Otra vez los ‘caciques’ de la politiquería mostraron su capacidad corruptora, comprando los votos necesarios para vencer la abstención marcada de la primera vuelta y ser determinantes en la elección presidencial.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general
En el pueblo colombiano en el cual reina este ‘cacique’ electoral, un municipio en donde mucha plata para obras públicas se la atraganta la corruptela, los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales fueron desalentadores para la democracia.
El pasado 25 de mayo, 67 por ciento del potencial electoral se quedó en su casa sin salir a votar. Fue un promedio que se mantuvo en todo el país y que brilló en una jornada de abstención histórica, signo del desencanto de los ciudadanos con sus dirigentes políticos.
«Lo que pasó en primera vuelta fue que no nos dio la gana de votar, para presionar a Santos y que se bajara del bus con nosotros que somos los que ponemos los votos», dijo franco y duro el ‘cacique’ que por sí solo había logrado poner 3 mil votos en las elecciones al Congreso, es decir un 25% del caudal que luego salió a votar en las de Presidencia.
«No moví un dedo en la Primera. Pero hoy sí ya me mandaron la plata y el Senador sabe que le voy a responder con esos voticos para el Presidente», anunció el ‘cacique’ al rayar las ocho de la mañana, después de haber despachado 30 vehículos entre vans y mototaxis en la apertura de la jornada electoral.
Como había sucedido en las elecciones de Congreso, hoy el pueblo sí se levantó a las seis de la mañana. No con la modorra y la soledad de las calles en la primera vuelta. Autos, camisetas, volantes, comandos, gente por doquier, todo se dispuso para la «fiesta democrática», según las indicaciones del ‘cacique’, quien logró imponer su autoridad como la máxima votación del municipio en las elecciones del Congreso y pidió a la campaña ‘Santos Presidente’ que las fuerzas políticas que lo apoyaban se unieran a su alrededor sin distingo de intereses. «Aquí el que manda soy yo. Les dije que si querían ver resultados pusieran a nombre mío todo el transporte, alimentación y billete para los votos, que yo los reparto entre la gente de los senadores y demás lagartos».
El ‘cacique’ invirtió 15 millones de pesos (la mitad de lo que gastó en las elecciones al Congreso) y recibió el triple para lograr potenciar su caudal y el del resto de caciques y líderes de otros Movimientos políticos. Objetivo: 18 mil votos para Juan Manuel Santos, más del doble de lo que este había sacado en el municipio en primera vuelta.
«No me preocupa la gente de Zuluaga. Los que lo apoyan no tenían la ‘maquinaria’ nuestra, ni publicidad, ni transporte, ni sancocho y tuvieron que invertir lo que tenían en comprar votos. En cambio nosotros teníamos a los senadores, a los representantes, a los funcionarios públicos, y así montamos una buena campaña, como dios manda. Vea, hasta los ‘cachacos’ de las tiendas se vinieron a votar con nosotros porque desconocieron a Zuluaga. Conocían a Uribe, pero el man no pudo lavarles el cerebro con la guerra y ahí llegamos nosotros con la vaina de la paz….Y la mermelada», aguza al final el ‘cacique’.
A las doce del día el pueblo ya votó en un 90 por ciento. Quedan algunos rezagados que estaban flojos por salir, que se habían quedado viendo a Ecuador jugar en el Mundial o que tenían la resaca del partido de la Selección Colombia.
Dos ollas, las de tipo batallón, humean con el sancocho dispuesto para los electores disciplinados. Familias enteras agolpadas en el comando central de ‘Santos Presidente’ salen en fila hacia el patio de la casa del ‘cacique’. Él está en la terraza, apartado hacia una esquina conversa con el Senador, le reporta la soledad de la campaña de Zuluaga y que le pareció haber visto a Jaime Amín (senador electo por el Uribe Centro Democrático), o a alguien parecido, por esos lares manejando algo de líderes y plata, pero que en general la de Santos se impuso sobrada.
En esta ocasión, el ‘cacique’ no ejerció la presión con la que se trabaja en la «maquinaria» para el Congreso. Los electores a la Presidencia reciben menos dádivas, el voto cuesta menos. Si en promedio un Senador paga por su voto $50 ó $100 mil, por el de Presidente se pagan $20 mil. Pero en una situación como la que estaban, con el desastre de la primera vuelta en la que Zuluaga superó a Santos por 500 mil votos debido a la abstención, hubo que reforzar transporte y demás gastos. «Eso sí, las promesas son las mismas que ya habíamos hecho para el Congreso, que si la platica, que si el puesto o el contrato que ya dimos. A mí que no me vengan a pedir más, porque más no hay».
Terminada la «fiesta democrática» el ‘cacique’ se mete a puerta cerrada en la sede del pueblo. Cuadra las cuentas con el resto de líderes de los distintos Movimientos, comparten un trago de whisky para celebrar la diferencia de un millón de votos en las nacionales y la paliza que les metieron en su terruño (Santos sacó aquí diez veces la cantidad de votos que sacó Zuluaga). Algunos votantes quieren entrar a la reunión, buscan la plata que les prometieron por su voto o al menos un trago del escocés. «¡Para nadie hay, repito!», le grita el ‘cacique’ a su esposa cuando esta le quiere avisar. Termina la reunión y sale por el parqueadero con dos de sus amigos y un escolta en su camioneta blindada, rumbo a Barranquilla a la sede del Senador que a esta hora es un hervidero de autos, ‘caciques’, capitanes y lagartos de última hora.
El ‘cacique’ entra con imprudencia justo en el momento en que el Senador sostiene el final de una conversación telefónica con el Presidente, o con alguien de su equipo central en Bogotá (quizás Gaviria, Lleras o algún Ministro importante del Partido), y alcanza a escuchar la última parte, la misma que él había pronunciado horas antes en su pueblo, que le llena el ego porque él también es un «congresista» en su tierra, una cabeza de león en sus proporciones: «Jefe… -dice el Senador al teléfono, que parece hablar con Santos-, a punta de plata y contratos nosotros reelegimos a Uribe, luego lo elegimos a usted y les dije que si querían ver resultados para la segunda vuelta tenían que darnos el apoyo para mover a la gente. Cumpla ahora que nosotros ya le cumplimos. Ya vio que en esta región el que manda soy yo».
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