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Afinia llega con tijera en mano a cortar la luz a los costeños

Los 50 minutos más largos del mundo los vivió una familia en Valledupar. La filial de EPM de Medellín no da compás de espera.

Por Juan Rincón Vanegas

Juan Rincón Vanegas, escritor, periodista y compositor nacido en Chimichagua, Cesar, y director de comunicaciones del Festival Vallenato.

La linda mañana del sábado 10/10/2020 trascurría con normalidad cuando de repente aparecieron al frente de nuestra vivienda varias motos y se bajó un operario de la nueva empresa de energía Afinia (filial de EPM de Medellín y cuya gerente general es la paisa Blanca Liliana Ruiz Arroyave). Enseguida, informó que iba a cortar la luz. No dio más explicaciones, sino que esa era la orden.

Se le explicó que nunca nos habíamos atrasado en el pago y que tres días después nos íbamos a poner a paz y salvo o sea pasado el puente festivo. El operario con un poco de papeles en la mano no decía nada, y solamente escuchaba las palabras explicativas que pasaban por sus oídos como si nada. Era un cortocircuito.

De un momento a otro, dijo que daba 50 minutos para el pago, según él, la mejor tabla de salvación ante el corte. Enseguida, pidió el recibo y anotó un número de celular para cuando se hiciera efectivo se le enviara la constancia a su WhatsApp. Eran las 8:40 de la mañana y el plazo para el pago llegaba hasta las 9:30. Y sentenció. “Si a esa hora no recibo nada, se regresa a cortar la energía”.

Diciendo esas palabras se fue con su comitiva uniformada, y enseguida inició la pregunta de ¿a quién se le solicitaban en calidad de préstamo los 126 mil pesos de esa deuda del servicio de energía?

Llamadas iban y nada que había luz verde. El tiempo seguía corriendo hasta que María Clara, la hija contadora, los consiguió prestados, y ella misma fue a pagar el recibo. Eran las 9:25 de la mañana.

Afinia y Air’e tendrán que mejorar sus políticas de recaudo de cartera, porque en la Costa Caribe, como decía López Michelsen, ‘el palo no está para cucharas’.

Cuando llegó le dimos gracias a Dios y a ella, porque nos habíamos salvado de ese corte de energía con tanto calor que por estos días hace en Valledupar, por mi trabajo que es en un computador y hasta por el hijo menor cuyas clases ahora son virtuales.

Ya con todo a nuestro favor, se decidió no mandar al WhatsApp del operario ninguna foto del recibo, sino esperar que llegara a cumplir su sentencia mañanera.

Nos sentamos en la terraza, pero nunca vino. Nos quedamos con la palabra en la punta de la lengua para decirle que eso no se hace con los usuarios, y menos en el estreno de esa nueva empresa.

Esos fueron los 50 minutos más largos de nuestra vida, como un parto sin fin. De otra parte, a pesar de que el recibo se pagó, la deuda quedó en otra parte, pero la luz se fue en la tarde y nadie respondió.

Todo hace pensar que ellos no llegaron “Afinados” y prestos a servir, sino que se quieren llevar al mundo vallenato entre los cables y esa no es la manera. De bienvenida se les puede regalar con mucho gusto la canción del compositor Hernando Marín: ‘La ley del embudo’. “Lo ancho pa´ ellos, y lo angosto pa’ uno”.

Esta denuncia literaria es la cronología de un atropello heredado que en este caso nació una mañana cualquiera acá en Valledupar.

Dedicado con cariño a Afinia, que llegó con la tijera afilada

 

 

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