Así lo registran numerosos trabajos periodísticos de prestigiosas cadenas y portales informativos. Hacen recuentos de las fosas comunes. De los ´falsos positivos’ y la aplastante corrupción en todos los niveles.
Por Rafael Sarmiento Coley
De acuerdo con informes muy bien documentados por medios periodísticos internacionales, Colombia ocupa uno de los últimos lugares en materia de ingresos de sus clases populares, que son casi un 80 por ciento de su población.
En uno de esos videos, que se incluyen en esta nota, se asegura que un irlandés trabaja cinco años y puede retirarse a rascarse la barriga en un destino turístico aristocrático, mientras que un trabajador colombiano, para alcanzar una suma que le permita retirarse a descansar con dignidad, requiere de 53 años de duro trabajo, de tal manera que termina en condiciones tan deplorables, que lo que le espera casi siempre es la tumba.
Niveles muy desnivelados
Otro índice despreciable es que mientras un colombiano trabajando 10 y hasta 12 horas diarias apenas alcanza a devengar un millón quinientos setenta y seis pesos al mes, en cambio un australiano, laborando 6 horas de lunes a sábado, se gana $13 millones; un dinamarqués $14 millones; en Singapur ese mismo trabajador se gana $15 millones al mes y trabaja solo de lunes a viernes; en Estados Unidos $16 ; en Catar $16; en Irlanda $17; en Islanda $18; en Noruega $19; en Suiza $20, y en Luxemburgo la pendejaita de $26 millones.
En otro informe divulgado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), Colombia ocupa el último lugar entre las 20 economías más grandes del mundo en desigualdad de ingresos.
En el mismo tema el Departamento Nacional de Estadísticas (Dane), publicado por Portafolio, reveló dos informes que confirman los elevados índices de desigualdad que se registran en Colombia.
El primero tiene que ver con la pobreza multidimensional por departamentos, en tanto que el segundo pone el foco en la percepción de los ciudadanos de su calidad de vida en las regiones del país.
También afirma el Dane que, mientras en el 2018, en el total nacional, el porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional fue 19,6%, en los departamentos las diferencias son muy altas. Por ejemplo, Guainía tiene un indicador del 65%, seguida de La Guajira con 51,4%, Chocó con 45,1%, Norte de Santander con 31,5%, y Caquetá con 28,7%. En contraste, las zonas con menores niveles de incidencia de la pobreza multidimensional fueron: Bogotá (4,4%), San Andrés (8,9%), Cundinamarca (11,5%), y Risaralda (12,5%).
Otra cifra alarmante que reveló fue en las estadísticas de calidad de vida. Para el total nacional, la satisfacción en el 2018 fue de 8,2 sobre 10, mientras que en las cabeceras fue 8,31, y de 8,12 en centros poblados y rurales dispersos.
La mayor calificación la pusieron los caldenses: 8,7. Entre tanto, en los niveles más bajos, por debajo de 8 calificaron Guainía, Chocó, Cauca, Nariño y Putumayo.
Estos datos coinciden con los mayores niveles de pobreza que, sin embargo, son distintos a la percepción que tienen los colombianos sobre este tema.
En el total nacional, el 34,8% se siente pobre, 10 departamentos tienen una percepción subjetiva de pobreza inferior a la media nacional y en el Chocó está la mayor insatisfacción, con un 76,3%.
Según el Dane, con estos resultados, los del Censo del 2018 y la identificación de brechas entre el área rural y urbana, en materia de pobreza y calidad de vida el país tiene las bases para diseñar una política social de manera más atinada.
La corrupción es un cáncer
La causa principal de esa calamidad social que vive Colombia es la corrupción que es como un cáncer que hizo metástasis, y los ‘oncólogos’ que podrían extirpar dichas células cancerígenas que han inundado todo el cuerpo de la Nación, se niegan a tomar en sus manos en el bisturí, porque sería como matar la gallinita de los huevos de oro.
Tal es el caso del Congreso de la República, que según el senador del movimiento de los Decentes, Gustavo Bolívar, son los empleados públicos más holgazanes del mundo: se ganan $32.7 millones mensuales y 4 primas al año.
Durante el año disfrutan de 3 meses de descanso remunerado. Es decir, se ganan $105.5 millones sin hacer absolutamente nada.
