El cantante panameño prefiere bajar el perfil de su amistad con el Nobel. Pero viajaban juntos, hablaban por teléfono durante horas, compartían reflexiones y lideraron procesos políticos de impacto continental.
Video por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general
Rubén Blades intentó pasar desapercibido entre el público asistente al panel «Una historia contada en imágenes: Gabo, Torrijos y Panamá», realizado en Medellín en el Festival del Premio Gabriel García Márquez. Le interesaba mucho ese panel en el que participaron Rodrigo Pardo, director de noticias de RCN, en conversación con la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide y con Jorge Eduardo Ritter, ex-canciller de Panamá. El tema era de sus entrañas, de su patria, y quienes conversaban en el escenario conocieron de primera mano la historia, tanto del Nobel colombiano como del dictador panameño, General Omar Torrijos, quien dicho sea de paso, recuperó el Canal para Panamá y murió en extrañas circunstancias al explotar el helicóptero en el cual viajaba.
Se sentó en primera fila antes de que se llenara el salón. Estaba vestido de negro y ataviado con un sombrero de bombín, como si fuera una sombra oscura, inadvertida. Imposible. En cuanto los periodistas notaron su presencia se abalanzaron a hacerle preguntas. Roberto Pombo, director del diario El Tiempo, estaba a su derecha; y del otro lado, Alonso Salazar, ex Alcalde de Medellín. Ambos resultaron casi pisoteados por la avalancha de cámaras y micrófonos.
Una de las preguntas que le hicieron fue sobre su amistad con Gabo. Él prefirió calificarla como normal, aunque a todas luces es conocida por la entrañable cercanía que se tenían. Por diferencia de edades, obviamente Torrijos y Gabo sí eran entrañables amigos, tanto así que él mismo relata cómo hacían cosas de niños cuando se juntaban. Como correr sin rumbo fijo bajo la lluvia y luego rodar en el barro como dos astronautas en el ciberespacio, claro, en medio de una tremenda juma. A continuación las principales respuestas del cantante al que Gabo consideraba como todo un cronista. Disculpen ustedes, amigos chachareros, las calidades técnicas del audiovisual que suponen intentar oír al sonero en medio de la multitud.












