Para dominar un pueblo, basta inventar una verdad y sembrarla en lo profundo de su conciencia colectiva. Los griegos, según Nietzsche, impusieron la ‘búsqueda de la verdad’ como su verdad para conquistar a los vecinos.
Por Jorge Guebely
Los romanos enfatizaron en ‘la virtud militar’ con la que construyeron un imperio de seis siglos. Los católicos vencieron a los romanos a través de un ‘reino ultra-terrenal’ compuesto de ángeles y diablos. La iglesia, a su vez, sucumbió ante la actual verdad de los comerciantes donde el dinero ocupa el valor soberano y el comercio representa su rito cotidiano. La historia es una fila india de mentiras apuntaladas como verdades para someter a los otros. Sólo porque toda mentira vestida de verdad es una bandera para esclavizar.
Y mientras no descubramos la verdad del ser humano, tendremos que padecer los estragos de la ‘verdad comercial’. Es decir, padecer la élite económica mundial, su promotora, concentrando riquezas y construyendo pauperización en su voracidad; los Estados Unidos imponiendo la democracia en las culturas del mundo, las guerras fratricidas para alimentar el comercio de las armas y la expoliación de los recursos ajenos, el terror del Ébola para vender millones de vacunas, y el descrédito de la gordura para provocar cientos de cirugías estéticas… En fin de cuentas, para eso inventaron su verdad, para usufructuar los mercados y el miedo planificado sobre los pueblos.
También toca padecer las ‘verdades’ nacionales. El optimismo de los políticos y la publicidad de vivir en un país emergente. No importa si el crecimiento económico se convalida en algunos pocos y la democracia sólo es efectiva para la élite económica. Nadie negará la libertad de prensa y el tercer lugar en el ranking mundial de la Selección de fútbol. En Colombia, las becas del Estado buscan becarios y las viviendas gratuitas buscan propietarios. Sobran los argumentos para sentirse orgulloso de ser colombiano.
El único lastre del país son las Farc. Gracias a ellas hay guerra desde hace 50 años e inequidad en el territorio nacional. Y muchos niños mueren de hambre y algunos ciudadanos son descuartizados. Y proliferan políticos corruptos y los capitalistas evaden impuestos refugiándose en Panamá. Ellas son las culpables de la inseguridad y el desempleo, de la pésima educación pública y la prostitución infantil, y el tráfico de droga. Por ellas, Uribe y Santos discuten pendejadas a pesar de sus sorprendentes coincidencias. Como la élite mundial, la nacional también ondea sus verdades inventadas. Y será así hasta cuando no encontremos otras verdades más humanas.












