Por: Francisco Figueroa Turcios
La historia quiso que Argentina e Inglaterra volvieran a encontrarse cuando el Mundial 2026 ya comienza a oler a gloria. No es un cruce más.
El enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra carga sobre sus hombros el peso de una guerra, de una herida nacional y de uno de los capítulos más inolvidables que haya escrito el fútbol. Cuando el balón empiece a rodar el miércoles 15 de julio en la semifinal del mundial Mèxico, Canadá y Estados Unidos 2026, millones de aficionados volverán inevitablemente a viajar hasta el Estadio Azteca de Ciudad de México, donde hace cuarenta años el deporte encontró una manera de dialogar con la historia.
Los fantasmas del mundial 1986..

En 1982, el conflicto de las Malvinas enfrentó a Argentina e Inglaterra por la soberanía del archipiélago del Atlántico Sur.
La guerra dejó centenares de soldados argentinos muertos y una profunda cicatriz en la memoria colectiva de ambos países. Cuatro años más tarde, el destino reunió a las dos selecciones en los cuartos de final del Mundial de México. Aquella tarde, el fútbol dejó de ser únicamente un juego para convertirse en el escenario donde millones de personas descargaban emociones que aún permanecían vivas.
Diego Armando Maradona asumió entonces el papel de protagonista absoluto. En apenas unos minutos escribió dos capítulos opuestos de una misma leyenda. Primero apareció la polémica «Mano de Dios», el gol que desató discusiones interminables. Después llegó una obra maestra inmortal: una carrera de más de sesenta metros esquivando rivales hasta marcar el que muchos consideran el mejor gol en la historia de los mundiales. Argentina ganó 2-1 y avanzó hacia el título, mientras el encuentro adquiría un significado que trascendía el resultado deportivo.
Renacimiento de ese duelo eterno…

Desde entonces, cada enfrentamiento entre argentinos e ingleses ha estado acompañado por la sombra de aquel partido. Han cambiado los entrenadores, las generaciones y las figuras, pero la memoria permanece intacta. Los jóvenes que hoy visten ambas camisetas no combatieron en una guerra ni estuvieron en el Azteca, pero heredaron una rivalidad que forma parte del patrimonio emocional del fútbol mundial.
La semifinal del Mundial de 2026 representa el renacimiento de ese duelo eterno. Lionel Scaloni y su generación buscarán escribir una página propia frente a una Inglaterra decidida a derribar los fantasmas del pasado. Ya no estará Maradona conduciendo la pelota ni Gary Lineker persiguiendo el empate, pero la historia volverá a sentarse en la primera fila del estadio.
Porque algunos partidos deciden quién jugará una final. Argentina contra Inglaterra decide algo más profundo: demuestra que el fútbol conserva la extraordinaria capacidad de mantener viva la memoria de los pueblos sin dejar de mirar hacia el futuro. Cuarenta años después de México 1986, el silbato volverá a sonar. Y, con él, renacerá el partido que nunca terminó.











