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Leonardo Gamarra: los veinte poemas que terminaron convertidos en cenizas

Por: Francisco Figueroa Turcios

Hay incendios que no consumen una casa ni destruyen un bosque. Hay fuegos más silenciosos y devastadores, capaces de reducir a cenizas los sueños de un hombre.

En la vida del maestro Leonardo Gamarra Romero, uno de esos incendios acabó con veinte poemas que durante mucho tiempo había escrito en secreto, alimentando la ilusión de publicar su primer libro y descubrirse ante el mundo no solamente como compositor de canciones, sino también como poeta.

Leonardo Gamarra, oriundo de Sincé, Sucre, llevaba dentro de sí algo más que la inspiración musical. En su espíritu también habitaba un poeta que escribía sin hacer ruido, como quien cultiva un jardín secreto y espera el día en que sus flores puedan ser contempladas por los demás.

Veinte poemas…

Desde el año 1985 el maestro Leonardo Gamarra comenzó a escribir uno, dos, tres poemas… Después llegaron otros, hasta completar veinte. No se trataba de una ocurrencia pasajera. Aquellas hojas guardaban una parte desconocida de su universo interior.

Eran veinte poemas nacidos de su sensibilidad, de esa sabiduría innata que le había permitido convertir sentimientos, recuerdos y experiencias cotidianas en canciones. Pero mientras sus composiciones encontraban caminos para llegar al corazón de los intérpretes y de los amantes de la música, sus poemas permanecían en la intimidad, esperando el momento de abandonar el silencio.

En Sincé, Leonardo compartía amistad con los hermanos Miguel y Patricia Iriarte, reconocidos poetas oriundos de la misma tierra sucreña. La cercanía con Miguel y Patricia fue a través de la amistad con el padre de ellos, Fernando Iriarte Navarro, le ofrecía la posibilidad de acercarse a un universo literario en el que también deseaba encontrar su lugar.

En uno de aquellos encuentros el maestro Leonardo Gamarra, tuvo la oportunidad de mostrarle sus veinte poemas a Patricia Iriarte. No buscaba solamente un elogio amistoso. Quería conocer la opinión de alguien con experiencia en el oficio de la poesía, alguien capaz de decirle si aquellas páginas merecían convertirse en un libro.

El tiempo que tuvieron para compartir fue corto. Patricia no alcanzó a leer los textos con la tranquilidad que habría deseado, pero los que pudo revisar le dejaron una impresión favorable. -No tuve tiempo suficiente de leerlos todos con detenimiento. Recuerdo que había poemas románticos y costumbristas. Los que alcancé a leer me parecieron fantásticos, y no era para menos viniendo del talento del maestro Leonardo Gamarra-, recuerda Patricia Iriarte sobre los poemas del maestro Leonardo Gamarra.

Aquellas palabras de Patricia Iriarte representaron mucho más que una opinión generosa. Para Leonardo fueron una ventana abierta hacia una posibilidad que hasta entonces había mantenido resguardada en su intimidad: publicar su primer libro de poemas.

El proyecto comenzó a caminar. La posibilidad de reunir sus escritos, darles forma editorial y compartirlos con los lectores dejó de ser una simple ilusión. Por primera vez, el compositor de canciones populares veía cercano el nacimiento de una nueva faceta artística.

Todo parecía marchar por buen camino. Pero la vida, que a veces escribe sus páginas con una crueldad que ningún poeta habría imaginado, le tenía reservado un desenlace inesperado.

El día en que el fuego escribió el final

Con el proyecto editorial avanzando, Leonardo Gamarra regresó a su casa dispuesto a recuperar los veinte poemas. Necesitaba aquellas hojas para continuar el proceso de publicación. Allí estaban sus versos, sus confidencias, sus imágenes y los sentimientos que había transformado en palabras durante un tiempo de silenciosa creación. O al menos eso creía. Cuando fue a buscarlos, encontró algo que jamás habría imaginado: los poemas habían desaparecido. En su lugar solamente quedaban cenizas.

La explicación llegó cargada de dolor. Según el relato del maestro, Alicia, su compañera sentimental, había descubierto los manuscritos y, al leerlos, encontró en aquellos versos románticos motivos para sentir celos. La desconfianza terminó convirtiéndose en una decisión irreversible: prenderles fuego a las hojas que contenían los veinte poemas.

El incendio duró lo que tarda el papel en consumirse. Sin embargo, sus consecuencias permanecerían durante años en la memoria del compositor.

No ardieron solamente veinte manuscritos. Con ellos desapareció la posibilidad de recuperar aquellas primeras creaciones, de corregirlas, reunirlas y entregarlas a los lectores. También se esfumó una ilusión que Leonardo había comenzado a acariciar con la esperanza de abrirse camino en el mundo de la poesía.

Para un creador, perder una obra no significa únicamente quedarse sin unas hojas escritas. Significa enfrentarse a la ausencia de algo que alguna vez existió dentro de sí y que, después de tomar forma, parecía destinado a vivir más allá de su autor.

Un dolor que apagó la inspiración

El golpe fue tan profundo que Leonardo Gamarra, no encontró la manera de volver a empezar.

-Al percatarme de que Alicia había quemado los poemas por celos, fue un impacto tan grande que no tuve la capacidad mental para volver a inspirarme en un nuevo poema y menos recordar los que había escrito. Fue un hecho muy frustrante… Me había hecho la ilusión de publicar mi primer libro de poemas-, revela el maestro Leonardo Gamarra al recordar aquel episodio doloroso de su vida artística.

