Laureano Acuña y Yahir Acuña, ambos costeños sabaneros, ambos congresistas cuestionados por violar leyes que ellos mismos hicieron.
Por El Propio Búho
Que lo haga el pobre chofer de un destartalado taxi de pueblo, pues queda siempre el beneficio del perdón porque se trata “de un pobre diablo ignorantón, que no sabía que estaba prohibido manejar con más de tres tragos de ron en el buche”.
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Laureano Acuña Díaz, senador conservador residente en Barranquilla.[/caption]
Lo que es imperdonable es que les ocurra a unos señores a quienes el Estado les paga un jurgo de plata al mes dizque para “aprobar las leyes que conduzcan a lograr un Estado más humano, más justo y con mayores oportunidades para todos”. El primer marrano que cayó fue Eduardo Merlano, senador de origen sucreño, borracho y altanero aquí en Barranquilla en mayo de 2012 en un retén de control policial contra el consumo de licores de los conductores.
Una de las pocas honrosas excepciones de una buena ley aprobada en el Congreso de la República es esa que sanciona de manera drástica a quienes conducen en estado de embriaguez. Gracias a esa norma severa los índices de muertes y heridos por accidentes de tránsito han disminuido tanto en carretera como en las ciudades. Y gracias a las buenas campañas de control con cámaras fotográficas y excelentes avisos de advertencia a tiempo, se podría asegurar que Colombia es un país por el cual se puede viajar sin tantos suicidas en la vía. Pero nunca faltan los badulaques y atrabiliarios que se pasan la ley por la faja.
Ahora resultó con los whisky entre pecho y espalda Laureano Acuña Díaz, el popular ‘Gato Volador’, en La Guajira, cuando venía de regreso a casa en Barranquilla. El asunto de Yahir, registrado en nota aparte en este portal, es de absoluto irrespeto a normas electorales por las que ya el Consejo Nacional Electoral deberá pronunciarse.
Lo curioso es que estos muchachos Acuña no son familia. Su historial, su comportamiento y sus continuas embarradas los presenta como si fueran gemelos. Como si los uniera un gen misterioso. La plata y el poder los volvió soberbios y arbitrarios. Como quien dice “yo hago la ley, yo dispongo de la ley”. Este es el tipo de congresista corrupto que vende su conciencia a los abogadillos bandidos que van al Congreso con proyectos de ley ya elaborados por ellos para favorecer a sus corruptos clientes. Llámense banqueros, petroleros, mineros, dueños de almacenes de grandes superficies, fabricantes de “refrescos que emborrachan”. Y el pobre pueblo llevado del diablo con más impuestos por todas partes.
Es de verdad doloroso que estos muchachos, que en otras circunstancias fueran dignos de mostrar como claro ejemplo de superación y reafirmarían aquello que tanto se pregona de que aquí hay oportunidades para que todos surjan, hagan semejante ridículo ante la opinión pública.
Juventudes en ascenso
Lo bueno es que, cuando surgen estos relevos en la política local, la comunidad se alegra. Lo mismo que cuando surgen nuevas firmas contratistas. Lo indeseable es que todo cambia para que nada cambie. Los políticos nuevos, con raras excepciones, resultan más corruptos que los viejos, y en materia de la contratación pública, también con las consabidas excepciones, son los mismos con las mismas. El mejor ejemplo es el de Sergio Torres Reátiga (es de suponer que quienes hoy están al frente de la firma son sus nietos), que es contratista desde la época en que estaba de gerente de las desaparecidas Empresas Públicas Municipales mister Samuel Hallopeter, un gringo de esos a quienes no se los brinca un chivo y quien logró mantener a raya a concejales, contratistas y jefes políticos.
Nuevos esquemas
Los vientos de esperanza que soplan en Barranquilla es que, siguiendo una tendencia mundial, las casas políticas están en manos de jóvenes empresarios. Que miran la política como un mal necesario y, de todas maneras, vienen con la cultura de la responsabilidad social.
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Eduardo Merlano, el primero en perder la curul por manejar borracho.[/caption]
El Nuevo Orden Mundial es el que impone los gobiernos en los principales países del mundo. Por lo que se ve en Barranquilla, en los últimos años, una generación de empresarios que escasamente llegan a los 50 años, son los que lideran colosales emporios empresariales de talla internacional. Y son ellos quienes deciden a quiénes apoyar para Gobernación, Alcaldía, Concejos y Asamblea, lo mismo que en Congreso y Presidencia de la República.
Desde luego, lo hacen con el propósito obvio de defender los intereses de sus grupos empresariales, pero vienen con una mejor formación académica. Con un poco más de ética y moral. No son tan rabo e’ vaca como ciertos politiqueros que se roban hasta los huecos. Y si llegan a los cargos públicos por elección popular, no dejan ni el cucayo.
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