La comunidad lucha para que el parque salga de la inseguridad y el abandono. El Distrito quiere apoyarlos, pero tiene que sortear primero un caso de litigio de tierras.
Por Jorge Sarmiento Figueroa y Estela Monterrosa
El pasado miércoles 3 de junio fue convocada una reunión por el comité de vecinos del parque El Limoncito, desesperados por la ola de inseguridad en el sector y el abandono en que por más de cuarenta años los ha tenido el gobierno distrital. La reunión fue en la capilla. Allí exhortaron al Foro Hídrico a que tome cartas en el asunto porque esta entidad suspendió las obras de remodelación que hacen parte del programa ‘Todos al parque’.
El principal argumento dado por la entidad en dicha reunión es que hay un litigio por el derecho de propiedad de una casa situada en el parque, por lo cual no podrían continuar las obras hasta que la Secretaría de Espacio Público y Control Urbano no resuelva el caso. (Ver primera entrega: En El Limoncito no todos van al parque).
Asistentes a esta reunión narraron a Lachachara.co que el representante de Foro Hídrico informó que ya existe un presunto documento que será entregado esta semana a dicha familia por parte de Control Urbano y Espacio Público, para notificarlos de que tienen que desalojar la casa del parque.
Lachachara.co consultó sobre el tema a uno de los abogados que más letra menuda conoce de este tipo de casos en Barranquilla, su análisis es el siguiente: «Como la familia tuvo posesión de la casa y la ha mantenido desde antes de que la propiedad privada pasara a manos del Distrito, ellos están en su derecho de legítima posesión. Si el Distrito decidió incluir los diez mil metros cuadrados como zona de parque, luego de haber legalizado la donación que le hizo la familia Parrish, tendrá como mínimo que reubicar a la familia otorgándole título de propiedad en una nueva vivienda».

- El nuevo comandante de Policía del sector se dirige a la comunidad en la reunión de seguridad realizada en la capilla de El Limoncito, el pasado 10 de junio.
De la familia Gascón, que es la que vive en dicha casa, nadie ha asistido a las reuniones de socialización del proyecto ni a la de seguridad. Se suelen quedar sentados en una banca al frente de su casa, viendo a lo lejos los acontecimientos. Algunos asistentes a las reuniones comentan que esto es indicio de intransigencia, los Gascón en cambio manifestaron a Lachachara.co que no asisten porque no saben cómo es que se debe proceder en estos casos. Eduardo Gascón, uno de los hermanos mayores expresó a este medio que «no es verdad que queramos adueñarnos del parque, no pretendemos más de lo que merecemos. Hasta ahora el gobierno no nos ha ofrecido nada oficialmente, no hay nada escrito, y nosotros no hemos rechazado nada. Lo que sé es que somos vecinos y me sorprende el trato que nos dan después de décadas de convivir en armonía. No puedo permitir que mi hermanos se queden sin techo. Por ejemplo, ¿es mucho pedir que acomoden los diseños respetando nuestros derechos?», expresa.
Hay que resaltar que Eduardo Gascón y su hermana Justina ya no habitan la casa. En ella solo conviven los demás hermanos: Noreima y una hija suya, Rafael y Raúl, con su esposa. Pero la familia entera se desvela pensando cuál será la respuesta del gobierno distrital. Pronto la sabrán. Como la sabrán todos los vecinos. Cuando dicha respuesta llegue será el cierre de un capítulo más de la polémica historia del parque donde la política, la religión, la disputa de tierras, la droga y la inseguridad han sido protagonistas de primer orden.
Asombra que todo esto haya sucedido en apenas cuarenta años y en diez mil metros cuadrados. Bueno, ya el área no mide diez mil, ahora son ocho mil, porque el pedazo restante ahora lo ocupa la Iglesia. Lo cual resulta paradójico porque, aunque Dios y la Divina Misericordia habitan allí, no ha habido aún sabiduría posible para que entre las partes lleguen a un final salomónico que permita que todos, sobre todo los niños -de ellos es el Reino-, disfruten El Limoncito.
Artículo anterior: En El Limoncito no todos van al parque – Primera entrega