“He dicho que esa es una aberración frente a tanta gente pobre que no tiene ni para comprar una libra de arroz. He propuesto que nos bajemos el sueldo, o que nos paguen por sesión. Y a grito me dicen: “¡Está loco! …lo que vamos es a hacer una colecta para comprarte una camisa de fuerza y llevarte a un sanatorio”, cuenta Gustavo Bolívar, quien, aunque es cabellón y tiene cara de loco, no tiene ninguna teja corrida.
Otro tema al cual le tienen pavor los senadores y representantes a la Cámara es el de los constantes proyectos que se han presentado para aplicar normas más severas a los corruptos de todos los pelambres que hay en todos los rincones de la cosa pública y privada en Colombia.
Cuanto proyecto toca el tema, muere antes de ser siquiera repartido en comisiones. Y es que, según reconoce un congresista barranquillero de reconocida solvencia moral, “la verdad es que en el Capitolio hay mucho malandrín. Están muchos de los congresistas que se venden hasta por una bandeja de morcillas; están los cabilderos que reparten plata para que aprueben rápido un proyecto que favorece al grupo empresarial con el cual trabaja; y están los ministros, el gobierno y los jefes de los partidos políticos que gobiernan”.
El rostro de los más ricos de Colombia
Aunque poco se les menciona en los medios de comunicación (porque casi todos son de ellos y los que no les pertenecen tienen la boca llena con abundante pautas de los múltiples negocios), los hijos del difunto magnate barranquillero Julio Mario Santo Domingo, forman parte de un poderoso grupo económico que ahora compite con Olímpica, Carrefur, Viva, y Éxito, con un formato distinto de almacenes de cadena de pequeño tamaño. No son esos establecimientos comerciales de enormes superficies como los Superalmacenes Olímpica (SAO), Éxito o Fallabela.
Son cadena de tiendas de abarrotes un poco más grandes, que se han regado como la verdolaga por todas esquinas de las principales ciudades del país con nombres sin mucha pomposidad, como ‘Justo y Bueno’, ‘D1’, que con su nadadito de perro chapolo ya están haciéndole un tremendo hueco a las grandes cadenas.
Y como si fuera poco, también se metió en Colombia una multinacional de mucho más peso, experiencia y músculo financiero, la portuguesa Ara, una cadena filial de la poderosa empresa mundial ‘Jerónimo Martins’ con más de tres siglos de existencia, cuyo máximo pluma blanca actual a nivel mundial es Alexander Soares Dos Santos, quien vino a reunirse con el entonces presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón, para entrar por la puerta grande a Colombia.
Al frente del desembarco de ARA en Colombia Alexander puso a su hijo Pedro Manuel de Castro, Soares dos Santos, quien comenzó tímidamente en Pereira, poco a poco se fue extendiendo por todo el Eje Cafetero y de allí dio el salto al Valle del Cauca. Ya con 94 sucursales en esa zona, en donde fueron bien acogidas, ¡quién dijo miedo!, se le metió al rancho a los Char en Barranquilla, toda la Costa Caribe y resto del país.
Y todo ello en medio de los falsos positivos
Lo más triste y absurdo del caso de la situación económica y social de Colombia es que todos esos grandes capitales de no más de 10 grandes grupos adinerados sucede en medio de la guerra que personajes sanguinarios con claras tendencias de fascistas o neonazis, aplican métodos brutales y cavernarios para deshacerse de presuntos enemigos. Es lo más inhumano que quienes ordenan esas masacres desde sus exclusivas mansiones o casas de recreo, sean presentados por ciertos medios de comunicación abyectos como hombres santos, honestos, políticos intachables, cuando no son más que mafiosos de cuello blanco, asesinos que van a misa y pagan millonarios diezmos y, como en la triste época de los pájaros, matan a quienes les estorban, y obligan a sectores de las Fuerzas Militares a matar a inocentes a cambio de recompensas en dinero, ascensos o vacaciones. Y el objetivo miserable de toda esa parafernalia es demostrar que son el partido mesiánico que Colombia necesita para salvarse, cuando son, en esencia, los que están hundiendo al país en la miseria y la angustia.
Este viernes hubo otro crimen en las mismas condiciones en que fueron muertos con un tiro de gracia la pareja de esposos bogotanos Rodrigo Monsalve y Nathalia Jiménez, cuyos supuestos asesinos –alias ‘Pipe Vareta’, ‘Luchito’, y ‘El Negro’, ya están en manos de las autoridades, gracias a un cuarto integrante que previamente se entregó por miedo a caer en un enfrentamiento con las Fuerzas de Alta Montaña.
https://youtu.be/-Q1qn2nzKyA?t=9
El presunto asesino que se entregó primero











