Por: Francisco Figueroa Turcios
El tic-tac del reloj, ha marcado setecientas una mil doscientas ochenta horas exactas desde aquel 8 de octubre de 1945 cuando nació Manuel Isaac Anaya Rivero, reconocido en el mundo de la relojería como El Relojero Mayor.
Han sido incontables los minutos, los segundos y los recuerdos que Mane Anaya, como cariñosamente se le conoce en Corozal, ha recorrido a lo largo de su vida durante estos ochenta años. Y, sin embargo, el tiempo siempre resulta breve cuando intentamos expresar con palabras la grandeza de una existencia, y el valor de las huellas que ha dejado en su familia y en todos aquellos que han tenido el privilegio de compartir su camino.

Con el tic-tac de cada reloj, Mane Anaya, dejó huellas imborrables en Corozal y el departamento de Sucre, demostrando que la pasión y la perseverancia son las verdaderas fuerzas motrices detrás de una vida plena y exitosa.
Con tres infartos acuesta y 80 años de edad, Mane, es una leyenda viva y a través del arte de la relojería y joyería sacò adelante a su familia.
Mane Anaya esta casado con Deifa Pérez de cuya unión matrimonial tiene cuatro hijos: Manuel Antonio, Clara, Jairo Gilberto y Karina.

Desde muy joven, Mane mostró un talento innato para la reparación de relojes. Su trayectoria en este fascinante arte de la precisión del tiempo y de la joyería comenzó en el taller de Tulio Betin, donde aprendió los entresijos de las maquinas del relojes y la reparación de joyas.
«Los primeros relojes que reparé fueron los despertadores, los de bolsillos y de pared», con el tiempo empecé a reparar relojes de pulso, automáticos y de cuerda, mucho tiempo después incursioné en los modernos relojes digitales, cuando estos aparecieron en el mercado», con voz nostálgica relata Mane Anaya sobre cada paso en el mundo del reloj.

En sus inicios, al poco tiempo de estar colaborando a su cuñado, en el «Taller Betin», Manuel decidió emprender su propio camino y se trasladó a la capital de Sucre, donde tuvo su propio taller durante casi tres décadas. Cansado de viajar diariamente a Sincelejo, decidió probar suerte y retornó nuevamente a su tierra natal, fue entonces cuando montó su puesto de trabajo en el centro de Corozal.
El viejo refrán que dice que el alumno supera al maestro se le puede acuñar al caso de Mane Anaya, quien brilló con luz propia en su arte.

Foto: Francisco Figueroa Turcios y Mane Anaya
Mane Anaya, a sus ochenta años, dejará de darle vida a cada reloj el día en que el tic-tac de su corazón se detenga, así como miles de relojes lo hicieron y con su sabiduría los ha arreglado para continuar marcado las horas. Mane, es una leyenda viva del mundo del reloj…











