La segunda ciudad del Magdalena, que fuera emporio de riqueza en la época de oro del banano, ha cambiado mucho.
Por María Margarita Porto Henriquez
Pues así más o menos debería estar. Claro que con menos contaminación motora porque antaño, el encanto de Ciénaga se imaginaba uno, a futuro el billar de Pepe Feoli con muchas mesas ocupadas por jóvenes que, siguiendo la tradición de los padres, se reunían sanamente alrededor de unas frías, agradecidos con los alcaldes que hicieron posible el sano progreso y el uso inteligente y cristalino de los recursos del erario en pro de la educación, salud, desarrollo urbano, humano, social y cultural.

La Navidad se imaginaba así. Con ciudadanos respetuosos y de buen ser. Creíamos que, en diciembre, seguirían haciendo los pesebres en vivo en las casas de los cienagueros creyentes de la fe y la esperanza con el coro de «los pastorcitos» los cuales, con mucha disciplina, los niños pequeños ensayaban en la Almendra Tropical, donde Chiri, Chaveta, el Mono Del Gordo sí, ahí en la Calle de las Carreras, hoy mentada, La 12 cuyos villancicos era cantados con un unos instrumentos musicales artesanales elaborados con ellos mismos con la ayuda de sus padres.
Ya no se escuchan los cantos infantiles
Se trata de un corto palo de escoba el cual dejaba escapar su sonido por checas (tapas de «cascos» de gaseosa) aplastados con una piedras y enzarzados en los clavos en el palo. En las Novenas los pastorcitos iban al Comando de la Policía ahí mismo de esta ahora a cantarle a los presos eventuales y sus cantos eran transmitidos por la emisora Ondas de Ciénaga Grande, en vivo, canto infantil y alegre que hasta los hogares cienagueros.

La Plaza se la imaginaba uno, que algún día, caería nieve el 24 pero no dañaría los juguetes, miles de juguetes que colocaban en las aceras alrededor de nuestra hermosa plaza, porque en Ciénaga todo, absolutamente todo, puede suceder. Como ahora. Ahora no puede caer nieve porque los bolardos modernos productos de «la evolución urbanística y paisajismo», no deja que caiga ni un copo de la nieve que tu y yo conocemos.
Ahora caen otros polvillos blancos. La Plaza. Bella imagen emblemática que en nuestra añeja retina se niega a olvidar, hoy modificada de rara e ilógica manera. Allí nacieron los primeros amores de la adolescencia, noveles manos asidas a escondidas de los noviecitos que apenas empezaban a conocer el amor y amistad.
La Ciénaga de antaño era la proyección del futuro en manos de una realidad que superaría la ficción. Nos quedamos cortos. La realidad empezó a superar la ficción, pero con el caminar acompasado por las proféticas y apocalípticas palabras de De la Borgia y Gómez. Ciénaga para atrás». Pero yo le agregaría «Estática cual foto en sepia».
Feliz inicio de la Novena de Niño Dios
MaríaMargaritaPortoHenríquez en una burbuja navideña en sepia, esperando mi juguete que desde hoy ponen en la Plaza del Centenario. Nada es como uno se lo imagina, a veces.











