Análisis

Análisis político.- El muladar

Ya lo reza el viejo adagio: “Los pueblos se merecen a sus gobernantes”. 

 Por Abelardo De la Espriella

1 AbelarditoLa política en Colombia se ha convertido en muchas cosas terribles, pero más que todo funciona como una especie de ‘recicladero’ de individuos que no sirvieron para nada en la vida y que no fueron exitosos o prósperos en lo que hacían, si es que alguna vez hicieron algo.

¿Recuerdan esos colegios que recibían a los vagos y renegados que botaban de otros centros educativos serios? Así mismo funciona la política aquí.

En otros tiempos, el ejercicio de la cosa pública democrática estaba reservado para los más brillantes y destacados; hoy, con algunas honrosas excepciones, la mediocridad y la ignorancia son los comunes denominadores. La imbecilidad pulula, y la falta de cultura y formación parecen erigirse como requisitos indispensables para aspirar a las corporaciones de elección popular.

Ya lo reza el viejo adagio: “Los pueblos se merecen a sus gobernantes”. No siempre fue así. En el pasado, contamos con la fortuna de tener al mando a grandes estadistas que, gracias a su estructura académica y humana, sacaron al país del ostracismo y lo enrutaron en la vía del desarrollo. Colombia dejó de ser, por cuenta de esos titanes, un simple lugar en el mundo y fue así como se empezaron a cimentar los pilares de esta nación.

La realidad es cruel y despiadada. Basta echarle un vistazo a los candidatos inscritos para las elecciones de octubre: hay gente muy buena y competente, pero, tristemente, son la minoría. La mayoría de ellos, en cambio, son una bola de sabandijas que solo buscan llenar sus bolsillos, porque descubrieron que la mala práctica política es un negocio muy rentable, con el plus de que no hay una política de Estado seria y contundente para combatir la corrupción. En consecuencia, los inescrupulosos pueden saquear el erario, con la plena seguridad de que no serán encausados por ello.

Conozco varios casos que ejemplifican, con suficiencia, el grado de decadencia y ‘perratería’ que ha alcanzado nuestra mal llamada democracia. La carta de presentación dejó de ser la inteligencia y las buenas ideas para jalonar las transformaciones que requiere este país.

Hoy día, el que tiene la plata necesaria puede ser lo que a bien tenga: el hambre, en todo caso, no es buena consejera política, y en estas tierras hay bastante. Por ello, cualquier ‘mamarracho’ con plata se compra el puesto que sea: el que no quiso estudiar, la oveja negra de la familia, el que fue incapaz de hacer empresa, o el bobo que se toma fotos con fajos de billetes, descamisado y con un arma al cinto, entre otros especímenes.

Por eso estamos como estamos, porque los menos capacitados son los que mandan, y así es imposible salir del hueco. Tenemos un problema adicional: la gente formada y decente no quiere meterse en política, porque ya es sabido que, en esa plaza, para triunfar, hay que convertirse en malo de verdad.

La política tiene que volver a ser lo que debe ser: una actividad de la inteligencia, que, además, hay que ejercer con nobleza, y cuyo único propósito sea servir a los menos favorecidos y, para ello, necesitamos a los mejores.

La ñapa I: Quien pretenda volverse rico con el periodismo, no es periodista; es un mercader de los medios. Los objetivos principales del periodismo son informar y estructurar opinión, y eso debe hacerse objetivamente y con independencia, cosa que es imposible cuando hay intereses económicos de por medio.

La ñapa II: Que alguien le diga al Presidente que el tal “congresito” es un imposible jurídico. ¿Dónde están los asesores? ¡Ya está bueno de hacer el ridículo!

La ñapa III: Mientras no se haga la paz en el Capitolio y en el Palacio de Nariño, será imposible concretar un acuerdo sostenible con las Farc.

abdelaespriella@lawyersenterprise.com

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