A raíz de la petición de gremios de profesionales de la salud para subir el color de la advertencia, la respuesta casi unánime ha sido: aplicar el sentido común.
Por Rafael Sarmiento Coley/Jorge Mario Sarmiento Figueroa
En estos últimos días la angustia por el aumento de contagios y fallecimientos a causa de la pandemia del Coronavirus ha generado el despertar y la reacción firme y a fondo de las autoridades y de las agremiaciones médicas de distintas disciplinas del área de la salud.
En primer lugar, el alcalde de Barranquilla Jaime Pumarejo Heins declaró la alerta naranja basado en la evidencia del desproporcionado aumento de los contagios como consecuencia del relajamiento de la comunidad, en cuanto a los autocontroles y el descuido en el uso de las medidas de bioseguridad, como el tapaboca, el distanciamiento, quedarse en casa, evitar las reuniones de más de 10 personas, y mucho menos acudir a rumbas con licor y baile ‘mejilla con mejilla’.
Para analizar estos temas este portal www.lachachara.co, bajo el liderazgo de su director Rafael Sarmiento Coley y el Editor General Jorge Mario Sarmiento Figueroa invitaron a expertos en el tema para una tertulia en plataforma virtual. Participaron el médico psiquiatra Juan Isaac Llanos, el médico internista Iván Manjarrés Fernández y el empresario, columnista de El Heraldo y profundo conocedor de estos temas de la salud, Nicolás Renowitzky Renowitzky.

Sobre la inmunidad de rebaño la conclusión unánime es que todavía falta mucho para llegar a ese nivel, en donde por lo menos el 80% de la población en una ciudad, en un país, en un Continente, esté vacunada y sin reincidencias. Ese inmenso rebaño sano, bloquea el virus de quienes aún lo tengan, lo reducen a la nada.
Pero para llegar allá falta mucho trecho. ¿Entonces qué hacer? Aplicar el sentido común: el autocuidado. La comunidad no debe soltar las campanas al aire porque ya recibió la segunda dosis de vacuna. ¡Cuidado! ¡Mucho cuidado! Porque el virus es fuerte y taimado como ciertos congresistas.
Aún con las dos vacunas entre pecho y espalda, hay que seguir con el lavado de manos, el tapaboca, el alcohol glicerinizado para curarse en salud cada vez que entra y utiliza un cajero automático, cuando agarra dinero en la calle. Y, lo más importante, nada de rumbas, bebetas y reuniones sociales muy concurridas.
La alerta roja
Es una medida extrema. Es deseable que se aplique con el fin de evitar llegar a un verdadero estado de emergencia mayor, con lleno total de hospitales, clínicas y Unidades de Cuidados Intensivos, (UCI), así como la falta de personal médico y paramédico. Sin embargo, se supone que la comunidad barranquillera y caribeña en general tiene la suficiente madurez y conciencia social para no poner en riesgo su vida, la de sus seres queridos, sus amigos y demás miembros de la comunidad en que vive. No actuar de esa manera es suicidarse y dejar en el aire el virus latente y multiplicado a la quinta esencia. Sería una repugnante irresponsabilidad.
Un punto muy positivo que trataron los médicos que participaron en esta tertulia virtual es que, además de las vacunas que ya empezaron a aplicarse, la comunidad puede -y debe- seguir usando medicamentos (desde luego bajo receta médica), que aumentan las defensas, evitan alergias, refriados y gripas, tomar medicamentos que mantengan en perfecta circulación la sangre sin coágulos y no muy espesa, y ayudan a proteger el organismo de bacterias, virus y algún tipo de parásitos. Acción que, según los galenos que estuvieron en la plataforma virtual, cumple con los principios mínimos de prevención. Como es el caso de las gotas de Ivermectina, fármaco que, tan pronto se popularizó, un empresario israelí que tiene un laboratorio en la vía 40 convirtió el liquido en ‘capsulas blancas’ y atiborró las droguerías de este medicamento con una buena venta gracias a estímulos disimulados a los mostradoristas de dichas farmacias. Hasta ahora no se sabe si el Invima ya aprobó este medicamento y si cumple con los requisitos de derechos reservados de autor original.
