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Las canoas de los caños de la Intendencia no pueden navegar

Más de 30 canoeros, que sostienen familias de 8 y 10 personas, llevan más de 2 meses inactivos inactivos porque la taruya de los caños de la Intendencia no los deja mover. 

Por Rafael Sarmiento Coley/Fotos Jairo Buitrago

Primero les dijeron que hablaran con la directora del Damab, Jacqueline Reina. Cuando llegaron a la sede de dicho organismo los porteros no los dejaron pasar porque “ya la doctora Reina no manda aquí. Renunció porque quiere ser Alcaldesa de Soledad con el apoyo de don Robert Gerlein Echeverría. En este momento ella está en manos de los estilistas, masajistas, cirugías estéticas, manicuristas, y expertos en imagen corporativa”.

CANOAS (3)Se fueron con el rabo entre las piernas. En busca de una salida desesperada se fueron a donde su amiga la secretaria de Salud Alma Pineda, que para ellos ha sido un alma bendita, y ella les aseguró que eso era resorte y responsabilidad del Foro Hídrico, que se dirigieran a donde su amable y sonriente director Gonzalo ‘Sonrisal’ Baute.

Los canoeros, en efecto, fueron a la oficina del doctor Baute. No lo encontraron. Una secretaria sin despegar mucho los labios les dijo en una forma casi inaudible, que “el doctor está jugando un partido de fútbol con los pescadores de La Cangrejera.

´Traba0s’ sin marihuana ni perico

Los canoeros del caño cogieron un bus de Urbaplaya que los paseó por huecos y recovecos de la zona más pobre de La Playa, hasta llegar a ‘Muela de Cangrejo’, ‘Sal Si puede’ y por último ‘La Cangrejera’. Los canoeros de la Intendencia no son ningunos santos, pero aseguran que cuando llegaron a La Cangrejera estaban ‘trabaos’ del olor de la marihuana, el basuco y el bóxer que se consume por montones en esos barrios.

CANOAS (2)Por fin se encontraron frente a frente con  el doctor Baute. Jadeante, sudado, sentado encima de unos cascos de cangrejo que ya hace tiempo habían pasado por un sancocho.

Baute sudaba como caballo cochero de la cabeza a los pies y, como es cabeza rapada, más suda el cráneo y riega todo el sudor por el cuerpo.

Les escuchó la monserga de los canoeros de la Intendencia, tuvo la decencia de ponerse de pie y saludarlos de mano en mano luego de sacudirse las posaderos llenas de restos de cangrejos consumidos y consumados. Los miró uno a uno con una mirada de conmiseración, y finalmente les dijo lo que los pobres visitantes no querían oír, “la verdad es que ya el Foro Hídrico no tiene un peso para invertir en nada. Lo último que se invirtió se destinó al Arroyo León, que descarga su caudal en estas aguas mansas de la Ciénaga de Mallorquín”.

Uno de los canoeros más esperanzados le dijo “pero, docto, ¿por qué no registra las gavetas del escritorio para ver si hay por ahí un chequecito perdido en medio de tantos papeles”.Baute de inmediato lo desanimó: “es que esas gavetas están tan peladas como mi cabeza…no hay nada”. Otro de los canoeros, más realista, acotó, “docto, entonces, ¿no queda más remedio que echarse a llorar”. Y Baute le respondió: “¡Pues, sí!” Y todos hicieron un círculo como los jugadores de fútbol lo hacen para darse ánimo antes de un partido clave. Lo que acá era distinto. Acá los canoeros y Baute hicieron la ronda para llorar a moco tendido.De regreso a la intendencia, en una buseta que daba saltos de hueco en hueco y le sacaba el esguince a asaltantes de la vía armados de machetillas y cuchillos, los canoeros de la Intendencia contaban su desgracia: “estamos varaos por culpa de la  gran cantidad de  taruya que ha tapado todo el canal”.

El hijo de un ganadero de los Montes de María

 Juan Esquivia, uno de los canoeros, hombre corpulento y de poco hablar, soltó la lengua para contar su historia. Es hijo de uno de los más grandes ganaderos que hubo en los Montes de María. Como fue simpático y alegre desde su primera juventud, y además el cuerpo que le ayudaba, no había mujer que se le resistiera, no tanto atraída por la simpatía de Juan, sino por la seguridad de que una virginidad en esa época en esa zona costaba tres vacas paridas. Además de las mujeres, Juan se convirtió en el más famoso de los galleros, lo que le atrajo la simpatía de los conjuntos vallenatos más famosos del país. Todos lo nombraban en sus canciones y cada saludo era un caballo fino o un toro de cría que los cantantes y acordeonistas de inmediato iban montando en un camión de vareta con rumbo desconocido. En una ocasión uno de los cantantes lo saludó tres veces en un trabajo musical internacional. Y Juan se emocionó tanto, que cuando el cantante fue a brindarle una parranda, le regaló una cuatro puerta cero kilómetros.

CANOAS (1) La riqueza paterna se acabó, y desde entonces Juan se ha tenido que ir rebuscando la vida de cualquier manera, hasta terminar de canoero en los caños del mercado de Barranquilla. Antes el trabajo de los canoeros en estos caños era más duro. Porque, como las aguas estaba sucias y podridas, nadie se asomaba por ahí, solo los canoeros y los compradores de yuca, naranja, plátano, pescado, que se iba a esa zona maloliente a comprar esos productos más baratos, con un transporte hasta el camión o la camioneta casi regalado, porque lo hacían los canoeros, a quienes llamaban ‘Chanot’, un personaje de los paquitos, muñequitos o cómics que antes vendían en las calles de las ciudades costeñas.

 La vida les cambió cuando la alcaldesa Elsa Noguera De la Espriella le dio un cogotazo al cabeza pelada de Gonzalo Baute para que sacara plata de alguna parte, que les pidiera a los contratistas amigos a quienes Baute entregó hasta el último centavo para obras etéreas. Porque ya estaba recuperada, limpia y hermosa la Intendencia Fluvial y solo faltaba limpiar los caños, volver sus aguas transparentes y convertir a los canoeros que antes eran bulteros hediondos a pescado podrido, en guías turísticos que paseaban a decenas de turistas emocionados por todas las zonas recuperadas de los caños de la Intendencia y del mercado de Barranquillita. Así estaban viviendo en ese mundo de burbujas con turistas bañados en los más agradables aromas, hasta cuando hace dos meses se les entaruyó la fiesta. Sus familias, compuestas por 8 y hasta 10 personas, si comen una, no comen dos veces al día

Sí. Los canoeros se entaruyaron. Así como quedan entaruyados los candidatos a quienes no les alcanzan los votos para obtener una curul, entonces quedan botados en las taruyas de Puerto Mocho. Se suspendieron los paseos. Ellos, los hasta hace dos meses famosos ‘Chanot’, ahora ruegan a la alcaldesa Elsa Noguera que le hale las orejas a Baute para que les saque plata a los contratistas a quienes les adjudicó tantos contratos. Un dinero suficiente que alcance para la nueva limpieza de los caños, para que los barranquilleros puedan disfrutar nuevamente a bordo de las  canoas. Es, simplemente, apartar la taruya, sacarla del agua y amontonarla en tierra, como lo hacía Eduardo Verano hace 25 años cuando fue subgerente de las desaparecidas Empresas Públicas Municipales (EPM). Verano, en invierno, madrugaba con un gancho a sacar la taruya de los caños.

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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