de un medio masivo de transporte y atentar contra la integridad física de los pasajeros, viola casi todos los derechos fundamentales que consagra la Constitución. Y ahí sí que llevan la de perder los mototaxistas.

Alex Char lo primero que hizo luego de posesionarse fue hacer un viaje a bordo de un articulado de Transmetro, con el gerente Ricardo Restrepo, el presidente del Concejo Juan Carlos Ospino y los pasajeros de turno.
Por lo tanto, lo recomendable es que dejen a un lado la intolerancia, que es malísima consejera, y avénganse al dialogo. Busquen los canales de comunicación con los gobiernos Distrital y Departamental, con el Concejo y la Asamblea, que son corporaciones de puertas abiertas, lo cual se ha logrado en otras épocas más difíciles. Pero tratar de tomarse justicia por su propia mano atentando contra un bien público querido y defendido por la masa inmensa de usuario es un suicidio político-gremial y una desfachatez ante la opinión pública. Entiéndalo como una sugerencia sana y sincera. Recuerden lo que dijo Benito Juarez: “El respeto al derecho ajeno, es la paz”.