El testimonio exclusivo del maestro Leonardo Gamarra al portal web La Cháchara se advierte la dimensión de una pérdida que no puede medirse por el número de páginas destruidas. El verdadero drama estaba en la imposibilidad de reconstruir lo que había nacido de su imaginación. Los versos se habían convertido en cenizas, pero también se había quebrado el impulso que lo llevaba a escribirlos.

Leonardo Gamarra había demostrado que podía encontrar palabras para la música, narrar sentimientos en las canciones y convertir las experiencias humanas en composiciones capaces de conmover a sus oyentes. Sin embargo, aquella tragedia le mostró que la inspiración también puede quedar herida por circunstancias que escapan al control de quien crea.

Los veinte poemas nunca llegaron a convertirse en el libro que soñó. Tampoco pudieron ser recuperados de la memoria con la fidelidad necesaria para reconstruirlos. Quedaron suspendidos en ese territorio donde habitan las obras perdidas: sabemos que existieron, conocemos parte de su historia, pero ya no tenemos acceso a sus palabras.

Desnudando amores: el libro que el fuego dejó sin lectores

El maestro Leonardo Gamarra Romero ya había bautizado su sueño poético . El libro de poemas que acariciaba publicar tenía un título: Desnudando amores. Tres palabras que parecían anunciar una travesía por los laberintos del corazón humano, una invitación a descubrir los sentimientos que se esconden detrás de las miradas, los silencios, las ilusiones y las heridas del amor.

El proyecto estaba tomando forma. Leonardo había escrito veinte poemas, había encontrado en Patricia Iriarte una primera interlocutora para sus versos y comenzaba a ver posible la publicación de su obra. Ya no era solamente el compositor que convertía historias y sentimientos en canciones. Se preparaba para mostrar al mundo una faceta más íntima de su sensibilidad artística.

Pero Desnudando amores nunca llegó a las librerías. El fuego que consumió los veinte poemas también destruyó la posibilidad inmediata de que aquel libro naciera. No hubo presentación, lectores que pasaran sus páginas ni ejemplares que viajaran de mano en mano. El título sobrevivió en la memoria de su autor, como el nombre de una obra que estuvo a punto de existir y que terminó convertida en una ausencia.

Hay títulos que resumen una vida, otros que anuncian una historia y algunos que, sin proponérselo, terminan contando la tragedia de su propia desaparición. Desnudando amores, pertenece a esta última categoría. El nombre permanece, pero los versos que debían darle cuerpo se perdieron entre las cenizas.

El mundo de la poesía se quedó esperando aquel libro. Nunca sabremos qué secretos guardaban sus páginas, qué amores desnudaban sus versos ni qué imágenes había construido Leonardo con esa sensibilidad que tantas veces encontró expresión en sus canciones.

Quizá el destino le había reservado un lugar distinto en la poesía. Quizá aquellos veinte poemas habrían abierto una nueva puerta en su trayectoria artística. Son preguntas que ya no tienen respuesta. Lo cierto es que Leonardo Gamarra tuvo un libro, un título y veinte poemas. Tuvo también la ilusión de publicarlos. Lo que no pudo conservar fueron las páginas que debían convertir aquel sueño en realidad.

Y así, mientras sus canciones continuaron su camino, Desnudando amores quedó suspendido en la historia como un libro invisible, una obra que nunca llegó a sus lectores y una de esas pérdidas culturales que solo comprendemos cuando imaginamos todo lo que pudo haber sido.

Porque a Leonardo Gamarra no le quemaron solamente veinte poemas: le quemaron las páginas de un libro que ya tenía nombre, pero que jamás pudo conocer a sus lectores.

El poeta que se quedó esperando un libro…

La historia de Leonardo Gamarra tiene una dimensión que trasciende su experiencia personal. Nos recuerda cuántas obras permanecen ocultas, cuántos talentos no alcanzan a mostrarse y cuántos sueños artísticos pueden desaparecer antes de encontrar lectores.

Colombia conoció al compositor, al hombre que hizo de la música una forma de contar la vida. Pero aquellos veinte poemas abrieron, por un instante, la posibilidad de conocer otra faceta suya: la de un escritor que buscaba en la poesía una manera distinta de expresar sus sentimientos.

Patricia Iriarte alcanzó a leer algunos de aquellos versos y conservó una impresión favorable. Leonardo, por su parte, conservó el recuerdo de lo que había perdido. Entre ambos testimonios permanece la memoria de una obra que pudo existir públicamente, pero que nunca llegó a las manos de sus lectores.

Tal vez alguno de aquellos poemas hablaba del amor; quizá otro retrataba las costumbres de su tierra, los personajes de su pueblo o las pequeñas historias que alimentan la imaginación de los creadores. Hoy no es posible saberlo con certeza. Lo único que permanece es el relato de su existencia y el dolor de su desaparición.

El maestro Leonardo Gamarra siguió siendo un hombre de canciones, pero una parte de su historia quedó escrita en un idioma que nadie pudo volver a leer: el de las cenizas. Y en esa pérdida queda flotando una pregunta que el tiempo no ha podido responder: ¿qué habría encontrado Colombia en aquellos veinte poemas?

Quizá un libro de versos románticos y costumbristas. Quizá una nueva voz en la poesía sucreña. Quizá una obra que habría permitido descubrir otra dimensión de su sensibilidad. Nunca lo sabremos. Porque hay poemas que nacen para ser leídos en voz alta y otros que, por una desgracia del destino, terminan convertidos en silencio.

Los veinte poemas de Leonardo Gamarra no llegaron a las librerías. No tuvieron lectores ni reseñas. No conocieron la tinta de una imprenta. Su primer y último destino fue el fuego. Y mientras las canciones del maestro siguen buscando oídos y corazones, aquellos versos perdidos permanecen en la memoria como un libro invisible: el libro que Colombia pudo haber leído y que hoy solo puede imaginar.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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