Ana Elvira Román de García importó a Cartagena el modelo educativo de la reconocida pedagoga italiana María Montessori, hace 65 años. El mejor estudiante en 2013 de las pruebas departamentales egresó de su colegio.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general

Enrique Martínez, candidato a Master en Matemáticas, catedrático universitario y del colegio María Montessori.
El profesor de matemáticas entró al salón de clases, los estudiantes tomaron asiento de inmediato, sin esperar a recibir una orden. Uno de ellos se le acercó y le dijo: «Con este ejercicio que inventé sí te corcho. Al final de clase lo miras». El profesor le pidió el papel, lo miró por un instante y con ese ejercicio, basado en derivadas para calcular el coeficiente de aceleración de un automóvil, comenzó su clase.
– Muchachos, yo fui muy malo con las matemáticas cuando estudiaba en el colegio porque no tuve un profesor como yo, así que espero que ustedes sean excelentes-, les bromeó. – ¡Uh! si tú eres nuestra esperanza-, se atrevió a ironizar una estudiante, el resto estalló en risas.
El grupo de 23 jóvenes cursa el último año de bachillerato del único colegio en Cartagena que aplica de manera oficial el modelo pedagógico de María Montessori. Fue también el primero en hacerlo en la Región Caribe.

Ana Elvira Román (sentada) fundó el colegio María Montessori en Cartagena. A su derecha su hija, María Teresa García; a la izquierda, directivas de la institución. Tomada de El Universal.
«Incentivamos la confianza entre estudiantes y profesores, con respeto, para que la comunicación cercana ayude a los jóvenes a apropiarse sin miedo del conocimiento y lo desarrollen», afirma María Teresa García, directora del colegio, para explicar cómo funciona el modelo que diseñó hace más de cien años la maestra y científica italiana que inspira y da su nombre a esta y centenares de instituciones educativas en el mundo.
Montessori implementó su propuesta educativa en 1905, basada en la observación del comportamiento de los niños para dotarlos de herramientas físicas y conceptuales que les permitiera jugar y aprender de manera instintiva, en «ambientes de libertad de expresión y de responsabilidad autónoma».
Fue tal su éxito entre los niños, incluidos los que presentaban deficiencias cognitivas, que el Duce italiano Benito Mussolini y el Führer alemán Adolf Hitler quisieron aplicarlo para la expansión de su doctrina en las escuelas; la fundadora se negó, lo que provocó el cierre de sus institutos y su partida hacia el exilio. Pero ya en Estados Unidos, España, Holanda, India, entre otros países, lo habían empezado a poner en práctica y aún hoy lo implementan como modelo alternativo.
El mejor estudiante del Departamento de Bolívar en las pruebas estatales de 2013 es egresado del María Montessori. Su colegio se ubica desde hace décadas en el nivel Muy superior del Icfes, algo que muy pocos centros educativos han podido lograr en el país. Colombia ocupó este año el último lugar entre 65 países en las pruebas educativas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde).
«Aunque sería ideal que todos los colegios lo aplicaran, sostener el modelo no es fácil ni económico», dice una de las profesoras con 12 años en la institución. «Solo lo cumplimos a rajatabla hasta el último año de primaria. Lo que hacemos en bachillerato es recoger los frutos y mantener el nivel».
La mensualidad es de $700 mil, algo impagable para las familias que ganan de uno a tres salarios mínimos (616.000 pesos), por lo que solo tienen acceso los niños de estratos 4, 5 y 6. Lo paradójico es que muchas familias pudientes prefieren pagar hasta el triple de la mensualidad en colegios ubicados a las afueras de Cartagena «que tienen grandes y lujosas infraestructuras, aunque la mayoría tengan niveles académicos tan malos como los colegios públicos», subraya un padre de familia. Su comentario muestra otra dimensión del problema educativo de la ciudad: los colegios públicos.
La cobertura educativa en Cartagena está por debajo del 75% y en los colegios públicos hay en promedio 35 niños o más por aula. El 18% de ellos abandona cada año los estudios, como informa ‘Cartagena cómo vamos’.
El modelo Montessori solo acoge de 8 a 10 estudiantes por salón en preescolar, aunque este número aumenta hasta llegar a un promedio de 25 en bachillerato.
Un salón de clases es la réplica de una casa, con ventanales y estanterías de las que los niños pueden tomar los objetos que quieran en un sistema de aprendizaje instintivo que les da libertad e iniciativa para desarrollar sus intereses. «Si alguno toma un globo terráqueo, solo nos sentamos junto a él y esperamos a que haga preguntas. Siempre las hacen. Nosotros los estimulamos y así les enseñamos geografía», detalla la coordinadora académica Isis González.
La introductora del modelo en Cartagena fue Ana Elvira Román de García, en 1949, apenas cuatro décadas después de que fuera probado en Italia. Su impacto ha significado tanto para Cartagena que la Alcaldía y la Secretaría de Educación Distrital crearon el 30 de mayo pasado la mención a la ‘Innovación Pedagógica: Ana Elvira Román de García’, como un homenaje a quien asumió el reto de «crear ambientes locales para la investigación, formación y reflexión basados en la capacidad de los niños para innovar».
Al terminar la clase, los estudiantes de último año se pusieron un delantal, y con lienzos y pinceles en mano se dirigieron a un patio, donde los esperaba un profesor graduado de dos universidades en bellas artes y educación artística, quien les dijo como saludo: «¿Saben cómo se pinta un cuerpo humano? Hoy daremos la clase de figuración. Aquí hay elementos para óleo y acrílico, solo les daré la métrica clásica griega, ustedes pueden aplicarla o inventar la suya, yo los guío».