Porque si a una persona se le presentan síntomas de infección en la garganta, un buen médico lo controla con el antibiótico más adecuado y con menos efectos colaterales. En las semanas más dramáticas de la pandemia en Barranquilla hubo una admirable sinergia entre la administración y generosos profesionales de distintas disciplinas y empresarios filántropos que repartieron gratis miles de kids con complementos vitamínicos, antivirales, analgésicos, antipiréticos, anticoagulantes, descongestionantes de las respiratorias y un coctel de todas las vitaminas habidas y por haber, así como el polémico uso de dióxido de claro, que el expresidente estadounidense Donald Trump fue uno de los principales componentes que le dieron en el ‘coctel de pepas´ para eliminarle el contagio del Coronavirus.

“Medidas buscan disminuir contagios”: Pumarejo
Tras el anuncio del Distrito de intensificar el toque de queda y la ley seca desde las 6:00 p.m., hasta las 5:00 a.m., a partir del miércoles 31 de marzo hasta el domingo 4 de abril, el alcalde Jaime Pumarejo Heins enfatizó que estas medidas se aplican para combatir los principales focos de contagios que se han identificado en la ciudad, como las fiestas sociales y familiares.
En ese sentido, el alcalde Pumarejo hizo un llamado a la ciudadanía a acatar estas medidas para disminuir las posibilidades de contagio de los barranquilleros.
“Esta medida lo que busca es cambiar el comportamiento y reforzar lo que los datos nos dicen, y es dónde ocurren los contagios, que es en la reunión familiar y social. Este es un llamado a que en este momento difícil de la pandemia nos quedemos en casa y evitemos incrementar el número de contagios. No queremos que la gente se contagie de manera innecesaria y termine en desenlaces fatales que hubiésemos podido evitar”, indicó el alcalde Pumarejo.
Por lo anterior, el mandatario distrital reiteró que se eviten los principales escenarios donde se están reportando que las personas adquieren el virus.
“Más del 80% de los contagios de las recientes semanas se han dado por el descontrol en la reunión familiar y social”, insistió.
El mandatario también señaló que “preocupa el relajamiento en los almuerzos de trabajo, es decir, las personas que almuerzan juntas, en sitios cerrados, sin ventilación mecánica o circulación de aire. Ahí también ocurre el contagio”, dijo.
Por lo que recalcó que es momento de seguir cuidándose, continuar con los protocolos de bioseguridad y no bajar la guardia frente al contagio del Covid-19.
Sobre la aplicación de la vacuna, el alcalde Pumarejo manifestó la importancia de recibir el fármaco.
“Le pedimos a la gente que se vacune, que le pierdan el miedo a la vacunación, porque la vacuna salva vidas”, aseguró.
Inmunidad de grupo, una idea de doble filo contra la pandemia

Según Javier Yanes (@yanes68 ), el servicio ‘Ventana del Conocimiento del banco BBVA, “desde que la pandemia de Covid-19 comenzó a alterar nuestras vidas de un modo insospechado, existe un lugar imaginario al que queremos llegar para sentirnos a salvo: la inmunidad. Las vacunas están en camino; pero hasta que lleguen, durante meses se ha discutido intensamente sobre la inmunidad de grupo, la idea de que, al alcanzar una cierta proporción de población ya contagiada, la epidemia se extinguirá por sí sola, al reducirse la probabilidad de que aquellos aún susceptibles entren en contacto con el virus. Algunos científicos defienden este objetivo; decenas de ellos han firmado una declaración al respecto, duramente contestada por otros, y el concepto motiva de forma más o menos subrepticia la estrategia de algún país, como Suecia. Sin embargo, numerosos expertos advierten: no solo confiar en la inmunidad de grupo significaría la pérdida de muchas vidas, sino que además ese lugar no es realmente como a menudo se imagina. Si es que siquiera llega a existir”.
Dióxido de Cloro, otra temita
En este video el científico que promueve el Dióxido de Carbono como una cura efectiva contra el Covid-19 no da su brazo a torcer. Y todo parece indicar que cada día le salen nuevos adeptos, a juzgar por lo que dijo el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que él se había curado el contagio con un coctel d pepas, principalmente con Dióxido de Cloro. La vaina es que no se sabe si lo dijo de verdad o en broma, porque en esos días andaba de mamagallista de mal gusto para sobrellevar la convicción de que lo sacarían de la Casa Blanca como a perro en misa.
