Los niños siempre son personajes utilizados en el cine de terror.
Por: Oscar Arias Diaz
La premisa de niños desaparecidos se ha usado tantas veces en el cine que ya perdí la cuenta. En Weapons, Zach Cregger intenta vestir esa idea con una estructura fragmentada al estilo Kurosawa, pero en clave de terror. El resultado: un rompecabezas lleno de piezas repetidas.
¿Qué es el miedo? El cine de terror lo ha respondido con monstruos, slashers, psicópatas y fenómenos paranormales. Para Hollywood, un buen grito o una carcajada bastan para mover la taquilla. Weapons, en cambio, no ofrece ni lo uno ni lo otro. Se refugia en los lugares comunes del género y nos conduce por un catálogo de arquetipos: la maestra alcohólica y frustrada, el padre desesperado (Josh Brolin) aferrado a la esperanza de encontrar a su hijo, el consejero escolar gay en busca de respuestas, la inevitable tía excéntrica —convertida en bruja al estilo Blair Witch—, el policía infiel y el junkie que resuelve el misterio. Un mosaico predecible, efectista y, a ratos, absurdo.
En Colombia, donde el miedo puede ser una notificación de la DIAN o la frase “que Dios te acompañe” al salir de casa, esta película se siente ingenua. Ni los sobresaltos de sonido ni las actuaciones —planas, sin empatía ni conexión— consiguen transmitir terror en un contexto en el que el miedo ya está a la vuelta de la esquina.
El filme juega con la voz infantil que abre y cierra la narración, como si quisiera darle un aire de fábula oscura. Pero no es novedoso, ni canónico, ni mucho menos una obra de arte: solo otro relato que se disuelve en la previsibilidad. En Colombia ya lleva tres semanas en cartelera, sostenida más por la estrategia en redes y el boca a boca —esa vieja arma del cine— que por sus méritos. Incluso, los momentos que deberían generar miedo terminan más cerca de la comedia involuntaria.
Lo bueno: difícil, pero quizá los disfraces de la tía Gladys encuentren un lugar en Halloween.
Lo malo: predecible, ingenua, incapaz de sostener el segundo acto. Demasiado blanca para la Norteamérica actual, demasiado ligera para quienes esperan que el terror, al menos, obligue a apartar la mirada.
*Oscar Arias Diaz, es doctor en Comunicación de la Universidad del Norte. Master en Dirección Cinematográfica de la ESCAC y se encuentra preparando su ópera prima rodada en el Caribe Colombiano.