“BBVA-OpennMind-Materia-Inmunidad de grupo-Pandemia-Covid 19-Inmunidad grupal 2-La idea de la inmunidad de grupo surgió en el ámbito de la ganadería. Crédito: Heidelbergerin
“La idea de la inmunidad de grupo comenzó a surgir en el ámbito de la ganadería a comienzos del siglo XX. Mientras que los granjeros solían sacrificar las reses afectadas por las infecciones abortivas contagiosas, que por entonces eran una lacra para las explotaciones, en 1916 los veterinarios George Potter y Adolph Eichhorn intuyeron que estos animales podían contribuir a crear una “inmunidad de rebaño”, de modo similar a cómo un fuego se alimenta de combustible nuevo y no crece sobre material ya quemado. En 1923 los microbiólogos británicos William Topley y Graham Wilson experimentaban con la “inmunidad de rebaño” en ratones, preguntándose si era preferible que una misma resistencia total a un patógeno en una población se distribuyera de modo que hubiese unos pocos individuos inmunes al cien por cien y otros totalmente susceptibles, o que todos tuvieran una cierta inmunidad parcial.
Partes de las estrategias de vacunación
“El propio Topley y el patólogo Sheldon Dudley pronto exportaron la idea a las epidemias en las aulas y residencias escolares. En los años 30 se discutía la inmunidad de grupo en el contexto de las infecciones más preocupantes entonces, como la polio, la viruela, la gripe o el sarampión. En los 50 y 60 el concepto entró en el debate de la salud pública en referencia a qué porcentaje de la población era necesario vacunar para alcanzar la inmunidad grupal. En la década de los 70 se llegó por fin a cuantificar el llamado Umbral de Inmunidad de Rebaño (HIT, por sus siglas en inglés) al darle una formulación matemática: el porcentaje de población inmunizada estimado para que una epidemia comience a decaer es 1 – 1/R0, siendo R0 el número básico de reproducción de la infección, o a cuántas personas como media infecta cada contagiado al inicio de un brote, cuando toda la población es susceptible y se mezcla al azar.
“Desde entonces, la intervención de la inmunidad de grupo se ha reconocido en las idas y venidas de las epidemias infantiles, y ha formado parte de las estrategias de vacunación masiva. Pero no sin debate: los más críticos recuerdan que el término “rebaño” hace referencia al origen de este concepto en la ganadería, donde se considera aceptable sacrificar a una parte del grupo para proteger al resto, y que por lo tanto debe emplearse con extrema cautela cuando se aplica a las poblaciones humanas. Y, en cualquier caso, en referencia a los humanos la inmunidad grupal solo se ha manejado en relación con las vacunaciones; jamás se había planteado como un objetivo a lograr dejando que un virus corra libremente. No existe ningún precedente histórico de ello.
Una distancia muy larga
“Y, sin embargo, las especulaciones sobre la posibilidad de alcanzar una inmunidad de grupo al coronavirus SARS-CoV-2 mediante la infección natural no han cesado, si bien se han topado con numerosas incertidumbres. Los cálculos de R0 estimaron un HIT de en torno al 60 o 70%, pero aún persisten serias dudas incluso sobre la calidad y la duración de la inmunidad en las personas que han superado la infección. Algunos científicos defienden que el porcentaje podría descender si se introducen variables complejas; por ejemplo, no todos los individuos son igualmente susceptibles ni están expuestos en el mismo grado, y si la población aún no infectada va siendo más resistente, esto podría bajar el umbral de la inmunidad. Ciertos estudios han llegado a reducirlo al 40% o incluso al 10-20%, pero otros expertos lo cuestionan”.
(Alcanzar una inmunidad de grupo real no significaría un parón brusco de los contagios. Crédito: Candid_Shots)
“Pero sobre todo, y además de que dejar al virus campar a sus anchas resultaría en un inaceptable número de muertes y de enfermos con graves secuelas, a menudo se olvida que incluso alcanzar una inmunidad de grupo real no significaría un parón brusco de los contagios, sino una frenada suave que doblegaría la curva poco a poco hasta una futura extinción final de la epidemia. Y la distancia de frenada puede ser muy larga: un modelo epidemiológico calculó que, con un HIT del 66%, la epidemia solo se detendría por completo una vez infectado el 94% de la población. “La visión de que la epidemia esencialmente se ha acabado una vez que se alcanza el punto de inmunidad de grupo es errónea”, escribían los investigadores. Es decir, que la inmunidad de grupo serviría en la práctica para proteger solo a un privilegiado 6% de la población. Inmunidad de grupo, sí, pero solo vía vacuna.











